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martes, 15 de marzo de 2011

ENTREVISTA a Yoani Sánchez

marzo 7, 2011 – 10:17 am |
1-EMILIO ICHIKAWA: Ante todo una felicitación por los premios recibidos. Varios muestran un reconocimiento académico de tu trabajo. Es el caso de la distinción otorgada por la Universidad Pública de Navarra. Por esta razón quería preguntarte por tu formación como Filóloga; por ejemplo, qué profesores reconocerías como tus mayores influencias, disciplinas o asignaturas por las que sentiste mayor inclinación cuando estudiabas.
YOANI SÁNCHEZ: Nacida en un ambiente casi ágrafo, donde el papel más recurrente era el de los cartuchos con que se empaquetaba el azúcar y el arroz que llegaba por el racionamiento, es un milagro que me haya decantado por la literatura. Recuerdo los gritos de mi madre cuando tardaba en sentarme a la mesa, porque estaba terminando un capítulo de Zola, Balzac o Dostoievski. La naturaleza humana tiende a la rebeldía y fue precisamente esa incomprensión, lo que me hizo creer que en aquellas páginas escritas yo podía crear mi propio mundo, un universo en el que la marginalidad que me rodeaba no interfiriera demasiado. De ahí que las advertencias de “niña te vas a quedar ciega de tanto leer” o “en lugar de estar con el librito deberías ponerte a fregar…” lograron en mí el efecto contrario. Acumular lectura se convirtió en mi propia forma de desobedecer, un estilo muy particular de crearme una burbuja, de paredes frágiles –lo reconozco- pero al menos una porción sin los gritos del solar, las broncas de allá afuera, el matonismo de mi escuela primaria y la pobreza de mi Cayo Hueso deslucido. Leer fue la manera que encontré de sobrevivir.
Cuando llegué a la Facultad de Artes y Letras, estaba rodeada de una aureola de glorias pasadas, pero poco quedaba ya de aquel hechizo. Tuve buenos y malos profesores. Recuerdo con especial agradecimiento a Margarita Mateo quien me hizo descubrir la literatura latinoamericana y especialmente la cubana. Hasta ese momento yo era como una libélula encerrada entre libros clásicos, con pocas horas de vuelo en lecturas contemporáneas y a punto de quemarme en la luminosidad del siglo dieciocho. Ella fue también la tutora de mi tesis de graduación, que bajo el título “Palabras bajo presión: La literatura de la dictadura en Latinoamérica” por poco me cuesta el diploma. Sé que por las complicaciones derivadas de ese atrevimiento la propia Maggie –como le decíamos cariñosamente- se vio compulsada a abandonar la facultad donde llevaba años trabajando, de manera que le guardo un gran respeto profesional y una profunda admiración por su entereza personal.  Entre lo que no quisiera recordar está la actuación de Ana Cairo, quien fungió como oponente del tribunal que me evaluó. Entre las atrocidades académicas que cometió aquella tarde de mi exposición, estuvo la de poner en duda parte de la bibliografía que yo había presentado, por haber sido compilada en páginas webs. Era el año 2000 y por primera vez la Facultad de Artes y Letras era confrontada al hecho de que el conocimiento lingüístico y literario no sólo está almacenado en gruesos volúmenes de una biblioteca. Empezaban, tímidamente las referencias a estudios y análisis publicados en Internet. Recuerdo que Ana Cairo se opuso a que yo incluyera URLs en la bibliografía de mi tesis y para confirmar cuán poco confiable eran aquellas cadenas de letras terminadas en .com, dijo una frase que aún me provoca carcajadas “No podemos aceptar bibliografía de la web, porque qué ocurriría si algún día le ponen una bomba a Internet ¿Eh? ¿Cómo vamos entonces a comprobar que esto es verdad?”
Allí confirmé el abismo que me separaba de las togas y los gruesos cristales que querían entender la literatura como algo sagrado. Ya me había construido mi primera computadora, llevaba años entrenándome en el código html y las cadenas binarias, leía en una pantalla con la misma fluidez que lo había hecho en las páginas de un libro, en fin, estaba irremediablemente contaminada por la informática. Ana Cairo, no podía entenderlo y su agrio comentario se convirtió para mí en otro apotegma contra el que debería rebelarme. Se lo agradezco sobremanera, pues mi blog es precisamente el punto de confluencia entre la filología y los circuitos, es la prueba de cuán lejos llevé esa insubordinación.
Confieso también que nunca se me dieron bien las especialidades lingüísticas, la fonética, la fonología y la sintaxis las sobrellevé a pesar de mis gustos. Las clases de la Cortiña me parecían como aritmética aplicada a algo que yo prefería imaginar más intuitivo y personal. Disfruté mucho el latín con Amaury Carbonell y las conferencias sobre la novísima literatura cubana impartidas por Redonet, pero reconozco también que me tocó una etapa bien deslucida de la Facultad de Artes y Letras, un momento en que el ardor que salía de nuestros estómagos –tanto de alumnos como de profesores- era difícil de controlar en medio de las clases de Historia del Arte y de Semántica. Yo era madre ya cuando me senté por primera vez en uno de los pupitres de Zapata y G, por lo que tenía muchas obligaciones. Junto a mi esposo impartía clases de español y paseos por la ciudad a turistas, para poder mantenernos económicamente. Tenía que hacer una y mil maromas para llevar la escuela junto a esa profesión ilegal y encima de eso la maternidad, pero sin ese trabajo alternativo nunca hubiera logrado graduarme. Mis padres –ponchero de bicicletas e inspectora de taxis- no podían mantenerme durante esos cinco años de improductividad. De manera que fue un sacrificio enorme mostrar el primer diploma universitario en una casa donde nadie había visto uno de cerca. La satisfacción se convirtió rápidamente en frustración cuando comprobé que me había graduado como especialista del lenguaje y la palabra, pero me estaba prohibido unir frases libremente.
Imagino que igual frustración embargó al resto de mis colegas de año, pues la gran mayoría de ellos vive hoy fuera de Cuba.
2-EMILIO ICHIKAWA: He podido percibir que posteas menos en tu Blog; a menor ritmo; mientras usas con más constancia Twitter. Como texto, ya el post te obligaba a la brevedad y la velocidad. El twitt es aún más breve y más veloz. Casi un haiku (sin métrica). ¿Has pensado sobre este cambio en la escritura? ¿Se trata solo de una variación de técnica para un objetivo o hay también una idea estética en el desplazamiento?
YOANI SÁNCHEZ: La frecuencia de publicación en el blog oscila según mis posibilidades de conexión a Internet. La semana pasada por ejemplo estuve posteando cada día, porque la necesidad de expresarme era tan fuerte que hice hasta lo imposible por enviar esos textos. No obstante, reconozco que estoy subyugada por Twitter. No se trata solamente del reto de la brevedad, sino del hecho tecnológico de que desde mi móvil y por sms puedo enviar información a un número de servicio de esa red social y sale publicado ipso facto en mi cuenta. Esa posibilidad está a la mano de cualquier persona en el planeta, aunque sólo la utilizamos aquellos que no podemos navegar frecuentemente por la web. Entonces, mientras desde el pequeño artilugio que es mi celular puedo emitir esos mensajes en 140 caracteres, mi blog depende de que yo pueda colarme por una rendija al ciberespacio. El ecosistema de la blogósfera que antes disfrutaba se ha visto enriquecido sin dudas por el microbloggin, mientras he dejado para mi diario virtual las crónicas, viñetas e historias que necesitan ser desarrolladas con mayor extensión. Twitter es la posibilidad del SOS, de la inmediatez que me salva la vida, o al menos evita que esos dos forzudos que me han metido a la fuerza en un auto me retengan por demasiado tiempo.
3-EMILIO ICHIKAWA: Además de cualidades éticas concedidas a tu escritura, como es la  valentía, percibo además cierta ansiedad o “frustración” en las historias contadas. La necesidad de que esas narrativas cotidianas tengan un “final feliz”, o al menos diferente, te ha llevado a los límites de lo político. Pero igual… ¿no podrían llevarte a saldar esa irrealización en la ficción literaria; es decir, en géneros de expresión como la novela o el cuento o la poesía misma?
YOANI SÁNCHEZ: La postmodernidad y sus mezclas han hecho que aparezcan escrituras como la mía, a medio camino entre el periodismo, la crónica, el grito y el exorcismo personal. El ejercicio de escribir cada día –o al menos varias veces a la semana- y someter eso al corrosivo escrutinio de los internautas, es algo que no ha dejado indemne mi manera de narrar. Exploro también otras regiones ajenas al periodismo, me encanta programar en html, desarrollo con fluidez una página en PHP y puedo pasar de redactar un texto técnico a otro de ficción con igual placer. Desde hace más de tres años vengo ejercitándome como columnista en varios medios extranjeros, incluso hace más de un mes tengo un espacio de opinión quincenal en El País. El redactar para un público que no es el nacional, me ha ayudado a ampliar horizontes, a buscar los componentes afines entre un lector que se lee La Stampa italiana, otro que es asiduo del diario O Globo en Brasil y esta blogger volcada en su realidad insular.
Esa rara mezcolanza de informática y lingüista me ha llevado a terminar justo por estos días un manual técnico. Antes de que concluya marzo se publica en Madrid un libro mío con la editorial Anaya bajo el título “Un blog para hablar al mundo, gestión y desarrollo en WordPress”. Estoy terminando también algo que está entre la biografía generacional y la biografía nacional. Un libro desde la mirada de una pionerita repetidora de consignas que se convirtió en una ciudadana escéptica y difícil de convencer. Necesitaría días de 72 horas para llevar a término todas las ideas que tengo, pero por ahora no quiero que en aras de narrar la realidad me pierda el gusto de vivirla. Tampoco pretendo hacer alardes con el idioma, ya jugueteé con él en mis años de estudiante y sé de las trampas que encierran los latinazgos y la petulancia verbal. Trato de escribir de manera que llegue a todos pero con el cuidado que el gramático interior me exige en cada frase. Soy como esos diseñadores gráficos que un día se deciden a tomar un pincel y comprueban que ya su mano no se puede permitir un brochazo no estudiado. Un filólogo es alguien atrapado y determinado por las palabras y su escritura nunca será realmente espontánea. Por eso, ante la continua observación –discutible- de que escribo “bien” siempre respondo con una corta frase “lo siento, no puedo evitarlo, es una enfermedad profesional”.
4-EMILIO ICHIKAWA: Los personajes o personas de los que das cuenta en tus escritos, a pesar de vivir en una suerte de ilógica, se perciben como muy humanos, hacedores de su propia vida y por momentos felices. ¿No chocarían ellos con la propuesta indirecta de utopías sacrificiales como la inanición, el sacrificio por la patria, la rebelión moral y otras salidas que también rondan tus textos?
YOANI SÁNCHEZ: Esta realidad contradictoria en que vivimos, esta cotidianidad que se niega a sí misma una y otra vez, marca sin dudas mis desencantadas viñetas. Reniego de los discursos y de las frases de sacrificio y patrioterismo que éstos contienen, pero también sé que hay muchas personas a mi alrededor que todavía laten con ellos. He tratado de escapar en Generación Y del panfleto político, de la denuncia llana cuya estructura es siempre la misma, hasta el cansancio. Sin embargo, cuando se está de ida y de vuelta como yo de las utopías, hay que aferrarse a algo y en mi caso me aguanto -como a un “clavo caliente”- al ciudadano, ese ente paradójico que valida o derroca el kitsch del poder.
Estimado Emilio, recuerdo que una vez tú y yo compartimos un programa radial y aquella tarde te escuché escéptico pues sustentabas tus palabras en la indiferencia que ronda a los más jóvenes en Cuba. Tu charla era objetiva y pretendía aminorar el entusiasmo de los presentadores de aquella emisora que alimentaban la idea de que en breve los adolescentes destronarían –a ritmo de hip hop y desde las teclas de sus celulares- a las autoridades cubanas. Evoco con admiración tu intervención, pues es muy valiente ser el “cubo de agua fría” cuando todos alrededor se muestran rebosantes de triunfalismo. Pero también recuerdo que te contesté algo que me gustaría repetirte en esta pregunta: Yo los prefiero apáticos que fanáticos, dispuestos a morir en una huelga de hambre que preparados para rajarle la cabeza a un vecino que piensa diferente; los prefiero haciendo el signo de libertad con sus dedos pulgar e índice que gritando ¡Paredón! en una plaza. En fin, prefiero vivir –parafraseando al viejo Whitman- dentro de un cosmos contradictorio que contenga multitudes que en un pelotón adoctrinado. Porque de la apatía, del lugar común y de la inanición se puede salir, despertar, cambiar de idea, pero del fanatismo ideológico es muy difícil escapar, al menos mientras existan esos que lo alimentan.
Esos jóvenes que hoy tienen entre 15 y 30 años, despertarán, porque su indiferencia es apenas la coraza de protección, la máscara de la sobrevivencia. El escepticismo no tiene por qué convertírsenos en cinismo permanente.
5-EMILIO ICHIKAWA: Por último, quería felicitarte además por esa sección del “invitado al blog de Yoani” que tienes en “The Huffington Post”, donde avalas a colegas y amigos. Es una muestra de prestigio intelectual; es decir, ya no solo recibes reconocimientos, sino que lo otorgas. ¿Cómo seleccionas a los autores y textos que propones desde tu sitio?
Mi presencia en el Huffington Post es la evidencia también de la solidaridad ciudadana. Cuando recibí la propuesta de colaborar con este prestigioso espacio virtual, estaba segura de no poder cumplir con las expectativas que los editores tenían, debido a mi poco tiempo de conectividad a la web. Se trataba de comenzar a dedicarle algunos minutos de conexión a colgar mis textos en otro espacio además de Generación Y, eso complicaba mucho las cosas. Le recuerdo a los lectores que una hora de acceso al ciberespacio cuesta en hotel entre 7 y 12 USD. Sin embargo, ya para ese entonces contaba con la inestimable ayuda de María Porter quien ha traducido de manera voluntaria y sin esperar nada a cambio, mis textos durante más de tres años. María decidió ayudarme con el Huff y es ella quien se ocupa de colocar mis posts allí. Juntas creamos la sección del “invitado al blog de Yoani” y entre las dos decidimos qué artículos y autores poner. También escuchamos opiniones de gente que nos remite algún tema para que le ayudemos a darle visibilidad y en teoría cualquier texto que aborde la temática cubana puede ser incluido, respetando claro está mi máxima de “no a la violencia verbal” y “no al ataque personal”.
Una de las premisas fundamentales de mi vida es el trabajo en equipo, aprecio sobremanera la estructura horizontal en la que se delegan responsabilidades y se labora en conjunto. Mi blog y mi presencia en el Huff son la prueba de ello. Sin esas decenas de personas que me ayudan a publicar, moderar los comentarios, limpiar mi buzón de email, traducir mis escritos a más de veinte lenguas y transcribir mis textos cuando tengo que dictarlos por teléfono a falta de un acceso a la web, nada sería posible. Esa estructura donde todos participan y son autónomos –tan contraria a la verticalidad del poder que me impusieron desde niña- pienso aplicarla también en mis proyectos futuros. Será la clave, por ejemplo, para el semanario o periódico que estamos pensando lanzar en los próximos meses.
Me gusta trabajar con electrones libres, con gente que se aglutina alrededor de un interés común pero manteniendo su personalidad, sus diferencias y objeciones. Me encanta que me refuten, me resulta profundamente excitante que me contradigan.

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