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martes, 18 de octubre de 2011

Once millones de héroes.

La Habana, Cuba, octubre de 2011
Joisy García Martínez.

He recibido a mi hijo hoy en la tarde con esa enorme y bella sonrisa que por lo general lo caracteriza, desbordaba una especie de ingenuidad ligada a entusiasmo impúber. Regularmente hacemos en algún momento de la tarde-noche un recuento de lo hecho y por hacer para el resto del día. Hoy me habla de una tarea que les orientaron en la escuela a todos los niños de su aula, se trata de un concurso obligatorio llamado “Por el deber y la justicia” en el cual será tratado de diferentes formas, o manifestaciones artísticas, el tema de los cinco espías cubanos miembros de la red “avispa”, encarcelados en los Estados Unidos.

Comprendo rápidamente lo que están tratando de hacerle, adoctrinamiento o indoctrinación, que no es más que el conjunto de medidas y practicas educativas y de propaganda usadas por las élites sociales dominantes como medio para el control social, no de forma explícita ni necesariamente coactivo, pero si influyente, influjos en los más pequeños de nuestra sociedad, ejercicio que no solamente nos perjudicará a corto y mediano alcance sino, que restringirá el pensamiento libre, sobre el tipo de democracia que a largo plazo podríamos desear para nuestro país.

Noam Chomsky en El conocimiento del lenguaje, su naturaleza, origen y uso, Alianza Editorial, reflexiona sobre cómo es posible que las personas sepan tan poco acerca de la estructura y funcionamiento de su sociedad y el papel de ciertas instituciones gubernamentales, existiendo pruebas palpables de en qué consiste su papel y funcionamiento. El escritor denomina a este problema  el “problema de Orwell” y lo define como: “la capacidad de los sistemas totalitarios para inculcar creencias que son firmemente sostenidas y muy difundidas, aunque carecen por completo de fundamento y a menudo contrarían francamente los hechos obvios del mundo circundante”.

Es totalmente comprobable que el pensamiento único es aplicado en los gobiernos con tendencias totalitarias y que el estado de bienestar, según el cual el Estado debería proveer ciertos servicios o garantías sociales son ampliamente inclinados en la balanza nacional hacia una izquierda empotrada en el poder por más de medio siglo de des-revolución, que sede muy poco a las exigencias de los nuevos tiempos, la despolitización en la educación cubana ya no es un tema de repisa, sino una urgencia para la salud pública nacional.

La pregunta, es obligatoria, ¿que habría hecho el gobierno cubano si descubre una red de espionaje en Cuba? ó ¿alguien cree conveniente para la salud de los niños, hablarles de política y militarismo? con estas dos sencillas preguntas termino este análisis y de paso asevero, que en Cuba no hay solamente 5 héroes, sino, más de once millones.

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