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jueves, 15 de septiembre de 2011

Puré de tomate, calabacín o salsa condimentada.


La Habana, Cuba, septiembre de 2011
Joisy García Martínez.

Desde hace varios años se le viene vendiendo a la población cubana un producto que sus fabricantes lo hacen llamar salsa condimentada y que entre sus principales ingredientes el 90% corresponde a calabaza hervida, molida y condimentada.

En todos los mercados del país se oferta un producto que sus fabricantes lo hacen llamar o lo identifican como salsa condimentada y generalmente su presentación es en envases plásticos de 1500 ml, por el cual cobran 20 pesos en moneda nacional en Ciudad Habana. Los supuestos ingredientes de la llamada salsa son: vegetales (¿tomate?, calabaza), ajo, vinagre, sal, tomillo, romero, ajedrea, orégano, laurel y conservantes.

Las quejas de la población son ignoradas por los inspectores del llamado consejo de protección al consumidor y algunos van resolviendo en la cocina de la familia cubana con el innovado y popularmente conocido calabacín, debido a la ausencia del puré de tomate original que es ofertado en el mercado en pesos convertibles (CUC) y a precios ilógicos en moneda nacional para el ciudadano con un salario promedio, por lo que se dificulta su adquisición.

Algunos de los nuevos cuentapropistas propietarios de establecimientos que ofertan comida italiana le agregan el misterioso ingrediente a las pizzas y espaguetis y al contrario del color original del tomate, esta innovación le da a las pizzas un color rosado que generalmente hace que los consumidores se cuestionen la autenticidad del producto y entonces venga a sus mentes como un pensamiento Shakespeareano “ser o no ser, esa es la cuestión”, ¿tomate o calabacín?

Ejemplos similares hacen que los pobladores de Punta Brava recuerden el caso ocurrido en la pizzería y el de los niños de la escuela primaria “Hermanos Ameijeiras” en el poblado de Guatao, ambos pertenecientes al municipio de La Lisa, entre otras experiencias de intoxicación alimentaria ocurridas hace unos años.

El timo, la avaricia desmedida y la falta de calidad en la elaboración de los alimentos que consumimos a diario van en detrimento de nuestra salud. Los consumidores no tienen seguridad en lo que ingieren ya que no existe la certeza de si los ingredientes utilizados estaban en buenas condiciones y si son todos los reflejados en las etiquetas del envase y mucho menos, a algunos fabricantes inescrupulosos les importa si los consumidores pudieran ser menores de edad.

A todo esto le sumamos que ignoramos si los productores se rigen por normas sanitarias establecidas para la confección de los alimentos y si su cumplimiento es inspeccionado por las autoridades sanitarias competentes con el rigor que supuestamente deba efectuarse.

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