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martes, 10 de mayo de 2011

Un susto tecnológico.


La Habana, Cuba, mayo de 2011
Carretera de San pedro.
Joisy García Martínez.

El cubano, Canis lupus de sus propios hermanos.

Las violaciones en los precios son un problema cotidiano, los ciudadanos hemos perdido la práctica de reclamar nuestros derechos y dócilmente aceptamos las violaciones y robos, que impúdicamente consentimos a diario.

El fin de semana pasado me llegue hasta la casa de mi madre para llevarle unas frutas, en el viaje sentí la necesidad de utilizar un baño y después de VARIOS MINUTOS caminando, me dirigí hacia un baño público. Una fila de aproximadamente 6 personas me esperaba, al llegar mi turno, una señora mayor y yo le abonamos a la trabajadora de la puerta 20 centavos, suponíamos que era el precio establecido por estos servicios públicos y como por ninguna otra parte se establecía su costo, dedujimos que como en otros, el precio era estándar.

La señora del establecimiento salto indignada y frente a 4 o 5 personas nos devuelve los 20 centavos, con aparente molestia e indignación nos explica que ya en Cuba nada valía ese precio, en que país creen ustedes que estamos viviendo, entre muchas cosas más que argumentaba.

Entre los bajos salarios del gobierno y estos estafadores estamos muy bien, me asegura la señora que va delante de mí en la fila.

Cansado de apretar mis labios y gesticular la cabeza en un constante no, perdí la paciencia y lancé el miedo y la indolencia de mi cabeza, en un abrir y cerrar de ojos tenia mi cámara en mano, le pregunto a la señora si estaba segura de lo que decía, y ella insistía, sin saber que yo le tomaría una foto al baño. Al tirar la foto al baño y al establecimiento, la señora me dice: mijo no hagas eso, para donde va esa foto, yo le contesto -bien bajito- que esta foto era para enriquecer un artículo que pronto se elevara a la Web y en el cual se dará a conocer los nuevos precios establecidos para las necesidades higiénico sanitarias de los cubanos, la señora perturbada empieza a devolver a todos los presentes el peso, se le veía en la cara su culpabilidad y el susto causado por la tecnología.

Yo no acepte la devolución del peso, ya estaba decidido hacer publico lo ocurrido y conversamos unos minutos los allí presentes sobre nuestra indefensión ciudadana. De ninguna utilidad seria sancionar o despedir a la trabajadora del baño público, sinembargo exigir la divulgación de los precios y la obligatoriedad de hacer cumplir lo (supuestamente establecido) a los administradores o dueños de negocios estatales, seria de beneficio,  pues pienso que esto traería menores molestias y un mejor estado de opinión de los usuarios, sin los cuales no habría razón laboral.




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