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lunes, 12 de enero de 2015

¿Es un Peligro una Mayor productividad?

Ya es bastante malo que los opositores al libre mercado echen la culpa erróneamente al capitalismo de la contaminación medioambiental, las depresiones y las guerras. Sean cuales sean los defectos de sus teorías causales, al menos se centran en cosas indudablemente malas. Sin embargo, lo que es inaceptable es que se eche la culpa de algo bueno al mercado. 

Tim Jackson, profesor de desarrollo sostenible en la Universidad de Surrey hace justamente eso en su artículo "Let's Be Less Productive", que apareció en el New York Times del 26 de mayo de 2012. 

Jackson sugiere que la productividad puede haber alcanzado sus "límites naturales". Por productividad quiere decir "la cantidad de producción generada por hora de trabajo en la economía"—Reconoce que al hacerse más eficiente el trabajo se han producido beneficios sustanciales: "nuestra capacidad de generar más producción con menos personas ha sacado nuestras vidas de un trabajo penoso y nos ha dado una cornucopia de riqueza material. 

A pesar de estos beneficios, hay peligro a la vista: 

La productividad en constante aumento significa que si nuestras economías no continúan expandiéndose, nos arriesgamos a dejar a la gente sin trabajo. Si pueden hacerlo más cada año que pasa con cada hora de trabajo, entonces o la producción ha de aumentar o si no hay menos trabajo que realizar. Nos guste o no, nos encontramos enganchados al crecimiento. 

Si la crisis financiera, los altos precios de recursos como el petróleo o el daño al medio ambiente hacen insostenible el crecimiento continúo, nos arriesgamos al desempleo. "Aumentar la productividad amenaza al pleno empleo". 

¿Qué hay que hacer entonces? Jackson tiene una ingeniosa solución. Deberíamos concentrarnos en trabajos en áreas de baja productividad. "Ciertos tipos de tareas se basan propiamente en la asignación del tiempo y la atención de la gente. Las profesiones sociales son un buen ejemplo: medicina, trabajo social, educación. Expandir nuestras economías en estas direcciones tiene todo tipo de ventajas". Un cínico podría preguntarse si es solo una coincidencia que el propio Jackson esté empleado en una de estas profesiones. 

Jackson tiene en mente otras reformas aparte del mayor énfasis en las "profesiones sociales". (Por cierto, que uno se pregunta si por este nombre Jackson intenta sugerir que los dedicados a ocupaciones de alta productividad no se preocupan por la sociedad. Como mínimo, sería una sugerencia bastante audaz). También deberíamos dedicar más recursos a los bienes artesanos que requieren bastante tiempo hacerlos y también al "sector cultural". 

El programa de Jackson plantea una pregunta: ¿cómo pueden realizarse estos cambios? Tiene una respuesta preparada. Por supuesto, una transición a una economía de baja productividad no se producirá por pensamiento ilusorio. "Requiere una atención cuidadosa para incentivar estructuras: por ejemplo, menores impuestos al trabajo y mayores impuestos al consumo de recursos y la contaminación". 

Jackson tiene sin duda razón en que si el trabajo se hace más eficiente, los trabajadores deben encontrar otros usos para el tiempo que ahora tienen disponible. ¿Pero por qué es esto un problema? Los seres humanos tienen deseos ilimitados y siempre hay nuevos usos para el trabajo humano.

Como apunta Murray Rothbard: 

El trabajo tiene que "ahorrarse" porque es primordialmente un bien escaso y porque los deseos del hombre de bienes intercambiables están lejos de ser satisfechos. (…) Cuanto más trabajo se "ahorre", mejor, pues así el trabajo está usando más y mejores bienes de capital para satisfacer más deseos en una cantidad menor de tiempo. (…) Una mejora tecnológica en un sector tenderá a aumentar el empleo en ese sector si la demanda de ese producto es elástica a la baja, de forma que una mayor oferta de bienes induzca a un mayor gasto de consumo. Por otro lado, una innovación en un sector con demanda inelástica a la baja hará que los consumidores gasten menos en los productos más abundantes, contrayendo el empleo en ese sector. En resumen, el proceso de innovación tecnológica traslado el trabajo de los sectores de demanda inelástica a los sectores de demanda elástica.

Las crisis financieras pueden interrumpir el crecimiento, pero dado el carácter ilimitado de los deseos humanos, no pueden suplantarlo. Jackson nos ha ofrecido un remedio, pero no ha demostrado que exista una enfermedad que requiera su remedio.

Sobre el autor: David Gordon analiza y critica libros nuevos sobre economía, política, filosofía, y leyes para The Mises Review, la crítica trimestral de literatura de ciencias sociales, que se publica desde 1995 por el Mises Institute. Es autor de The Essential Rothbard. Este Mises Daily fue originalmente publicado el 6 de Junio, 2012. 

sábado, 10 de enero de 2015

La Posición Peculiar y Única de la Economía Ludwig von Mises.

La Singularidad de la Economía.

Lo que atribuye a la economía su posición peculiar y única en la órbita tanto del conocimiento puro como de la utilización práctica del conocimiento es el hecho de que sus teorías concretas no están abiertas a cualquier verificación o falsación sobre la base de la experiencia. Por supuesto, una medida sugerida por un razonamiento económico sensato genera los efectos buscados y una medida sugerida por un razonamiento económico defectuoso no consigue producir los fines pretendidos. Pero esa experiencia sigue siendo siempre una experiencia histórica, es decir, la experiencia de fenómenos complejos. 

Como se ha apuntado, nunca puede probar o refutar ninguna teoría concreta. La aplicación de teorías económicas espurias genera consecuencias no deseadas. Pero estos efectos nunca tienen el indiscutible poder de convicción que proporcionan los hechos experimentales en el campo de las ciencias naturales. La vara de medir definitiva de la corrección de una teoría económica es solamente la razón sin auxilio de la experiencia. 

El ominoso significado de este estado de cosas es que impide que una mente ingenua reconozca la realidad de las cosas de las que se ocupa la economía. "Real" es, a los ojos del hombre, todo lo que no puede alterar y cuya existencia debe ajustar sus acciones si quiere alcanzar sus fines. El conocimiento de la realidad es una experiencia triste. Enseña los límites de la satisfacción de los deseos propios. Solo reticentemente se resigna un hombre a la idea de que hay cosas, como todo el complejo de relaciones causales entre acontecimiento, que no puede alterar el pensamiento ilusorio. Aún así, la experiencia sensorial habla un lenguaje fácilmente perceptible. No tiene sentido discutir sobre experimentos. No puede discutirse la realidad de hechos establecidos experimentalmente. 

Pero en el campo del conocimiento praxeológico, ni el éxito ni el fracaso hablan un lenguaje distintivo audible para todos. La experiencia derivada exclusivamente de los fenómenos complejos no impide escaparse a interpretaciones basadas en pensamiento ilusorio. La ingenua propensión del hombre a atribuir omnipotencia a sus pensamientos, por muy confundidos y contradictorios que sean, nunca se falsa manifiestamente y sin ambigüedades por la experiencia. El economista nunca puede rebatir las rarezas y palabrería en economía de la forma en que un doctor rebate al curandero y el charlatán. La historia solo habla de aquella gente que sabe cómo interpretarla basándose en teorías correctas. 

Economía y Opinión Pública. 

La significación de esta diferencia epistemológica fundamental queda clara si nos damos cuenta de que la utilización práctica de las enseñanzas de la economía presupone su aceptación por la opinión pública. En la economía de mercado, la puesta en marcha de innovaciones tecnológicas no requiere nada más que el conocimiento de su razonabilidad por uno o unos pocos espíritus ilustrados. Ninguna estupidez ni torpeza por parte de las masas puede detener a los pioneros de las mejoras. Para ellos no hay necesidad de conseguir la aprobación previa de la gente inerte. Son libres de dedicarse a sus proyectos, incluso si todos los demás se ríen de ellos. Posteriormente, cuando los productos nuevos, mejores y más baratos aparezcan en el mercado, los burlones se pelearán por ellos. Por muy estúpido que sea un hombre, sabe cómo explicar la diferencia entre un zapato más barato y otro más caro y cómo apreciar la utilidad de los nuevos productos. 

Pero es distinto en el campo de la organización social y las políticas económicas. Aquí las mejores teorías son inútiles si no están respaldadas por la opinión pública. No pueden funcionar si no son aceptadas por una mayoría del pueblo. Cualquiera que pueda ser el sistema de gobierno, no puede haber ninguna posibilidad de gobernar una nación de forma duradera siguiendo doctrinas en contra de la opinión pública. Al final, prevalece la filosofía de la mayoría. A largo plazo no puede existir un sistema de gobierno impopular. La diferencia entre la democracia y el despotismo no afecta al resultado final. Se refiere solo al método por el que se consigue el ajuste del sistema de gobierno a la ideología que mantiene la opinión pública. Los autócratas impopulares solo pueden ser derrocados por levantamientos revolucionarios, mientras que los gobernantes democráticos impopulares son expulsados pacíficamente en las siguientes elecciones. 

La supremacía de la opinión pública no determina solo el papel singular que ocupa la economía en el complejo de pensamiento y conocimiento. Determina todo el proceso de la historia humana. 

Las habituales discusiones respecto del papel que desempeña el individuo en la historia yerran el blanco. Todo lo que se piensa, hace y consigue es resultado de individuos. Las nuevas ideas e innovaciones son siempre un logro de hombres no comunes. Pero estos grandes hombres no pueden tener éxito en ajustar las condiciones sociales a sus planes si no convencen a la opinión pública. 

El florecimiento de la sociedad humana depende de dos factores: el poder intelectual de hombres extraordinarios para concebir teorías sociales y económicas sensatas y la capacidad de éstos y otros hombres para hacer estas ideologías comprensibles para la mayoría.

Sobre el autor:
Ludwig von Mises es reconocido como el líder de la Escuela Austriaca de pensamiento económico, prodigioso autor de teorías económicas y un escritor prolífico. Los escritos y lecciones de Mises abarcan teoría económica, historia, epistemología, gobierno y filosofía política. Sus contribuciones a la teoría económica incluyen importantes aclaraciones a la teoría cuantitativa del dinero, la teoría del ciclo económico, la integración de la teoría monetaria con la teoría económica general y la demostración de que el socialismo debe fracasar porque no puede resolver el problema del cálculo económico. Mises fue el primer estudioso en reconocer que la economía es parte de una ciencia superior sobre la acción humana, ciencia a la que llamó "praxeología". Este artículo es un fragmento de La Acción Humana (1949), capítulo 37