martes, 3 de abril de 2012

Costo- beneficio, derecho-libertad.


La Habana, Cuba, abril de 2012
Joisy García Martínez.

Twttear desde un teléfono móvil en Cuba es desmedidamente costoso, casi imposible, y solo comparable con la desecación de la Ciénaga de Zapata, la erradicación de la prostitución, el analfabetismo cibernético o el juego prohibido.   

Escribir 140 caracteres a través de un teléfono celular en Cuba, por muy sencillo que esto parezca, es un lujo que pocos pueden darse y son pocas las personas que gozan del privilegio de poder acceder a la red social Twitter por los altos precio de este servicio en la telefonía y los hoteles. Una hora de acceso a internet en uno de los cibercafés, que cada vez proliferan más en las principales ciudades cuesta entre unos seis y ocho dólares, lo que representa una fortuna si se analiza que el salario promedio mensual de un cubano común es de alrededor de 20 dólares.

En la isla son pocos los que cuentan con una computadora de calidad en sus hogares. Los que logran romper la limitante de ese bloqueo interno y hacerse de un equipo de cómputo, después tienen que lidiar con las inexistentes conexiones en los hogares y los altos costos para navegar por internet en la isla. Pese a que redes sociales como Twitter y Facebook no están bloqueadas por el gobierno cubano, como algunos otros sitios de naturaleza critica y disidente, para un cubano promedio el acceso a éstas, fuera de los vigilados centros educativos se convierte en un lujo que la mayoría no se puede conceder. Pero ante estas trabas los blogueros críticos cubanos que son activos en sitios como Twitter han hallado algunas alternativas, que si bien siguen siendo costosas, nos permiten acceder con mayor frecuencia a la red y expresarnos.

Esta alternativa se da a través de mensajes de texto de 140 caracteres enviados vía celular y que posteriormente se publican en las cuentas del portal de microblogging. Participar en la red social de esta manera cuesta un peso convertible, alrededor de 24 pesos en moneda nacional, por cada tweet enviado, algo que muchos llaman "el lujo de la expresión".
Ésta opción, por ser la más costosa, es la que menos empleamos algunas decenas de cubanos que tenemos presencia en la red. El acceso a Internet y en especial a esta última alternativa de las (tic) en nuestro país es tan escasa como la carne de res y la tolerancia. Los oficialistas dicen que en la isla no se limita el acceso de los cubanos a las redes sociales, y que plataformas como Twitter y Facebook no tienen acuerdos con la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba para permitir el servicio gratuito de mensajes a esas redes desde teléfonos celulares, pero lo real es que la comunicación es compleja y excesivamente costosa para la ciudadanía en pleno siglo XXI. Cuestión esta que me hace cuestionar la supuesta función social del monopolio Telefónico cubano. 

Esta reflexión me hace recordar la solidaridad demostrada por una persona que hace poco tiempo me recargo el teléfono celular desde la internet, por lo que pude trasmitir por Twitter lo más esencial de la huelga de hambre emprendida por el doctor Jeovany Jiménez vega en Wanajay el mes de marzo. Gracias, acciones como estas me hacen pensar que los que queremos comunicarnos y expresarnos a través de las (tic) en Cuba no estamos solos, pero que debemos analizar el costo- beneficio, derecho-libertad que esta opción nos brinda.
 

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