HISTORIAS DE AGOSTO
La Habana, agosto, 2009
Dar un paso atrás y recordar historias vividas contiene muchos recuerdos, unos alegres algunos tristes y otros hasta risibles. Eso es lo que parece ser la vida. Este mes es un mes importante para mi, no porque sea el mes del cumpleaños de algunos amigos o el mío, si no porque es el mes donde tradicionalmente se congregaba toda la familia. Muchos o casi todos disfrutaban de sus vacaciones, nos reuníamos en un pueblo de Ciego de Ávila que se llama Ciro Redondo (Pina).
Recuerdo la unión familiar, a Chicho mi abuelo, como se mataban los puercos. Los ríos, la pesca, pozo brujo, montar a caballos, fiestas, por las noches el dominó en casa de mis abuelos, el ambiente de júbilo que existía, que añoranza, lo recuerdo casi todo.
Yo nací en la Habana por casualidad, pero casi toda mi familia es de allá y me siento orgulloso de mi ascendencia. Hasta mi papá le dedicó una poesía al pueblo, la cual les agrego.
PINA
Era zafra en mi niñez
en un pueblito de guano
y recuerdo el aire sano,
del central su placidez.
El pitar creaba estrés
llamando a la jornalera,
Mientras que la cachacera
y al viento los bagacillos,
del sol cubrían sus brillos
En mis tiempos de quimera.
Hace poco vino mi abuela de allá, pregunté por todos, cómo estaban, que era de sus vidas, en fin un verdadero interrogatorio. Ese breve momento de silencio me lo dijo todo. Cuando le dije que quería ir, por poco le provoco un infarto, enseguida se puso nerviosa y apareció la crisis económica, que el pueblo ya no era igual, las personas no son las mismas, hay que llevar lo que no hay (dinero) la cuota no alcanza y el transporte ni hablar. Hasta me habló de algo que creí, ella no sabía nada, el clima, que agosto era el mes de más ciclones y acuérdate del año donde fueron tres, etc.
Con todo el respeto del mundo, ni insistí o cuestioné, fue congruente, solo la convivencia práctica de lo que pasamos a diario es suficiente.
Para mí los que están dividiendo a los hogares son los cabezones, que no dan su brazo a torcer y piensan más en un discurso gastado, que en la realidad de las familias cubanas.
joisygarcia@gmail.com
martes, 25 de agosto de 2009
EL CAÑONAZO
La Habana, Cuba, agosto del 2009
Eran aproximadamente las tres de la tarde, hora exacta en que cuentan mataron a Lola. Personas que respeto y aprecio mucho me invitan al cañonazo de las 9:00 pm en La Cabaña. Lo pensé un breve espacio, la respuesta, para no ser un agua fiesta fue positiva, inmediatamente se me ocurrió la pregunta más práctica (cuantos litros de gasolina hacen falta, cuanto hay que llevar, no tenemos mucho).
En resumen me convencieron, el primer paso fue acudir al mercado negro y comprar gasolina que actualmente cuesta 20 pesos MN, el litro. Después de recorrer el barrio al fin apareció el líquido.
Partimos casi anocheciendo, pasando por la avenida del puerto disfrutábamos del paisaje y de los pocos barcos atracados allí.
Al llegar a La Cabaña nos dirigimos a comprar las entradas 7 pesos MN y los niños no pagaron.
Nos adentramos apurados para tratar de obtener la mejor vista posible de la ceremonia. Todo era muy bonito, un paisaje maravilloso.
Como todo padre protector, casi llegando la hora del estruendo cargué en mis hombros a mi hijo, el cual estaba atento a los detalles más mínimos.
Sonó el cañonazo y todos aplaudimos, al concluir la ceremonia nos dirigimos a los museos, les leía y comentábamos sobre las armas, que por cierto se conservan en un estado increíble a pesar del paso de los siglos.
Íbamos de salida y sonó en mis oídos una frase que me estremeció, era el verdadero cañonazo de las 9:00 pm. Con la ingenuidad que caracteriza a los niños, mi hijo pide que le compren un souvenir y como debiera ser normal un refresco o una malta, entre los cuatro mayores que estábamos, ni haciendo una ponina (recolección) llegábamos a 50 centavos (cuc), que es la moneda que sustituye al dólar y lamentablemente no todos los cubanos tenemos.
Todos los mayores nos miramos y urgentemente sacamos el libro de psicología infantil, que hemos aprendido en estos tan terribles años.
Monté silencioso e incómodo en aquel dichoso carro, y no hablé en todo el camino de regreso a casa, mi mente se llenó de la frustración más terrible que puede padecer un ser humano.
Nunca entenderé cómo nos pagan en plata si nos quieren cobrar en oro.
El chofe, con la agilidad mental que lo caracteriza, rompió el hielo, enseguida buscó una alternativa a nuestra desgracia monetaria y nos llevó a comer helados caseros y refrescos, todo de poca calidad pero en moneda nacional.
Espero que esta linda pero amarga experiencia no la tengan que experimentar las nuevas generaciones.
joisygarcia@gmail.com
La Habana, Cuba, agosto del 2009
Eran aproximadamente las tres de la tarde, hora exacta en que cuentan mataron a Lola. Personas que respeto y aprecio mucho me invitan al cañonazo de las 9:00 pm en La Cabaña. Lo pensé un breve espacio, la respuesta, para no ser un agua fiesta fue positiva, inmediatamente se me ocurrió la pregunta más práctica (cuantos litros de gasolina hacen falta, cuanto hay que llevar, no tenemos mucho).
En resumen me convencieron, el primer paso fue acudir al mercado negro y comprar gasolina que actualmente cuesta 20 pesos MN, el litro. Después de recorrer el barrio al fin apareció el líquido.
Partimos casi anocheciendo, pasando por la avenida del puerto disfrutábamos del paisaje y de los pocos barcos atracados allí.
Al llegar a La Cabaña nos dirigimos a comprar las entradas 7 pesos MN y los niños no pagaron.
Nos adentramos apurados para tratar de obtener la mejor vista posible de la ceremonia. Todo era muy bonito, un paisaje maravilloso.
Como todo padre protector, casi llegando la hora del estruendo cargué en mis hombros a mi hijo, el cual estaba atento a los detalles más mínimos.
Sonó el cañonazo y todos aplaudimos, al concluir la ceremonia nos dirigimos a los museos, les leía y comentábamos sobre las armas, que por cierto se conservan en un estado increíble a pesar del paso de los siglos.
Íbamos de salida y sonó en mis oídos una frase que me estremeció, era el verdadero cañonazo de las 9:00 pm. Con la ingenuidad que caracteriza a los niños, mi hijo pide que le compren un souvenir y como debiera ser normal un refresco o una malta, entre los cuatro mayores que estábamos, ni haciendo una ponina (recolección) llegábamos a 50 centavos (cuc), que es la moneda que sustituye al dólar y lamentablemente no todos los cubanos tenemos.
Todos los mayores nos miramos y urgentemente sacamos el libro de psicología infantil, que hemos aprendido en estos tan terribles años.
Monté silencioso e incómodo en aquel dichoso carro, y no hablé en todo el camino de regreso a casa, mi mente se llenó de la frustración más terrible que puede padecer un ser humano.
Nunca entenderé cómo nos pagan en plata si nos quieren cobrar en oro.
El chofe, con la agilidad mental que lo caracteriza, rompió el hielo, enseguida buscó una alternativa a nuestra desgracia monetaria y nos llevó a comer helados caseros y refrescos, todo de poca calidad pero en moneda nacional.
Espero que esta linda pero amarga experiencia no la tengan que experimentar las nuevas generaciones.
joisygarcia@gmail.com
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