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lunes, 1 de abril de 2019

Entrevista Alejandro Chafuen

miércoles, 4 de enero de 2017

Fw: Recuperacion de la Economia Mises Cuba



On Tuesday, November 15, 2016 9:58 AM, Al Gutierrez <gutierrezal753@gmail.com> wrote:


En una entrevista con Fidel castro el mismo admitio que el sistema en Cuba es un fracaso a lo economico La unica cosa que se puede establecerse es la economia de libre mercado con ningun control gubernamental. A los cuentapropistas se les cobra una cantidad exorbitante de impuestos. Eliminando esos impuestos trairia nueva inversion y habria oportunidades de trabajo para el pueblo. El gobierno no debe estar inmiscuido en la economia  Vemos ejemplos como Hong Kong, Singapur, Korea Del Sur, Taiwan y otros. Yo se que dentro de las filas habra Cubanos que saben muy bien que el sistema tiene que cambiar, asi todo que lo desee decirlo. Desde aqui yo deseo lo mejor para Cuba. Soy Cubano ahora y para siempre. Nadie me quitara mi Cubania Eswtoy de acuerdo con las relaciones diplomaticas entre EEUU y Cuba Ya deben saber que se desea una conversacion con el pueblo Cubano. Los Cubanos dentro y fuera de Cuba, SOMOS UN SOLO PUEBLO!!! Ya las consignas no sirven para nada. Son irelevantes. Los tiempos han cambiado. No masw consignas que cuando se repiten son como un disco rallado
























miércoles, 12 de octubre de 2016

[Entrada compartida] Yo,Juan Carlos,Rey de España (Documental inédito censurado en España)

Instituto Mises Cuba publicó:"Sugerido para los que buscan en Cuba una transición real de la ley a la ley."

https://www.facebook.com/misescuba/videos/1163193243756056/

[Entrada compartida] "La relevancia de la empresarialidad: una aproximación desde la Teoría de Sistemas" María Blanco 

Instituto Mises Cuba publicó:"https://youtu.be/YnVP403K69w "La relevancia de la empresarialidad: una aproximación desde la Teoría de Sistemas" María Blanco Universidad San Pablo CEU"

[Entrada compartida] La esperanza de un anarcocapitalista para una Cuba libre/ Fergus Hodgson

Instituto Mises Cuba publicó:"Entrevista: Ray Luna Rodríguez busca unidad y valores liberales October 9, 2016 by Fergus Hodgson  Ray Luna Rodríguez in exile in Mexico. Ray Luna Rodríguez es profesor, bloguero y asesor en Mises Cuba. Vive exiliado en México con su esposa y su "

[Entrada compartida] Nobel de La Paz/ David Muñoz Lagarejos

Instituto Mises Cuba publicó:"Por David Muñoz Lagarejos El Nobel de la Paz 2016 ya tiene dueño: el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. El Acuerdo de La Habana, rechazado por el pueblo colombiano en el plebiscito del 2 de octubre, ha conseguido que el Comité del Nobel terminara"

lunes, 12 de enero de 2015

La Economía de Hitler.

Para la generación actual, Hitler es el hombre más odiado de la historia y su régimen, el arquetipo de la maldad política. Esta opinión no se extiende sin embargo a sus políticas económicas. Muy al contrario. Son adoptadas por gobiernos de todo el mundo. Por ejemplo, el Glenview State Bank de Chicago alababa recientemente la economía de Hotler en su boletín mensual. Al hacerlo, el banco descubría los riesgos de alabar las políticas keynesianas en un contexto erróneo. 

El número del boletín (julio de 2003) no está en línea, pero el contenido puede adivinarse a través de la carta de protesta de la Liga Anti-Difamación (ADL, por sus siglas en inglés). "Independientemente de los argumentos económicos", decía la carta, "las políticas económicas de Hitler no pueden separarse de sus grandes políticas de virulento antisemitismo, racismo y genocidio. (…) Analizar sus acciones a través de cualquier otra lente supone desviar gravemente la atención". 

Lo mismo podría decirse de todas las formas de planificación centralizada. Es erróneo examinar las políticas económicas de cualquier estado Leviatán sin considerar la violencia política que caracteriza a toda planificación 
centralizada, ya sea en Alemania, la Unión Soviética o Estados Unidos. La controversia resalta la forma en que sigue sin entenderse la conexión entre violencia y planificación centralizada, ni siquiera por la ADL. La tendencia de los economistas a admirar el programa económico de Hitler es un buen ejemplo. 

En la década de 1930, Hitler se consideraba en general solo como otro planificador centralizado proteccionista que reconocía el supuesto fracaso del libre mercado y la necesidad de un desarrollo económico guiado nacionalmente. La economista socialista proto-keynesiana Joan Robinson escribió que "Hitler encontró un remedio frente al desempleo antes de que Keynes acabara explicándolo". 

¿Cuáles eran esas políticas económicas? Suspendió el patrón oro, inició enormes programas de obras públicas como las autopistas, protegió a la industria frente a la competencia extranjera, expandió el crédito, instituyó programas de empleo, acosó al sector privado en decisiones sobre precios y producción, expandió ampliamente el ejército, aplicó controles de capital, instituyó la planificación familiar, penalizó el tabaco, introdujo la atención sanitaria nacional y el seguro de desempleo, impuso estándares educativos y acabó teniendo enormes déficits. El programa intervencionista nazi fue esencial para el rechazo del régimen de la economía de mercado y su adopción del socialismo en un país. 

Esos programas siguen siendo hoy ampliamente alabados, a pesar de sus fracasos. Son característicos de toda democracia "capitalista". El propio Keynes admiraba el programa económico nazi, escribiendo para el prólogo de la edición alemana de la Teoría general: "la teoría de la producción en su conjunto, que es lo que el siguiente libro pretende ofrecer, es mucho más fácil de adaptarse a las condiciones de un estado totalitario, que la teoría de la producción y distribución de una producción dada bajo condiciones de libre competencia y de laissez faire". 

El comentario de Keynes, que puede sorprender a muchos, no era inesperado. Los economistas de Hitler rechazaban el laissez faire y admiraban a Keynes, incluso precediéndole en muchas maneras. De forma similar, los keynesianos admiraban a Hitler (ver George Garvy, "Keynes and the Economic Activists of Pre-Hitler Germany", The Journal of Political Economy, Volumen 83, Número 2, Abril de 1975, pp. 391-405). 

Todavía en 1962, en un informe escrito para el Presidente Kennedy, Paul Samuelson alababa a Hitler: "La historia nos recuerda que incluso en los peores días de la gran depresión nunca hubo escasez de expertos que advirtieran contra todas las acciones públicas curativas. (…) Si hubiera prevalecido aquí este consejo, como lo hizo en la Alemania anterior a Hitler, la existencia de nuestra forma de gobierno podría haber estado en peligro. Ningún gobierno moderno cometerá de nuevo ese error". 

Hasta cierto punto, no es sorprendente. Hitler instituyó un New Deal para Alemania, distinto del de FDR y el de Mussolini solo en los detalles. Y funcionó solo sobre el papel en el sentido de las cifras del PIB de la época reflejan un crecimiento. El desempleo se mantuvo bajo porque Hitler, aunque intervino en los mercados laborales, nunca intentó llevar los salarios por encima de su nivel en el mercado. Pero por debajo de todo, estaban teniendo lugar graves distorsiones, igual que ocurren en cualquier economía que no sea de mercado. Pueden potenciar el PIB a corto plazo (ved cómo el gasto público aumentó el tasa de crecimiento de EEUU en el segundo trimestre de 2003 del 0,7% al 2,4%), pero no funcionan a largo plazo. 

"Escribir sobre Hitler sin el contexto de los millones de inocentes brutalmente asesinados y las decenas de millones de muertos luchando contra él es un insulto a la memoria de todos", escribía la ADL en protesta por el análisis publicado por el Glenview State Bank. De verdad que lo es. 

Pero ser paladín de las implicaciones morales de las políticas económicas es moneda cambio en la profesión. Cuando los economistas piden estimular la "demanda agregada", no explica qué significa esto realmente. Significa eliminar por la fuerza las decisiones voluntarias de consumidores y ahorradores, violando sus derechos de propiedad y su libertad de asociación para alcanzar las ambiciones económicas del gobierno nacional. Incluso si esos programas funcionaran en algún sentido económico, deberían rechazarse basándose en que son incompatibles con la libertad. 

Lo mismo pasa con el proteccionismo. La principal ambición del programa económico de Hitler era expandir las fronteras de Alemania para hacer viable la autarquía, lo que significa construir enormes barreras proteccionistas a las importaciones. El objetivo era hacer de Alemania una productora autosuficiente de forma que no tuviera el riesgo de la influencia extranjera y no hacer que el destino de su economía se ligara a los altibajos en otros países. Fue un caso clásico de xenofobia económicamente contraproducente. 

E incluso hoy en Estados Unidos las políticas proteccionistas están realizando un trágico retorno. Solo bajo la administración Bush, se está protegiendo un enorme rango de productos, que van de la madera a los microchips, ante la competencia extranjera de bajos precios. Estas políticas se han combinado con intentos de estimular la oferta y la demanda mediante gasto militar a gran escala, aventurerismo en la política exterior, estado de bienestar, déficits y promoción del fervor nacionalista. Esas políticas pueden crear la ilusión de una creciente prosperidad, pero la realidad es que desvían recursos escasos de su empleo productivo. 

Tal vez lo peor de estas políticas sea que son inconcebibles sin un estado Leviatán, exactamente como dijo Keynes. Un gobierno suficientemente grande y poderoso como para manipular la demanda agregada es suficientemente grande y poderoso como para violar las libertades civiles del pueblo y atacar sus derechos de cualquier otra manera. Las políticas keynesianas (o hitlerianas) desenfundan la espada del estado sobre toda la población. La planificación centralizada, incluso en su variedad más mínima, y la libertad son incompatibles. 

Desde el 11-S y la respuesta autoritaria y militarista, la izquierda política ha advertido que Bush es el nuevo Hitler, mientras que la derecha execra este tipo de retórica como una hipérbole irresponsable. La verdad es que la izquierda, al realizar estas afirmaciones, tiene más razón del que cree. Hitler, como FDR, dejó su sello en Alemania y el mundo al aplastar los tabús contra la planificación centralizada y hacer del gran gobiernos una característica aparentemente permanente de las economías occidentales. 

David Raub, el autor del artículo para el Glenview, estaba siendo ingenuo al pensar que podía ver los hechos como los ve la corriente principal y llegar a lo que pensaba que sería una respuesta convencional. La ADL tiene razón en este caso: la planificación centralizada nunca puede alabarse. Debemos considerar siempre su contexto histórico y sus inevitables resultados políticos.

Sobre el autor: Llewellyn H. Rockwell, Jr. es Chairman del Ludwig von Mises Institute, en Auburn, Alabama, editor de LewRockwell.com, y autor de La Izquierda, la Derecha, y el Estado. Este Mises Daily fue originalmente publicado el 2 de agosto, 2003. Traducción de Mariano Bas Uribe. 

intervencionismo económico y planificación económica llevan a la dictadura.

"El liderazgo del estado en asuntos económicos que quieren establecer los defensores de la economía planificada está, como hemos visto, conectado necesariamente con una apabullante masa de interferencias gubernamentales de una naturaleza constantemente acumulativa. La arbitrariedad, los errores y las inevitables contradicciones de dicha política, como muestra la experiencia diaria, solo fortalecerán la demanda de una coordinación más racional de las distintas medidas y, por tanto, de un liderazgo unificado. Por esta razón, la economía planificad siempre tiende a evolucionar hacia la dictadura. (…) 

La existencia de algún tipo de parlamento no es ninguna garantía de que una economía planificada no evolucione a una dictadura. Por el contrario, la experiencia ha demostrado que los cuerpos representativos son incapaces de cumplir todas las múltiples funciones relacionadas con el liderazgo económico sin verse cada vez más implicados en la lucha entre intereses en competencia, con la consecuencia de un decaimiento moral que acaba en corrupción de partidos (si no individual). Hay realmente ejemplos de esa evolución degradante acumulándose en muchos países a tal velocidad como para crear en todo ciudadano honorable las más graves aprensiones respecto del futuro del sistema representativo. Pero, aparte de esto, no es posible preservar este sistema si los parlamentos están continuamente saturados al tener que considerar una masa infinita de las cuestiones más intrincadas respecto de la economía de mercado. El sistema parlamentario solo puede salvarse mediante una restricción sabia y deliberada de las funciones de los parlamentos. (…) 

La dictadura económica es mucho más peligrosa de lo que cree la gente. Una vez se ha establecido el control autoritario, no siempre será posible limitarlo al dominio económico. Si permitimos que se destruya la libertad económica y la confianza en uno mismo, los poderes que defienden la Libertad habrán perdido tanta fuerza que no serán capaces de ofrecer ninguna resistencia eficaz contra una extensión progresiva de dicha destrucción a la vida constitucional y pública en general. Y si se renuncia gradualmente a esta resistencia (tal vez sin que la gente se dé cuenta nunca de lo que está pasando en realidad) valores tan fundamentales como la libertad personal, la libertad de pensamiento y expresión y la independencia de la ciencia quedan expuestos a un daño inminente. Lo que puede perderse es nada menos que la totalidad de la civilización que hemos heredado de generaciones que en un tiempo lucharon duro por establecer sus fundamentos y e incluso dieron su vida por ella."

Fragmentos del discurso pronunciado por el eminente economista sueco Gustav Cassel. Se publicó en un panfleto con el título "Del proteccionismo a la dictadura mediante la economía planificada" Me tomo la libertad de citar este  pasaje extraordinario..., para no olvidarle.

¿Es un Peligro una Mayor productividad?

Ya es bastante malo que los opositores al libre mercado echen la culpa erróneamente al capitalismo de la contaminación medioambiental, las depresiones y las guerras. Sean cuales sean los defectos de sus teorías causales, al menos se centran en cosas indudablemente malas. Sin embargo, lo que es inaceptable es que se eche la culpa de algo bueno al mercado. 

Tim Jackson, profesor de desarrollo sostenible en la Universidad de Surrey hace justamente eso en su artículo "Let's Be Less Productive", que apareció en el New York Times del 26 de mayo de 2012. 

Jackson sugiere que la productividad puede haber alcanzado sus "límites naturales". Por productividad quiere decir "la cantidad de producción generada por hora de trabajo en la economía"—Reconoce que al hacerse más eficiente el trabajo se han producido beneficios sustanciales: "nuestra capacidad de generar más producción con menos personas ha sacado nuestras vidas de un trabajo penoso y nos ha dado una cornucopia de riqueza material. 

A pesar de estos beneficios, hay peligro a la vista: 

La productividad en constante aumento significa que si nuestras economías no continúan expandiéndose, nos arriesgamos a dejar a la gente sin trabajo. Si pueden hacerlo más cada año que pasa con cada hora de trabajo, entonces o la producción ha de aumentar o si no hay menos trabajo que realizar. Nos guste o no, nos encontramos enganchados al crecimiento. 

Si la crisis financiera, los altos precios de recursos como el petróleo o el daño al medio ambiente hacen insostenible el crecimiento continúo, nos arriesgamos al desempleo. "Aumentar la productividad amenaza al pleno empleo". 

¿Qué hay que hacer entonces? Jackson tiene una ingeniosa solución. Deberíamos concentrarnos en trabajos en áreas de baja productividad. "Ciertos tipos de tareas se basan propiamente en la asignación del tiempo y la atención de la gente. Las profesiones sociales son un buen ejemplo: medicina, trabajo social, educación. Expandir nuestras economías en estas direcciones tiene todo tipo de ventajas". Un cínico podría preguntarse si es solo una coincidencia que el propio Jackson esté empleado en una de estas profesiones. 

Jackson tiene en mente otras reformas aparte del mayor énfasis en las "profesiones sociales". (Por cierto, que uno se pregunta si por este nombre Jackson intenta sugerir que los dedicados a ocupaciones de alta productividad no se preocupan por la sociedad. Como mínimo, sería una sugerencia bastante audaz). También deberíamos dedicar más recursos a los bienes artesanos que requieren bastante tiempo hacerlos y también al "sector cultural". 

El programa de Jackson plantea una pregunta: ¿cómo pueden realizarse estos cambios? Tiene una respuesta preparada. Por supuesto, una transición a una economía de baja productividad no se producirá por pensamiento ilusorio. "Requiere una atención cuidadosa para incentivar estructuras: por ejemplo, menores impuestos al trabajo y mayores impuestos al consumo de recursos y la contaminación". 

Jackson tiene sin duda razón en que si el trabajo se hace más eficiente, los trabajadores deben encontrar otros usos para el tiempo que ahora tienen disponible. ¿Pero por qué es esto un problema? Los seres humanos tienen deseos ilimitados y siempre hay nuevos usos para el trabajo humano.

Como apunta Murray Rothbard: 

El trabajo tiene que "ahorrarse" porque es primordialmente un bien escaso y porque los deseos del hombre de bienes intercambiables están lejos de ser satisfechos. (…) Cuanto más trabajo se "ahorre", mejor, pues así el trabajo está usando más y mejores bienes de capital para satisfacer más deseos en una cantidad menor de tiempo. (…) Una mejora tecnológica en un sector tenderá a aumentar el empleo en ese sector si la demanda de ese producto es elástica a la baja, de forma que una mayor oferta de bienes induzca a un mayor gasto de consumo. Por otro lado, una innovación en un sector con demanda inelástica a la baja hará que los consumidores gasten menos en los productos más abundantes, contrayendo el empleo en ese sector. En resumen, el proceso de innovación tecnológica traslado el trabajo de los sectores de demanda inelástica a los sectores de demanda elástica.

Las crisis financieras pueden interrumpir el crecimiento, pero dado el carácter ilimitado de los deseos humanos, no pueden suplantarlo. Jackson nos ha ofrecido un remedio, pero no ha demostrado que exista una enfermedad que requiera su remedio.

Sobre el autor: David Gordon analiza y critica libros nuevos sobre economía, política, filosofía, y leyes para The Mises Review, la crítica trimestral de literatura de ciencias sociales, que se publica desde 1995 por el Mises Institute. Es autor de The Essential Rothbard. Este Mises Daily fue originalmente publicado el 6 de Junio, 2012. 

sábado, 10 de enero de 2015

La Posición Peculiar y Única de la Economía Ludwig von Mises.

La Singularidad de la Economía.

Lo que atribuye a la economía su posición peculiar y única en la órbita tanto del conocimiento puro como de la utilización práctica del conocimiento es el hecho de que sus teorías concretas no están abiertas a cualquier verificación o falsación sobre la base de la experiencia. Por supuesto, una medida sugerida por un razonamiento económico sensato genera los efectos buscados y una medida sugerida por un razonamiento económico defectuoso no consigue producir los fines pretendidos. Pero esa experiencia sigue siendo siempre una experiencia histórica, es decir, la experiencia de fenómenos complejos. 

Como se ha apuntado, nunca puede probar o refutar ninguna teoría concreta. La aplicación de teorías económicas espurias genera consecuencias no deseadas. Pero estos efectos nunca tienen el indiscutible poder de convicción que proporcionan los hechos experimentales en el campo de las ciencias naturales. La vara de medir definitiva de la corrección de una teoría económica es solamente la razón sin auxilio de la experiencia. 

El ominoso significado de este estado de cosas es que impide que una mente ingenua reconozca la realidad de las cosas de las que se ocupa la economía. "Real" es, a los ojos del hombre, todo lo que no puede alterar y cuya existencia debe ajustar sus acciones si quiere alcanzar sus fines. El conocimiento de la realidad es una experiencia triste. Enseña los límites de la satisfacción de los deseos propios. Solo reticentemente se resigna un hombre a la idea de que hay cosas, como todo el complejo de relaciones causales entre acontecimiento, que no puede alterar el pensamiento ilusorio. Aún así, la experiencia sensorial habla un lenguaje fácilmente perceptible. No tiene sentido discutir sobre experimentos. No puede discutirse la realidad de hechos establecidos experimentalmente. 

Pero en el campo del conocimiento praxeológico, ni el éxito ni el fracaso hablan un lenguaje distintivo audible para todos. La experiencia derivada exclusivamente de los fenómenos complejos no impide escaparse a interpretaciones basadas en pensamiento ilusorio. La ingenua propensión del hombre a atribuir omnipotencia a sus pensamientos, por muy confundidos y contradictorios que sean, nunca se falsa manifiestamente y sin ambigüedades por la experiencia. El economista nunca puede rebatir las rarezas y palabrería en economía de la forma en que un doctor rebate al curandero y el charlatán. La historia solo habla de aquella gente que sabe cómo interpretarla basándose en teorías correctas. 

Economía y Opinión Pública. 

La significación de esta diferencia epistemológica fundamental queda clara si nos damos cuenta de que la utilización práctica de las enseñanzas de la economía presupone su aceptación por la opinión pública. En la economía de mercado, la puesta en marcha de innovaciones tecnológicas no requiere nada más que el conocimiento de su razonabilidad por uno o unos pocos espíritus ilustrados. Ninguna estupidez ni torpeza por parte de las masas puede detener a los pioneros de las mejoras. Para ellos no hay necesidad de conseguir la aprobación previa de la gente inerte. Son libres de dedicarse a sus proyectos, incluso si todos los demás se ríen de ellos. Posteriormente, cuando los productos nuevos, mejores y más baratos aparezcan en el mercado, los burlones se pelearán por ellos. Por muy estúpido que sea un hombre, sabe cómo explicar la diferencia entre un zapato más barato y otro más caro y cómo apreciar la utilidad de los nuevos productos. 

Pero es distinto en el campo de la organización social y las políticas económicas. Aquí las mejores teorías son inútiles si no están respaldadas por la opinión pública. No pueden funcionar si no son aceptadas por una mayoría del pueblo. Cualquiera que pueda ser el sistema de gobierno, no puede haber ninguna posibilidad de gobernar una nación de forma duradera siguiendo doctrinas en contra de la opinión pública. Al final, prevalece la filosofía de la mayoría. A largo plazo no puede existir un sistema de gobierno impopular. La diferencia entre la democracia y el despotismo no afecta al resultado final. Se refiere solo al método por el que se consigue el ajuste del sistema de gobierno a la ideología que mantiene la opinión pública. Los autócratas impopulares solo pueden ser derrocados por levantamientos revolucionarios, mientras que los gobernantes democráticos impopulares son expulsados pacíficamente en las siguientes elecciones. 

La supremacía de la opinión pública no determina solo el papel singular que ocupa la economía en el complejo de pensamiento y conocimiento. Determina todo el proceso de la historia humana. 

Las habituales discusiones respecto del papel que desempeña el individuo en la historia yerran el blanco. Todo lo que se piensa, hace y consigue es resultado de individuos. Las nuevas ideas e innovaciones son siempre un logro de hombres no comunes. Pero estos grandes hombres no pueden tener éxito en ajustar las condiciones sociales a sus planes si no convencen a la opinión pública. 

El florecimiento de la sociedad humana depende de dos factores: el poder intelectual de hombres extraordinarios para concebir teorías sociales y económicas sensatas y la capacidad de éstos y otros hombres para hacer estas ideologías comprensibles para la mayoría.

Sobre el autor:
Ludwig von Mises es reconocido como el líder de la Escuela Austriaca de pensamiento económico, prodigioso autor de teorías económicas y un escritor prolífico. Los escritos y lecciones de Mises abarcan teoría económica, historia, epistemología, gobierno y filosofía política. Sus contribuciones a la teoría económica incluyen importantes aclaraciones a la teoría cuantitativa del dinero, la teoría del ciclo económico, la integración de la teoría monetaria con la teoría económica general y la demostración de que el socialismo debe fracasar porque no puede resolver el problema del cálculo económico. Mises fue el primer estudioso en reconocer que la economía es parte de una ciencia superior sobre la acción humana, ciencia a la que llamó "praxeología". Este artículo es un fragmento de La Acción Humana (1949), capítulo 37

lunes, 29 de diciembre de 2014

Conferencia Inversiones Extranjeras. Ludwing Von Mises Universidad de Buenos Aires, Argentina 1958.

Alguna gente llama a los programas de libertad económica un 'programa negativo'. Dicen: '¿Qué es lo que Uds. los liberales desean realmente? Están en contra del socialismo, del intervencionismo gubernamental, de la inflación, de la violencia sindical, de las tarifas de protección... Uds. dicen 'no' a todo'.

Yo llamaría a esta declaración una poco profunda y prejuiciada formulación del problema. Por que es posible formular un programa liberal en una forma positiva. Si una persona dice: 'Yo estoy en contra de la censura', no es negativa; está a favor que los autores tengan el derecho de determinar lo que desean publicar, sin interferencia del gobierno. Esto no es negativismo, es precisamente libertad. (Desde ya, cuando uso el término 'liberal' con respecto a las condiciones del sistema económico, quiero significar liberal en el antiguo sentido clásico de la palabra)

Actualmente, la mayor parte de la gente considera las notables diferencias en el nivel de vida de diferentes países como insatisfactoria. Hace doscientos años atrás, las condiciones en Gran Bretaña eran mucho peores que lo que hoy son en la India. Pero en 1750 los Británicos no se llamaban a sí mismos 'subdesarrollados' o 'atrasados' porque no estaban en situación de comparar las condiciones de su país con las de países en los cuales las condiciones económicas eran más satisfactorias. En la actualidad, todos los pueblos que no han alcanzado el nivel de vida promedio de los EEUU creen que hay algo que no está bien en su propia situación económica. Muchos de estos países se llaman a sí mismos "países en desarrollo" y – como tales – piden ayuda de los así llamados países desarrollados o súper-desarrollados.

Permítanme explicar la realidad de esta situación. El nivel de vida es más bajo en los denominados 'países en desarrollo' porque la utilidad promedio proveniente del mismo tipo de trabajo es más bajo en esos países que en algunos países de Europa Occidental, Canadá, Japón y – especialmente – los EEUU. Si tratamos de averiguar las razones de esta diferencia, debemos entender que no se debe a la inferioridad de los trabajadores u otros empleados. Prevalece en algunos grupos de trabajadores Norte Americanos una tendencia a creer que ellos son mejores que otra gente – que es a raíz de su propio mérito que están obteniendo salarios más altos que otra gente.

Solamente sería necesario que un trabajador Norteamericano visitara otro país – digamos Italia, de donde provienen muchos trabajadores Norteamericanos o sus antepasados – que no son sus cualidades personales sino las condiciones prevalecientes en el país las que hacen posible que el gane salarios más altos. Si un Siciliano emigra a los EEUU, muy rápidamente estará ganado un salario de un nivel habitual en los EEUU. Y si el mismo hombre vuelve a Sicilia, descubrirá que su visita a los EEUU no le ha dado cualidades que le permitan ganar, en Sicilia, salarios más altos que sus paisanos.

Ni tampoco puede explicarse esta situación económica dando por sentado algún tipo de inferioridad en los empresarios que actúan fuera de los EEUU. Es un hecho que fuera de los EEUU, Canadá, Europa Occidental y ciertas partes de Asia, el equipamiento de las fábricas y los métodos tecnológicos empleados son considerablemente inferiores a los que se encuentran dentro de los EEUU. Pero esto no se debe a la ignorancia de los empresarios en esos países subdesarrollados. Ellos saben muy bien que las fábricas en los EEUU y Canadá están mejor equipadas. Ellos saben todo lo que es necesario saber sobre tecnología, y si no lo saben, tiene la oportunidad de aprender lo que necesitan conocer a través de libros de texto y de revistas técnicas que diseminan este conocimiento.

Nuevamente: la diferencia no es la inferioridad personal o la ignorancia. La diferencia es la disponibilidad de capital, la cantidad de bienes de capital disponibles. En otras palabras, el monto de capital invertido por unidad de población es mayor en los así llamados 'países desarrollados' que en los llamados 'países subdesarrollados'.

Un empresario no puede pagar a un trabajador por encima del valor agregado por el trabajo de este empleado al valor del producto. No puede pagarle más que lo que los clientes están dispuestos a pagar por el trabajo adicional de este trabajador individual. Si le paga más, no lo recuperará de sus clientes. Incurrirá en pérdidas y, como he indicado una y otra vez y todo el mundo sabe, un empresario que sufre pérdidas debe cambiar sus métodos de hacer negocio o irá a la quiebra.

Los economistas describen este estado de cosas diciendo que 'los salarios son determinados por la productividad marginal del trabajo' Esto es solamente otra forma de expresar lo que ya he dicho antes. Es un hecho que la escala de salarios es determinada por el monto por el cual el trabajo del asalariado incrementa el valor del producto. Si una persona trabaja con herramientas mejores y más eficientes puede rendir en una hora mucho más que una persona que trabaja una hora con instrumental menos eficiente. Es obvio que 100 personas trabajando en una fábrica Norteamericana de zapatos, equipada con las más modernas herramientas y máquinas, producen mucho más, en el mismo período de tiempo, que 100 obreros del calzado en la India, que deben trabajar de una forma menos sofisticada, con herramientas anticuadas.

Los empleadores de todos estos países 'en desarrollo' saben muy bien que mejores herramientas permitirán que sus empresas sean más rentables. Les gustaría construir más y mejores fábricas. La única cosa que les impide hacerlo es la escasez de capital. La diferencia entre los países 'en desarrollo' y los países 'desarrollados' es una función de tiempo. Los Británicos comenzaron a ahorrar antes que todas las otras naciones. También comenzaron antes a acumular capital y a invertirlo en negocios. Dado que comenzaron antes, existía un más alto nivel de vida en Gran Bretaña cuando, en todos los demás países europeos, existía todavía un más bajo nivel de vida. Gradualmente, todas las otras naciones, comenzaron a estudiar las condiciones Británicas y no les fue difícil descubrir la razón de la riqueza de Gran Bretaña. Así comenzaron a imitar los métodos Británicos de negocio. Dado que las otras naciones comenzaron más tarde y que los Británicos no se detuvieron en su inversión de capitales, quedaba todavía una gran diferencia entre las condiciones de Inglaterra y las condiciones de esos otros países. Pero algo ocurrió que hizo desaparecer la ventaja de Gran Bretaña. Lo que sucedió fue el mayor evento en la historia del S. XIX, no solamente en la historia individual de algún país. Este gran evento fue el desarrollo, en el S. XIX de la inversión extranjera. En 1817, Ricardo, el gran economista Británico, daba por sentado que el capital podía ser invertido solamente dentro de las fronteras de un país. Daba por hecho que los capitalistas no tratarían de invertir en el extranjero. Pero unas pocas décadas más tarde, las inversiones de capital en el exterior comenzaron a jugar un importantísimo rol en los asuntos mundiales.

Sin inversión de capital, habría sido necesario para las naciones menos desarrolladas que Gran Bretaña, comenzar con los métodos y la tecnología con que los Británicos habían comenzado al principio y la mitad del S. XVIII, y lentamente, paso a paso – siempre muy por debajo del nivel tecnológico de la economía Británica – tratar de imitar lo que los Británicos habían hecho.

Les habría tomado – a estos países – muchas, muchas décadas para alcanzar el nivel de desarrollo tecnológico que Gran Bretaña habría alcanzado cien o más años antes que ellos. Pero el gran evento que ayudó a estos países fue la inversión extranjera.

Inversión extranjera significaba que los capitalistas Británicos invirtieron capital Británico en otras partes del mundo. Primero invirtieron en aquellos países Europeos que, desde el punto de vista de Gran Bretaña, tenían escasez de capital y estaban retrasados en su desarrollo. Es un hecho bien conocido que los ferrocarriles de la mayoría de los países Europeos, y también los de EEUU, fueron construidos con la ayuda del capital Británico. Como Uds. saben, lo mismo ocurrió en este país, Argentina.

Las compañías de gas en todas las ciudades de Europa también fueron británicas. A mediados de la década de los 1870s, un Británico, autor y poeta, criticó a sus conciudadanos. Dijo: 'Los Británicos han perdido su antiguo vigor y no tienen más nuevas ideas. No son más una nación importante, con liderazgo en el mundo'. A lo cual Herbert Spencer, el gran sociólogo, contestó: 'Mire el continente Europeo. Todas las capitales Europeas tienen luz porque una compañía de gas Británica les provee el gas'. Esto era, desde luego, en lo que nos parece la edad 'remota' de la iluminación a gas. Y siguiendo con la respuesta al crítico Británico, Herbert Spencer agregaba: 'Dice Ud. que los Alemanes están muy por delante de Gran Bretaña. Pero mire a Alemania. Aún Berlín, la capital del Reich Alemán, la capital de Geist, estaría a oscuras si una compañía de gas Británica no hubiera invadido el país e iluminado las calles'.

De la misma manera, el capital Británico desarrolló los ferrocarriles y muchas ramas de la industria en los EEUU. Y, desde luego, en la medida en que el país importa capitales, su balanza comercial se convierte en los que los no-economistas denominan 'desfavorable'. Eso significa que tiene un exceso de importaciones sobre las exportaciones. El motivo de la, para Gran Bretaña, 'favorable balanza comercial' era que las fábricas Británicas enviaban muchos tipos de equipamiento a los EEUU y este equipamiento no era pagado en dinero sino por las acciones en las empresas Norteamericanas. Este período de la historia de los EEUU se prolongó hasta los 1890s.

Pero cuando los EEUU, con la ayuda del capital Británico – y más tarde con la ayuda de sus propias políticas pro-capitalistas – desarrollaron su propio sistema económico de una forma sin precedentes, los americanos comenzaron a recomprar las acciones que en su momento habían vendido a los extranjeros. Entonces los EEUU tenían un excedente de exportaciones sobre importaciones. La diferencia fue cancelada con la importación – la repatriación, como alguien lo llamó – de las acciones de las empresas Norteamericanas. 

Este período se prolongó hasta la Primera Guerra Mundial. Lo que ocurrió después es otra historia. Es la historia de los subsidios Norteamericanos otorgados entre y después de las dos guerras mundiales a los países beligerantes; los préstamos, las inversiones hechas por EEUU en Europa, además de los préstamos-y-arriendos, la ayuda extranjera, el Plan Marshall, alimentos que fueron enviados a ultramar y otros subsidios. Enfatizo esto porque la gente a veces cree que es vergonzoso o degradante tener capital extranjero trabajando en su propio país. Debe entenderse que, en todos los países excepto Inglaterra, la inversión de capital extranjero tuvo un rol importante en el desarrollo de las modernas industrias. 

Si afirmamos que la inversión extranjera fue el mayor evento histórico del S. XIX, debe pensarse en todas las cosas que no habrían llegado a existir de no haber existido esa inversión extranjera. Todos los ferrocarriles, los puertos, las factorías y minas en Asia, el Canal de Suez y otras tantas cosas en el Hemisferio Occidental, no habrían sido construidos si no hubiera existido la inversión extranjera. 

La inversión extranjera se realiza con la expectativa que no será expropiada. Nadie invertiría nada si supiera con anticipación que alguien expropiaría su inversión. En el momento en que se realizaron dichas inversiones extranjeras en el S. XIX, y a principios del S. XX, no existía la cuestión de la expropiación. Desde el principio, algunos países mostraron una cierta hostilidad hacia el capital extranjero, pero en su mayor parte se dieron buena cuenta que obtenían una enorme ventaja de estas inversiones extranjeras. 

En algunos casos, estas inversiones extranjeras no fueron hechas directamente a capitalistas en el país de destino, sino indirectamente por medio de préstamos al respectivo gobierno. Y era entonces el gobierno quien usaba el dinero para las inversiones. Así fue, por ejemplo, el caso de Rusia. Por razones puramente políticas, los Franceses invirtieron en Rusia, en las dos décadas precedentes a la Primera Guerra Mundial, alrededor de veinte mil millones de francos oro, prestándolos principalmente al Gobierno Ruso. Todas las grandes empresas del Gobierno Ruso – por ejemplo el ferrocarril que conecta Rusia desde los Montes Urales, a través de la nieve y el hielo de Siberia, hasta el Pacífico – fueron realizadas, mayormente, con el capital extranjero prestado al Gobierno Ruso. Se darán cuenta que los franceses ni pensaron que un día habría un Gobierno Ruso comunista que simplemente declararía que no pagaba las deudas incurridas por su predecesor, el Gobierno Zarista. 

Con la Primera Guerra Mundial, comenzó un período de una guerra universal, una guerra abierta contra las inversiones extranjeras. Dado que no existe remedio alguno para prevenir que un gobierno expropie el capital invertido, no existe, prácticamente, protección legal alguna para las inversiones extranjeras en el mundo de hoy en día. Los capitalistas no previeron esto. Si los capitalistas de los países exportadores de capital se hubieran dado cuenta de ello, todas las inversiones extranjeras habrían terminado hace cuarenta o cincuenta años atrás. Pero los capitalistas no podían creer que algún país fuera tan falto de ética como para incumplir una deuda o expropiar y confiscar la inversión extranjera. Con estos hechos comenzó un nuevo capitulo de la historia económica del mundo. Y llegó al final un gran período del Siglo XIX cuando las inversiones extranjeras ayudaron a desarrollar, en todo el mundo, modernos métodos de transporte, manufactura, minería y agricultura. Llegó un nuevo período en el cual los gobiernos y los partidos políticos consideraban al inversor extranjero como un explotador que debía ser expulsado del país. 

En esta actitud anticapitalista, los soviéticos no fueron los únicos pecadores. Recuérdese, por ejemplo, la expropiación de los campos petrolíferos en México, así como las cosas que ocurrieron en esta país (Argentina) que no considero necesario comentar. 

La situación en el mundo hoy en día, creada por el sistema de expropiación del capital extranjero, consiste en: a) la expropiación directa y b) la expropiación indirecta a través de controles de cambio o de impuestos discriminatorios. Este es un problema, principalmente, de los países en desarrollo. Tómese el ejemplo del más grande estos países, la India. Bajo el sistema Británico, el capital Británico (predominantemente capital Británico pero también de otras naciones europeas) fue invertido en la India. Y los Británicos exportaron a la India algo más que debe mencionarse al respecto: exportaron a la India modernos métodos para combatir las enfermedades infecciosas. El resultado fue un tremendo incremento de la población en la India y un correspondiente incremento en los problemas de ese país. Enfrentada a una situación que empeoraba, la India se volvió hacia la expropiación como un medio de solucionar sus problemas. Pero no siempre fue una expropiación directa; el Gobierno hostigó a los capitalistas extranjeros, obstaculizando sus negocios de tal manera que estos inversores extranjeros se vieron forzados a malvender sus empresas. La India pudo así, desde luego, acumular capital por otro método, la acumulación doméstica de capital. Sin embargo la India es tan hostil a la acumulación doméstica de capital como al capital extranjero. El Gobierno de la India dice que desea industrializar su país, pero lo que realmente tiene in mente es tener empresas socialistas. Hace unos pocos años, el estadista Jawaharlal Nehru publicó una colección de sus discursos. El libro fue lanzado con la intención de hacer más atractiva la inversión extranjera en la India. El Gobierno de la India no se opone al capital extranjero antes que sea invertido. La hostilidad comienza cuando el capital ya ha sido invertido. En este libro – cito literalmente – el Sr. Nehru dice: "Desde ya deseamos concretar el socialismo. Pero no estamos opuestos a la empresa privada. Deseamos alentar, de toda forma, la empresa privada. Deseamos prometer a los empresarios que inviertan en nuestro país que nos los expropiaremos ni los socializaremos por diez años, quizás por un período más largo" ¡Y él pensaba que esto era una invitación para venir a la India! 

El problema – como Uds. saben – es la acumulación doméstica de capital. En todos los países, hoy en día, hay muy altos impuestos sobre las empresas. De hecho existe una doble imposición sobre las sociedades. Primero, las utilidades de las empresas están sujetas a muy altos impuestos y, segundo, los dividendos que esas empresas pagan a sus accionistas están nuevamente sujetos a impuestos. Y esto se hace de una forma progresiva. 

La imposición progresiva sobre las utilidades y los dividendos significa que precisamente esa parte de las utilidades que la gente podría haber ahorrado y volver a invertir, se elimina con los impuestos. Tómese el ejemplo de los Estados Unidos. Hace unos pocos años existía un impuesto sobre las "utilidades excesivas" el cual significaba que por cada dólar ganado la empresa retenía solamente dieciocho centavos. Cuando estos dieciocho centavos eran pagados como dividendos a los accionistas, aquellos que tenían una gran cantidad de acciones tenían que pagar otro sesenta ú ochenta ó aún un mayor porcentaje de los mismos como impuestos. Del dólar de utilidad podía guardarse solamente siete centavos y los otros noventa y tres centavos iban al Gobierno. De estos noventa y tres centavos, una gran parte podría haberse ahorrado o reinvertido. En cambio, el Gobierno lo usaba para gastos corrientes. Esta es la política de los Estados Unidos. 

Creo que ha quedado claro que la política de los Estados Unidos no es un ejemplo para ser imitado por otros países. Esta política de los Estados Unidos es peor que mala, es insana. La única cosa que desearía agregar es que los países ricos pueden darse el lujo de tener más políticas erróneas que un país pobre. En los Estados Unidos, a pesos de estos sistemas impositivos, existe todavía acumulación de capital e inversiones adicionales, cada año, y – por lo tanto – existe todavía una tendencia hacia el mejoramiento del nivel de vida. 

Peo en muchos otros países el problemas es muy crítico. No hay – o no hay suficiente – ahorro doméstico, y la inversión de capital desde el exterior se reduce considerablemente por el hecho que estos países son abiertamente hostiles a la inversión extranjera. ¿Cómo pueden hablar de industrialización, de la necesidad de desarrollar nuevas plantas, de mejorar condiciones, de elevar el nivel de vida, de tener mejores salarios, mejores medios de transporte, si hacen cosas que tienen precisamente el efecto contrario? Lo que sus políticas realmente logran es impedir la acumulación de capital doméstico, o reducir su tasa de crecimiento, y poner obstáculos para la llegada del capital extranjero. 

El resultado final es, ciertamente, muy malo. Tal situación ocasiona una pérdida de confianza, y hoy en día hay cada vez más y más desconfianza por parte de la inversión extranjera. Aún si dichos países cambiaran inmediatamente sus políticas e hicieran todas las promesas posibles, es muy dudoso que pudieran una vez más inspirar a los capitalistas extranjeros que inviertan. 

Existe, por supuesto, algunos métodos para evitar esta consecuencia. Uno podría ser establecer algún tipo de estatutos internacionales, no solamente acuerdos, que podrán sacar el tema de las inversiones de las jurisdicciones nacionales. Esto es algo que podrán hacer las Naciones Unidas. Pero las Naciones Unidas es simplemente un lugar de reunión para discusiones inútiles. Dándose cuenta de la enorme importancia de la inversión extranjera, comprendiendo que las inversiones extranjeras pueden producir un mejoramiento en las condiciones políticas y económicas mundiales, se podría tratar de hacer algo desde el ángulo de la legislación internacional. 

Este es un problema técnico-legal, que solamente menciono, ya que la situación no es desesperada. Si el mundo realmente quisiera hacer posible a los países no desarrollados poder elevar su nivel de vida al nivel de los Estados Unidos, entonces podría hacerse. Solamente es necesario entender cómo podría hacerse. 

Lo que falta para hacer a los países no desarrollados tan prósperos como los Estados Unidos, es solamente una cosa, capital, y – por supuesto – la libertad para utilizarlo bajo la disciplina del mercado y no bajo la disciplina de los gobiernos. Estas naciones deben promover la acumulación de capital doméstico y hacer posible que los capitales extranjeros lleguen a sus países. 

Para el desarrollo del ahorro doméstico se hace necesario mencionar otra vez que el ahorro doméstico, de las masas populares, presupone la existencia de una unidad monetaria estable. Esto implica la ausencia de cualquier clase de inflación. 

Una gran parte del capital utilizado por las compañías Estadounidenses es propiedad de los mismos trabajadores y de otra gente de modestos recursos. Billones y billones de dólares en depósitos en cajas de ahorro, de bonos y de pólizas de seguro son el capital utilizado por estas empresas. En el mercado financiero de los Estados Unidos hoy en día, los grandes prestamistas de dinero no son más los bancos sino las compañías aseguradoras, cuyo dinero es propiedad – no técnicamente pero sí desde un punto de vista económico – de los asegurados. Y prácticamente cualquier persona en los Estados Unidos está asegurada, de una u otra forma. El prerrequisito para una mayor igualdad económica en el mundo es la industrialización. Y ésta es posible solamente a través de un incremento en la inversión de capital, una mayor acumulación de capital. Quizás Uds. estén asombrados que no he mencionado una medida que se considera el método primordial para industrializar un país. Hablo del proteccionismo. Pero las tarifas y los controles de cambio son exactamente los medios para impedir la inversion de capital en un país y su industrialización. El único camino para incrementar la industrialización es tener más capital. El proteccionismo solamente desvía las inversiones de un sector de negocios a otro. El proteccionismo, por sí solo, no agrega nada al capital de un país. Paras instalar una nueva fábrica uno necesita capital. Para mejorar una fábrica ya existente uno necesita capital, no una tarifa. 

No deseo explayarme sobre el problema de la libertad de comercio o sobre el proteccionismo. Espero que la mayor parte de sus libros de texto sobre economía, lo expliquen de una manera adecuada. La protección no mejora la situación económica de un país. Y lo que ciertamente no la mejora, es el sindicalismo. Si las condiciones son insatisfactorias, si los salarios son bajos, si el salariado de un país mira a los Estados Unidos y lee sobre lo que pasa allí, si ve en las películas como el hogar de un Estadounidense promedio estás equipado con todo el confort moderno, puede tener envidia. Tiene toda la razón en decir "Deberíamos tener lo mismo". Pero la única manera de obtenerlo es el incremento del capital. 

Los sindicatos usan de la violencia contra los empresarios y contra la gente a quien llaman "rompehuelgas". A pesar de su poder y de su violencia, sin embargo, los sindicatos no pueden elevar los salarios, continuamente, para todos los asalariados. Igualmente inefectivos son los decretos gubernamentales fijando salarios mínimos. Lo que los sindicatos logran, si tienen éxito en elevar las escalas salariales, es un permanente, duradero desempleo. 

Pero los sindicatos no pueden industrializar el país, no pueden elevar el nivel de vida de los trabajadores. Y éste es el punto crítico. Debe comprenderse que todas las políticas de un país, cuyo objetivo sea mejorar el nivel de vida, deben dirigirse hacia un incremento de la inversión de capital per cápita. Esta medida de inversión de capital per cápita todavía se está incrementando en los Estados Unidos, a pesar de todas sus malas políticas. Lo mismo es cierto respecto a Canadá y a algunos países de Europa Occidental. Pero, infortunadamente, se está reduciendo en países como la India. 

Leemos todos los días en los periódicos que la población mundial se está volviendo cada vez más grande, quizás 45 millones de personas – ó aún más – por año. ¿Cómo terminará esto? ¿Cómo serán los resultados y las consecuencias? Recuerden lo que dije sobre Gran Bretaña. En 1750 los Británicos pensaban que seis millones de habitantes constituían una tremenda sobrepoblación para las Islas Británicas y que estaban encaminados hacia hambrunas y plagas. Pero al principio de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, cincuenta millones de habitantes vivían en las Islas y con un nivel de vida incomparablemente superior al que habían tenido en 1750. Esto fue el efecto de lo que se denomina industrialización, una palabra algo inadecuada. El progreso de Gran Bretaña se originó en el incremento de la inversión de capital per cápita. Como mencioné antes, existe un solo camino para que una nación logre la prosperidad. Si se incrementa el capital, se incrementa la productividad marginal del trabajo, y el resultado será que los salarios reales se elevarán. En un mundo sin barreras a las migraciones, habría una tendencia mundial hacia el igualamiento de los noveles salariales. Si no existieran barreras a las migraciones hoy en día, probablemente veinte millones de personas, por año, tratarían de llegar los Estados Unidos, para conseguir mejores salarios. Ese influjo reduciría los salarios en los Estados Unidos y los aumentaría en otros países. 

No dispongo del tiempo para analizar este problema de las barreras a las migraciones. Pero deseo remarcar que existe otro método para el igualamiento de los noveles salariales en todo el mundo. Este otro método, que opera en ausencia de la libertad para migrar, es la migración de capital. Los capitalistas tienen la tendencia de mudarse hacia aquellos países donde exista una gran cantidad de fuerza laboral disponible y en los cuales los resultados del trabajo sean razonables. Y por el hecho que exportan capital a esos países dan lugar a un a tendencia hacia mayores niveles salariales. Esto ha funcionado así en el pasado y funcionará en el futuro de la misma manera. 

Cuando el capital Británico fue invertido por primera vez en – digamos – Austria o Bolivia, los niveles salariales eran muy, muy inferiores a los prevalecientes en Gran Bretaña. Pero esta inversión adicional de capital dio lugar a una tendencia hacia mayores salarios en esos países. Y dicha tendencia prevaleció en todo el mundo. Es un hecho bien conocido, por ejemplo, que tan pronto la United Fruit Company se instaló en Guatemala, el resultado fue una tendencia general hacia mayores niveles salariales, comenzando con los salarios que pagaba la United Fruit Company, lo que hizo necesario que otros empleadores pagaran también salarios más altos. Por lo tanto, no existe razón alguna para ser pesimista respecto al futuro de los países "no desarrollados" 

Estoy totalmente de acuerdo con los comunistas y con los sindicatos cuando dicen "Lo que se necesita es elevar el nivel de vida". Hace poco tiempo, en un libro publicado en los Estados Unidos, un profesor indicó: "Ahora tenemos suficiente de todo, ¿por qué la gente en el mundo trabaja tan duro todavía?" No dudo que este profesor tiene de todo. Pero existe otra gente en otros países, también mucha gente en los Estados Unidos, que desean y deberían tener un mejor novel de vida. Fuera de los Estados Unidos – en América Latina y, aún más, en Asia y en África – todos desean ver mejoradas las condiciones en su propio país. Un más alto nivel de vida trae aparejado u más alto de nivel de cultura y civilización. 

Así es que estoy totalmente de acuerdo con la meta final de elevar el nivel de vida en todas partes. Pero estoy en desacuerdo con las medidas que deben adoptarse para llegar a esa meta. ¿Qué medidas nos permitirán llegar a ese fin? No la protección, no la interferencia del gobierno, no el socialismo, y – ciertamente – no la violencia de los sindicatos (eufemísticamente llamada negociación colectiva, de hecho, negociación a punta de pistola) 

Para llegar a esa meta, como yo lo veo, ¡hay solamente un camino! Es un método lento. Alguna gente hasta podría decir: demasiado lento. Pero no hay atajos para llegar al paraíso terrenal. Lleva tiempo y se debe trabajar. Pero no toma tanto tiempo como la gente cree, y finalmente se llegará al objetivo buscado. En 1840, en la parte occidental de Alemania – en Swabia y Würtemberg que era de las áreas más industrializadas del mundo – se decía: "Nunca podremos alcanzar el nivel de los Británicos, tienen la ventaja de haber empezado antes y siempre nos llevarán la delantera" Treinta años más tarde los Británicos decían: "Esta competencia de Alemania no podemos aguantarla más, debemos hacer algo para eliminarla". En ese momento el nivel de Alemania estaba subiendo muy rápidamente aproximándose al nivel Británico. Y al presente, el nivel de ingreso per cápita de Alemania no está, en absoluto, por detrás del Británico. 

En el centro de Europa está Suiza, un pequeño país al que la naturaleza ha dotado muy pobremente. No tiene minas de carbón, no tiene minerales, no tiene recursos naturales. Pero su gente, a través de los siglos, siguió continuamente una política capitalista. Han desarrollado el más alto nivel de vida en Europa Continental y su país se ubica entre los más grandes centros de civilización en el mundo. No veo porque Argentina – que es mucho más grande que Suiza, tanto en población como en superficie – no podría obtener el mismo alto nivel de vida después de algunos años de buenas políticas. Pero – como he señalado antes – las políticas deben ser buenas.

Muchas gracias a Margir Von Mises al publicar estás magníficas y esclarecedoras conferencias, su pedido se hace realidad, no sólo académicos leen las conferencias de nuestro Mises...; y como usted, también albergamos la  esperanza de que sus libros puedan estar disponibles algún día para la audiencia joven, especialmente en escuelas secundarias y universidades de Cuba, y de todo el mundo. Gracias.