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lunes, 29 de diciembre de 2014

Conferencia Inversiones Extranjeras. Ludwing Von Mises Universidad de Buenos Aires, Argentina 1958.

Alguna gente llama a los programas de libertad económica un 'programa negativo'. Dicen: '¿Qué es lo que Uds. los liberales desean realmente? Están en contra del socialismo, del intervencionismo gubernamental, de la inflación, de la violencia sindical, de las tarifas de protección... Uds. dicen 'no' a todo'.

Yo llamaría a esta declaración una poco profunda y prejuiciada formulación del problema. Por que es posible formular un programa liberal en una forma positiva. Si una persona dice: 'Yo estoy en contra de la censura', no es negativa; está a favor que los autores tengan el derecho de determinar lo que desean publicar, sin interferencia del gobierno. Esto no es negativismo, es precisamente libertad. (Desde ya, cuando uso el término 'liberal' con respecto a las condiciones del sistema económico, quiero significar liberal en el antiguo sentido clásico de la palabra)

Actualmente, la mayor parte de la gente considera las notables diferencias en el nivel de vida de diferentes países como insatisfactoria. Hace doscientos años atrás, las condiciones en Gran Bretaña eran mucho peores que lo que hoy son en la India. Pero en 1750 los Británicos no se llamaban a sí mismos 'subdesarrollados' o 'atrasados' porque no estaban en situación de comparar las condiciones de su país con las de países en los cuales las condiciones económicas eran más satisfactorias. En la actualidad, todos los pueblos que no han alcanzado el nivel de vida promedio de los EEUU creen que hay algo que no está bien en su propia situación económica. Muchos de estos países se llaman a sí mismos "países en desarrollo" y – como tales – piden ayuda de los así llamados países desarrollados o súper-desarrollados.

Permítanme explicar la realidad de esta situación. El nivel de vida es más bajo en los denominados 'países en desarrollo' porque la utilidad promedio proveniente del mismo tipo de trabajo es más bajo en esos países que en algunos países de Europa Occidental, Canadá, Japón y – especialmente – los EEUU. Si tratamos de averiguar las razones de esta diferencia, debemos entender que no se debe a la inferioridad de los trabajadores u otros empleados. Prevalece en algunos grupos de trabajadores Norte Americanos una tendencia a creer que ellos son mejores que otra gente – que es a raíz de su propio mérito que están obteniendo salarios más altos que otra gente.

Solamente sería necesario que un trabajador Norteamericano visitara otro país – digamos Italia, de donde provienen muchos trabajadores Norteamericanos o sus antepasados – que no son sus cualidades personales sino las condiciones prevalecientes en el país las que hacen posible que el gane salarios más altos. Si un Siciliano emigra a los EEUU, muy rápidamente estará ganado un salario de un nivel habitual en los EEUU. Y si el mismo hombre vuelve a Sicilia, descubrirá que su visita a los EEUU no le ha dado cualidades que le permitan ganar, en Sicilia, salarios más altos que sus paisanos.

Ni tampoco puede explicarse esta situación económica dando por sentado algún tipo de inferioridad en los empresarios que actúan fuera de los EEUU. Es un hecho que fuera de los EEUU, Canadá, Europa Occidental y ciertas partes de Asia, el equipamiento de las fábricas y los métodos tecnológicos empleados son considerablemente inferiores a los que se encuentran dentro de los EEUU. Pero esto no se debe a la ignorancia de los empresarios en esos países subdesarrollados. Ellos saben muy bien que las fábricas en los EEUU y Canadá están mejor equipadas. Ellos saben todo lo que es necesario saber sobre tecnología, y si no lo saben, tiene la oportunidad de aprender lo que necesitan conocer a través de libros de texto y de revistas técnicas que diseminan este conocimiento.

Nuevamente: la diferencia no es la inferioridad personal o la ignorancia. La diferencia es la disponibilidad de capital, la cantidad de bienes de capital disponibles. En otras palabras, el monto de capital invertido por unidad de población es mayor en los así llamados 'países desarrollados' que en los llamados 'países subdesarrollados'.

Un empresario no puede pagar a un trabajador por encima del valor agregado por el trabajo de este empleado al valor del producto. No puede pagarle más que lo que los clientes están dispuestos a pagar por el trabajo adicional de este trabajador individual. Si le paga más, no lo recuperará de sus clientes. Incurrirá en pérdidas y, como he indicado una y otra vez y todo el mundo sabe, un empresario que sufre pérdidas debe cambiar sus métodos de hacer negocio o irá a la quiebra.

Los economistas describen este estado de cosas diciendo que 'los salarios son determinados por la productividad marginal del trabajo' Esto es solamente otra forma de expresar lo que ya he dicho antes. Es un hecho que la escala de salarios es determinada por el monto por el cual el trabajo del asalariado incrementa el valor del producto. Si una persona trabaja con herramientas mejores y más eficientes puede rendir en una hora mucho más que una persona que trabaja una hora con instrumental menos eficiente. Es obvio que 100 personas trabajando en una fábrica Norteamericana de zapatos, equipada con las más modernas herramientas y máquinas, producen mucho más, en el mismo período de tiempo, que 100 obreros del calzado en la India, que deben trabajar de una forma menos sofisticada, con herramientas anticuadas.

Los empleadores de todos estos países 'en desarrollo' saben muy bien que mejores herramientas permitirán que sus empresas sean más rentables. Les gustaría construir más y mejores fábricas. La única cosa que les impide hacerlo es la escasez de capital. La diferencia entre los países 'en desarrollo' y los países 'desarrollados' es una función de tiempo. Los Británicos comenzaron a ahorrar antes que todas las otras naciones. También comenzaron antes a acumular capital y a invertirlo en negocios. Dado que comenzaron antes, existía un más alto nivel de vida en Gran Bretaña cuando, en todos los demás países europeos, existía todavía un más bajo nivel de vida. Gradualmente, todas las otras naciones, comenzaron a estudiar las condiciones Británicas y no les fue difícil descubrir la razón de la riqueza de Gran Bretaña. Así comenzaron a imitar los métodos Británicos de negocio. Dado que las otras naciones comenzaron más tarde y que los Británicos no se detuvieron en su inversión de capitales, quedaba todavía una gran diferencia entre las condiciones de Inglaterra y las condiciones de esos otros países. Pero algo ocurrió que hizo desaparecer la ventaja de Gran Bretaña. Lo que sucedió fue el mayor evento en la historia del S. XIX, no solamente en la historia individual de algún país. Este gran evento fue el desarrollo, en el S. XIX de la inversión extranjera. En 1817, Ricardo, el gran economista Británico, daba por sentado que el capital podía ser invertido solamente dentro de las fronteras de un país. Daba por hecho que los capitalistas no tratarían de invertir en el extranjero. Pero unas pocas décadas más tarde, las inversiones de capital en el exterior comenzaron a jugar un importantísimo rol en los asuntos mundiales.

Sin inversión de capital, habría sido necesario para las naciones menos desarrolladas que Gran Bretaña, comenzar con los métodos y la tecnología con que los Británicos habían comenzado al principio y la mitad del S. XVIII, y lentamente, paso a paso – siempre muy por debajo del nivel tecnológico de la economía Británica – tratar de imitar lo que los Británicos habían hecho.

Les habría tomado – a estos países – muchas, muchas décadas para alcanzar el nivel de desarrollo tecnológico que Gran Bretaña habría alcanzado cien o más años antes que ellos. Pero el gran evento que ayudó a estos países fue la inversión extranjera.

Inversión extranjera significaba que los capitalistas Británicos invirtieron capital Británico en otras partes del mundo. Primero invirtieron en aquellos países Europeos que, desde el punto de vista de Gran Bretaña, tenían escasez de capital y estaban retrasados en su desarrollo. Es un hecho bien conocido que los ferrocarriles de la mayoría de los países Europeos, y también los de EEUU, fueron construidos con la ayuda del capital Británico. Como Uds. saben, lo mismo ocurrió en este país, Argentina.

Las compañías de gas en todas las ciudades de Europa también fueron británicas. A mediados de la década de los 1870s, un Británico, autor y poeta, criticó a sus conciudadanos. Dijo: 'Los Británicos han perdido su antiguo vigor y no tienen más nuevas ideas. No son más una nación importante, con liderazgo en el mundo'. A lo cual Herbert Spencer, el gran sociólogo, contestó: 'Mire el continente Europeo. Todas las capitales Europeas tienen luz porque una compañía de gas Británica les provee el gas'. Esto era, desde luego, en lo que nos parece la edad 'remota' de la iluminación a gas. Y siguiendo con la respuesta al crítico Británico, Herbert Spencer agregaba: 'Dice Ud. que los Alemanes están muy por delante de Gran Bretaña. Pero mire a Alemania. Aún Berlín, la capital del Reich Alemán, la capital de Geist, estaría a oscuras si una compañía de gas Británica no hubiera invadido el país e iluminado las calles'.

De la misma manera, el capital Británico desarrolló los ferrocarriles y muchas ramas de la industria en los EEUU. Y, desde luego, en la medida en que el país importa capitales, su balanza comercial se convierte en los que los no-economistas denominan 'desfavorable'. Eso significa que tiene un exceso de importaciones sobre las exportaciones. El motivo de la, para Gran Bretaña, 'favorable balanza comercial' era que las fábricas Británicas enviaban muchos tipos de equipamiento a los EEUU y este equipamiento no era pagado en dinero sino por las acciones en las empresas Norteamericanas. Este período de la historia de los EEUU se prolongó hasta los 1890s.

Pero cuando los EEUU, con la ayuda del capital Británico – y más tarde con la ayuda de sus propias políticas pro-capitalistas – desarrollaron su propio sistema económico de una forma sin precedentes, los americanos comenzaron a recomprar las acciones que en su momento habían vendido a los extranjeros. Entonces los EEUU tenían un excedente de exportaciones sobre importaciones. La diferencia fue cancelada con la importación – la repatriación, como alguien lo llamó – de las acciones de las empresas Norteamericanas. 

Este período se prolongó hasta la Primera Guerra Mundial. Lo que ocurrió después es otra historia. Es la historia de los subsidios Norteamericanos otorgados entre y después de las dos guerras mundiales a los países beligerantes; los préstamos, las inversiones hechas por EEUU en Europa, además de los préstamos-y-arriendos, la ayuda extranjera, el Plan Marshall, alimentos que fueron enviados a ultramar y otros subsidios. Enfatizo esto porque la gente a veces cree que es vergonzoso o degradante tener capital extranjero trabajando en su propio país. Debe entenderse que, en todos los países excepto Inglaterra, la inversión de capital extranjero tuvo un rol importante en el desarrollo de las modernas industrias. 

Si afirmamos que la inversión extranjera fue el mayor evento histórico del S. XIX, debe pensarse en todas las cosas que no habrían llegado a existir de no haber existido esa inversión extranjera. Todos los ferrocarriles, los puertos, las factorías y minas en Asia, el Canal de Suez y otras tantas cosas en el Hemisferio Occidental, no habrían sido construidos si no hubiera existido la inversión extranjera. 

La inversión extranjera se realiza con la expectativa que no será expropiada. Nadie invertiría nada si supiera con anticipación que alguien expropiaría su inversión. En el momento en que se realizaron dichas inversiones extranjeras en el S. XIX, y a principios del S. XX, no existía la cuestión de la expropiación. Desde el principio, algunos países mostraron una cierta hostilidad hacia el capital extranjero, pero en su mayor parte se dieron buena cuenta que obtenían una enorme ventaja de estas inversiones extranjeras. 

En algunos casos, estas inversiones extranjeras no fueron hechas directamente a capitalistas en el país de destino, sino indirectamente por medio de préstamos al respectivo gobierno. Y era entonces el gobierno quien usaba el dinero para las inversiones. Así fue, por ejemplo, el caso de Rusia. Por razones puramente políticas, los Franceses invirtieron en Rusia, en las dos décadas precedentes a la Primera Guerra Mundial, alrededor de veinte mil millones de francos oro, prestándolos principalmente al Gobierno Ruso. Todas las grandes empresas del Gobierno Ruso – por ejemplo el ferrocarril que conecta Rusia desde los Montes Urales, a través de la nieve y el hielo de Siberia, hasta el Pacífico – fueron realizadas, mayormente, con el capital extranjero prestado al Gobierno Ruso. Se darán cuenta que los franceses ni pensaron que un día habría un Gobierno Ruso comunista que simplemente declararía que no pagaba las deudas incurridas por su predecesor, el Gobierno Zarista. 

Con la Primera Guerra Mundial, comenzó un período de una guerra universal, una guerra abierta contra las inversiones extranjeras. Dado que no existe remedio alguno para prevenir que un gobierno expropie el capital invertido, no existe, prácticamente, protección legal alguna para las inversiones extranjeras en el mundo de hoy en día. Los capitalistas no previeron esto. Si los capitalistas de los países exportadores de capital se hubieran dado cuenta de ello, todas las inversiones extranjeras habrían terminado hace cuarenta o cincuenta años atrás. Pero los capitalistas no podían creer que algún país fuera tan falto de ética como para incumplir una deuda o expropiar y confiscar la inversión extranjera. Con estos hechos comenzó un nuevo capitulo de la historia económica del mundo. Y llegó al final un gran período del Siglo XIX cuando las inversiones extranjeras ayudaron a desarrollar, en todo el mundo, modernos métodos de transporte, manufactura, minería y agricultura. Llegó un nuevo período en el cual los gobiernos y los partidos políticos consideraban al inversor extranjero como un explotador que debía ser expulsado del país. 

En esta actitud anticapitalista, los soviéticos no fueron los únicos pecadores. Recuérdese, por ejemplo, la expropiación de los campos petrolíferos en México, así como las cosas que ocurrieron en esta país (Argentina) que no considero necesario comentar. 

La situación en el mundo hoy en día, creada por el sistema de expropiación del capital extranjero, consiste en: a) la expropiación directa y b) la expropiación indirecta a través de controles de cambio o de impuestos discriminatorios. Este es un problema, principalmente, de los países en desarrollo. Tómese el ejemplo del más grande estos países, la India. Bajo el sistema Británico, el capital Británico (predominantemente capital Británico pero también de otras naciones europeas) fue invertido en la India. Y los Británicos exportaron a la India algo más que debe mencionarse al respecto: exportaron a la India modernos métodos para combatir las enfermedades infecciosas. El resultado fue un tremendo incremento de la población en la India y un correspondiente incremento en los problemas de ese país. Enfrentada a una situación que empeoraba, la India se volvió hacia la expropiación como un medio de solucionar sus problemas. Pero no siempre fue una expropiación directa; el Gobierno hostigó a los capitalistas extranjeros, obstaculizando sus negocios de tal manera que estos inversores extranjeros se vieron forzados a malvender sus empresas. La India pudo así, desde luego, acumular capital por otro método, la acumulación doméstica de capital. Sin embargo la India es tan hostil a la acumulación doméstica de capital como al capital extranjero. El Gobierno de la India dice que desea industrializar su país, pero lo que realmente tiene in mente es tener empresas socialistas. Hace unos pocos años, el estadista Jawaharlal Nehru publicó una colección de sus discursos. El libro fue lanzado con la intención de hacer más atractiva la inversión extranjera en la India. El Gobierno de la India no se opone al capital extranjero antes que sea invertido. La hostilidad comienza cuando el capital ya ha sido invertido. En este libro – cito literalmente – el Sr. Nehru dice: "Desde ya deseamos concretar el socialismo. Pero no estamos opuestos a la empresa privada. Deseamos alentar, de toda forma, la empresa privada. Deseamos prometer a los empresarios que inviertan en nuestro país que nos los expropiaremos ni los socializaremos por diez años, quizás por un período más largo" ¡Y él pensaba que esto era una invitación para venir a la India! 

El problema – como Uds. saben – es la acumulación doméstica de capital. En todos los países, hoy en día, hay muy altos impuestos sobre las empresas. De hecho existe una doble imposición sobre las sociedades. Primero, las utilidades de las empresas están sujetas a muy altos impuestos y, segundo, los dividendos que esas empresas pagan a sus accionistas están nuevamente sujetos a impuestos. Y esto se hace de una forma progresiva. 

La imposición progresiva sobre las utilidades y los dividendos significa que precisamente esa parte de las utilidades que la gente podría haber ahorrado y volver a invertir, se elimina con los impuestos. Tómese el ejemplo de los Estados Unidos. Hace unos pocos años existía un impuesto sobre las "utilidades excesivas" el cual significaba que por cada dólar ganado la empresa retenía solamente dieciocho centavos. Cuando estos dieciocho centavos eran pagados como dividendos a los accionistas, aquellos que tenían una gran cantidad de acciones tenían que pagar otro sesenta ú ochenta ó aún un mayor porcentaje de los mismos como impuestos. Del dólar de utilidad podía guardarse solamente siete centavos y los otros noventa y tres centavos iban al Gobierno. De estos noventa y tres centavos, una gran parte podría haberse ahorrado o reinvertido. En cambio, el Gobierno lo usaba para gastos corrientes. Esta es la política de los Estados Unidos. 

Creo que ha quedado claro que la política de los Estados Unidos no es un ejemplo para ser imitado por otros países. Esta política de los Estados Unidos es peor que mala, es insana. La única cosa que desearía agregar es que los países ricos pueden darse el lujo de tener más políticas erróneas que un país pobre. En los Estados Unidos, a pesos de estos sistemas impositivos, existe todavía acumulación de capital e inversiones adicionales, cada año, y – por lo tanto – existe todavía una tendencia hacia el mejoramiento del nivel de vida. 

Peo en muchos otros países el problemas es muy crítico. No hay – o no hay suficiente – ahorro doméstico, y la inversión de capital desde el exterior se reduce considerablemente por el hecho que estos países son abiertamente hostiles a la inversión extranjera. ¿Cómo pueden hablar de industrialización, de la necesidad de desarrollar nuevas plantas, de mejorar condiciones, de elevar el nivel de vida, de tener mejores salarios, mejores medios de transporte, si hacen cosas que tienen precisamente el efecto contrario? Lo que sus políticas realmente logran es impedir la acumulación de capital doméstico, o reducir su tasa de crecimiento, y poner obstáculos para la llegada del capital extranjero. 

El resultado final es, ciertamente, muy malo. Tal situación ocasiona una pérdida de confianza, y hoy en día hay cada vez más y más desconfianza por parte de la inversión extranjera. Aún si dichos países cambiaran inmediatamente sus políticas e hicieran todas las promesas posibles, es muy dudoso que pudieran una vez más inspirar a los capitalistas extranjeros que inviertan. 

Existe, por supuesto, algunos métodos para evitar esta consecuencia. Uno podría ser establecer algún tipo de estatutos internacionales, no solamente acuerdos, que podrán sacar el tema de las inversiones de las jurisdicciones nacionales. Esto es algo que podrán hacer las Naciones Unidas. Pero las Naciones Unidas es simplemente un lugar de reunión para discusiones inútiles. Dándose cuenta de la enorme importancia de la inversión extranjera, comprendiendo que las inversiones extranjeras pueden producir un mejoramiento en las condiciones políticas y económicas mundiales, se podría tratar de hacer algo desde el ángulo de la legislación internacional. 

Este es un problema técnico-legal, que solamente menciono, ya que la situación no es desesperada. Si el mundo realmente quisiera hacer posible a los países no desarrollados poder elevar su nivel de vida al nivel de los Estados Unidos, entonces podría hacerse. Solamente es necesario entender cómo podría hacerse. 

Lo que falta para hacer a los países no desarrollados tan prósperos como los Estados Unidos, es solamente una cosa, capital, y – por supuesto – la libertad para utilizarlo bajo la disciplina del mercado y no bajo la disciplina de los gobiernos. Estas naciones deben promover la acumulación de capital doméstico y hacer posible que los capitales extranjeros lleguen a sus países. 

Para el desarrollo del ahorro doméstico se hace necesario mencionar otra vez que el ahorro doméstico, de las masas populares, presupone la existencia de una unidad monetaria estable. Esto implica la ausencia de cualquier clase de inflación. 

Una gran parte del capital utilizado por las compañías Estadounidenses es propiedad de los mismos trabajadores y de otra gente de modestos recursos. Billones y billones de dólares en depósitos en cajas de ahorro, de bonos y de pólizas de seguro son el capital utilizado por estas empresas. En el mercado financiero de los Estados Unidos hoy en día, los grandes prestamistas de dinero no son más los bancos sino las compañías aseguradoras, cuyo dinero es propiedad – no técnicamente pero sí desde un punto de vista económico – de los asegurados. Y prácticamente cualquier persona en los Estados Unidos está asegurada, de una u otra forma. El prerrequisito para una mayor igualdad económica en el mundo es la industrialización. Y ésta es posible solamente a través de un incremento en la inversión de capital, una mayor acumulación de capital. Quizás Uds. estén asombrados que no he mencionado una medida que se considera el método primordial para industrializar un país. Hablo del proteccionismo. Pero las tarifas y los controles de cambio son exactamente los medios para impedir la inversion de capital en un país y su industrialización. El único camino para incrementar la industrialización es tener más capital. El proteccionismo solamente desvía las inversiones de un sector de negocios a otro. El proteccionismo, por sí solo, no agrega nada al capital de un país. Paras instalar una nueva fábrica uno necesita capital. Para mejorar una fábrica ya existente uno necesita capital, no una tarifa. 

No deseo explayarme sobre el problema de la libertad de comercio o sobre el proteccionismo. Espero que la mayor parte de sus libros de texto sobre economía, lo expliquen de una manera adecuada. La protección no mejora la situación económica de un país. Y lo que ciertamente no la mejora, es el sindicalismo. Si las condiciones son insatisfactorias, si los salarios son bajos, si el salariado de un país mira a los Estados Unidos y lee sobre lo que pasa allí, si ve en las películas como el hogar de un Estadounidense promedio estás equipado con todo el confort moderno, puede tener envidia. Tiene toda la razón en decir "Deberíamos tener lo mismo". Pero la única manera de obtenerlo es el incremento del capital. 

Los sindicatos usan de la violencia contra los empresarios y contra la gente a quien llaman "rompehuelgas". A pesar de su poder y de su violencia, sin embargo, los sindicatos no pueden elevar los salarios, continuamente, para todos los asalariados. Igualmente inefectivos son los decretos gubernamentales fijando salarios mínimos. Lo que los sindicatos logran, si tienen éxito en elevar las escalas salariales, es un permanente, duradero desempleo. 

Pero los sindicatos no pueden industrializar el país, no pueden elevar el nivel de vida de los trabajadores. Y éste es el punto crítico. Debe comprenderse que todas las políticas de un país, cuyo objetivo sea mejorar el nivel de vida, deben dirigirse hacia un incremento de la inversión de capital per cápita. Esta medida de inversión de capital per cápita todavía se está incrementando en los Estados Unidos, a pesar de todas sus malas políticas. Lo mismo es cierto respecto a Canadá y a algunos países de Europa Occidental. Pero, infortunadamente, se está reduciendo en países como la India. 

Leemos todos los días en los periódicos que la población mundial se está volviendo cada vez más grande, quizás 45 millones de personas – ó aún más – por año. ¿Cómo terminará esto? ¿Cómo serán los resultados y las consecuencias? Recuerden lo que dije sobre Gran Bretaña. En 1750 los Británicos pensaban que seis millones de habitantes constituían una tremenda sobrepoblación para las Islas Británicas y que estaban encaminados hacia hambrunas y plagas. Pero al principio de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, cincuenta millones de habitantes vivían en las Islas y con un nivel de vida incomparablemente superior al que habían tenido en 1750. Esto fue el efecto de lo que se denomina industrialización, una palabra algo inadecuada. El progreso de Gran Bretaña se originó en el incremento de la inversión de capital per cápita. Como mencioné antes, existe un solo camino para que una nación logre la prosperidad. Si se incrementa el capital, se incrementa la productividad marginal del trabajo, y el resultado será que los salarios reales se elevarán. En un mundo sin barreras a las migraciones, habría una tendencia mundial hacia el igualamiento de los noveles salariales. Si no existieran barreras a las migraciones hoy en día, probablemente veinte millones de personas, por año, tratarían de llegar los Estados Unidos, para conseguir mejores salarios. Ese influjo reduciría los salarios en los Estados Unidos y los aumentaría en otros países. 

No dispongo del tiempo para analizar este problema de las barreras a las migraciones. Pero deseo remarcar que existe otro método para el igualamiento de los noveles salariales en todo el mundo. Este otro método, que opera en ausencia de la libertad para migrar, es la migración de capital. Los capitalistas tienen la tendencia de mudarse hacia aquellos países donde exista una gran cantidad de fuerza laboral disponible y en los cuales los resultados del trabajo sean razonables. Y por el hecho que exportan capital a esos países dan lugar a un a tendencia hacia mayores niveles salariales. Esto ha funcionado así en el pasado y funcionará en el futuro de la misma manera. 

Cuando el capital Británico fue invertido por primera vez en – digamos – Austria o Bolivia, los niveles salariales eran muy, muy inferiores a los prevalecientes en Gran Bretaña. Pero esta inversión adicional de capital dio lugar a una tendencia hacia mayores salarios en esos países. Y dicha tendencia prevaleció en todo el mundo. Es un hecho bien conocido, por ejemplo, que tan pronto la United Fruit Company se instaló en Guatemala, el resultado fue una tendencia general hacia mayores niveles salariales, comenzando con los salarios que pagaba la United Fruit Company, lo que hizo necesario que otros empleadores pagaran también salarios más altos. Por lo tanto, no existe razón alguna para ser pesimista respecto al futuro de los países "no desarrollados" 

Estoy totalmente de acuerdo con los comunistas y con los sindicatos cuando dicen "Lo que se necesita es elevar el nivel de vida". Hace poco tiempo, en un libro publicado en los Estados Unidos, un profesor indicó: "Ahora tenemos suficiente de todo, ¿por qué la gente en el mundo trabaja tan duro todavía?" No dudo que este profesor tiene de todo. Pero existe otra gente en otros países, también mucha gente en los Estados Unidos, que desean y deberían tener un mejor novel de vida. Fuera de los Estados Unidos – en América Latina y, aún más, en Asia y en África – todos desean ver mejoradas las condiciones en su propio país. Un más alto nivel de vida trae aparejado u más alto de nivel de cultura y civilización. 

Así es que estoy totalmente de acuerdo con la meta final de elevar el nivel de vida en todas partes. Pero estoy en desacuerdo con las medidas que deben adoptarse para llegar a esa meta. ¿Qué medidas nos permitirán llegar a ese fin? No la protección, no la interferencia del gobierno, no el socialismo, y – ciertamente – no la violencia de los sindicatos (eufemísticamente llamada negociación colectiva, de hecho, negociación a punta de pistola) 

Para llegar a esa meta, como yo lo veo, ¡hay solamente un camino! Es un método lento. Alguna gente hasta podría decir: demasiado lento. Pero no hay atajos para llegar al paraíso terrenal. Lleva tiempo y se debe trabajar. Pero no toma tanto tiempo como la gente cree, y finalmente se llegará al objetivo buscado. En 1840, en la parte occidental de Alemania – en Swabia y Würtemberg que era de las áreas más industrializadas del mundo – se decía: "Nunca podremos alcanzar el nivel de los Británicos, tienen la ventaja de haber empezado antes y siempre nos llevarán la delantera" Treinta años más tarde los Británicos decían: "Esta competencia de Alemania no podemos aguantarla más, debemos hacer algo para eliminarla". En ese momento el nivel de Alemania estaba subiendo muy rápidamente aproximándose al nivel Británico. Y al presente, el nivel de ingreso per cápita de Alemania no está, en absoluto, por detrás del Británico. 

En el centro de Europa está Suiza, un pequeño país al que la naturaleza ha dotado muy pobremente. No tiene minas de carbón, no tiene minerales, no tiene recursos naturales. Pero su gente, a través de los siglos, siguió continuamente una política capitalista. Han desarrollado el más alto nivel de vida en Europa Continental y su país se ubica entre los más grandes centros de civilización en el mundo. No veo porque Argentina – que es mucho más grande que Suiza, tanto en población como en superficie – no podría obtener el mismo alto nivel de vida después de algunos años de buenas políticas. Pero – como he señalado antes – las políticas deben ser buenas.

Muchas gracias a Margir Von Mises al publicar estás magníficas y esclarecedoras conferencias, su pedido se hace realidad, no sólo académicos leen las conferencias de nuestro Mises...; y como usted, también albergamos la  esperanza de que sus libros puedan estar disponibles algún día para la audiencia joven, especialmente en escuelas secundarias y universidades de Cuba, y de todo el mundo. Gracias.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Conferencia Inflación. Ludwing von Mises Universidad de Buenos Aires, Argentina 1958.

Si la provisión de caviar fuera tan abundante como la provisión de papas, el precio del caviar – esto es el tipo de intercambio entre el caviar y el dinero o entre el caviar y otros productos – cambiaría considerablemente. En este caso se podría obtener caviar a un sacrificio menor que el que se requiere actualmente. De la misma manera, si se incrementa la cantidad de dinero, el poder de compra de la unidad monetaria se reduce, y la cantidad de bienes que puede obtenerse por una unidad de esa moneda también se reduce.

Cuando, en el Siglo XVI, los depósitos de oro y plata en América fueron descubiertos y explotados, enormes cantidades de los metales preciosos fueron transportadas a Europa. El resultado de este incremento en la cantidad de dinero fue una tendencia general a un movimiento hacia arriba de los precios en Europa. De la misma manera, en la actualidad, cuando un gobierno incrementa la cantidad de papel moneda, el resultado es que el poder de compra de la unidad de moneda comienza a caer, y los precios a subir. Esto es denominado inflación. Desgraciadamente, en los EEUU, como así también en otros países, la gente prefiere atribuir la causa de la inflación no al incremento de la cantidad de moneda sino, más bien, al incremento de los precios.

Sin embargo, nunca ha habido algún argumento serio contra la interpretación económica de la relación entre los precios y la cantidad de moneda, o el tipo de intercambio entre el dinero y otros bienes, productos y servicios. Bajo las actuales condiciones tecnológicas, nada hay más fácil que producir pedazos de papel sobre los cuales se imprimen ciertas cantidades monetarias. En los EEUU, donde todos los billetes son del mismo tamaño, no le cuesta más al gobierno imprimir un billete de mil dólares que imprimir un billete de un dólar. Se trata meramente de un procedimiento de impresión que requiere la misma cantidad de papel y tinta.

En el Siglo XVIII, cuando se hicieron los primeros intentos de emitir billetes de banco y de otorgar a estos billetes de banco la característica de curso legal – esto es, el derecho de ser aceptados en las transacciones de intercambio de la misma manera en que eran aceptadas las piezas de oro y de plata – los gobiernos y las naciones creyeron que los banqueros tenían algún conocimiento secreto que les permitía – de la nada – producir riqueza. Cuando los gobiernos del Siglo XVIII se encontraban en dificultades financieras, pensaban que lo único que necesitaban era un banquero inteligente a la cabeza de su administración financiera para deshacerse de las dificultades.  

Algunos años antes de la Revolución Francesa, cuando la realeza de Francia estaba en problemas financieros, buscó un banquero así de inteligente y lo designó en una alta posición. Este hombre era, en todos los aspectos, lo opuesto de la gente que, hasta ese momento, había gobernado Francia. Primero que todo, no era un francés, era un extranjero – un suizo de Ginebra – Jacques Necker. Segundo, no era un miembro de la aristocracia, era un hombre del común. Y lo que era aún más importante en la Francia del Siglo XVIII, no era católico, era protestante. Y así, Monsieur Necker, el padre de la famosa Madame de Staël, se convirtió en el Ministro de Finanzas, y todos esperaban que él resolviera los problemas financieros de Francia. Pero a pesar del altísimo grado de confianza que disfrutaba Monsieur Necker, el tesoro real permanecía vacío; el mayor error de Monsieur Necker había sido su intento de financiar la ayuda a los colonos Norte Americanos en su guerra de independencia contra Inglaterra, sin aumentar los impuestos. Este era ciertamente el camino equivocado para acometer la solución de las dificultades financieras de Francia. 

No existe un camino secreto para la solución de los problemas financieros de un gobierno; si necesita dinero, tiene que obtener el dinero gravando con impuestos a sus ciudadanos (o, bajo condiciones especiales, tomando préstamos de la gente que tenga el dinero) Pero muchos gobiernos, podríamos decir casi todos los gobiernos, piensan que hay otro método para obtener el dinero que necesitan: simplemente imprimirlo. 

Si el gobierno desea hacer algo beneficioso – si, por ejemplo, desea construir un hospital – la manera de encontrar el dinero que necesita para este proyecto es gravar con impuestos a los ciudadanos y construir el hospital con los ingresos provenientes de los impuestos. Y entonces no ocurrirá ninguna 'revolución de precios' ya que cuando el gobierno cobra el dinero para la construcción del hospital, los ciudadanos – habiendo pagado los impuestos – están forzados a reducir sus gastos. El contribuyente está forzado a reducir ya sea sus consumos, sus inversiones o sus ahorros. El gobierno, apareciendo en el mercado como un comprador, reemplaza al ciudadano: el individuo compra menos, pero el gobierno compra más. El gobierno, desde luego, no siempre compra los mismos bienes que los ciudadanos habrían comprado, pero en promedio no existe incremento alguno en los precios debido a que el gobierno construya un hospital. Elijo este ejemplo porque la gente a veces dice: 'Hay una diferencia si el gobierno usa su dinero para buenos o malos fines' Deseo suponer que el gobierno siempre usa el dinero que ha impreso con los mejores fines – fines con los cuales todos estamos de acuerdo. Pero no es la manera en que el dinero es utilizado, sino la forma en que el dinero es obtenido, lo que provoca esas consecuencias que llamamos inflación y que la mayor parte de la gente en el mundo actualmente no considera beneficiosa. 

Por ejemplo, sin inflar la cantidad de dinero, el gobierno podría usar el dinero proveniente de impuestos para tomar nuevos empleados o para aumentar los sueldos de aquellos que ya están al servicio del gobierno. Entonces esta gente, cuyos salarios han sido incrementados, están en posición de comprar más- Cuando el gobierno grava con impuestos a los ciudadanos y usa ese dinero para aumentar los sueldos de los empleados del gobierno, los contribuyentes tienen menos para gastar, y los empleados públicos tienen más. Los precios, en general, no se incrementarán. 

Pero si el gobierno no usa el dinero proveniente de impuestos para este objetivo, y si en cambio usa dinero recién impreso, significa que habrá gente que ahora tiene más dinero en tanto que otra gente tendrá la misma cantidad que tenía antes. Así, aquellos que recibieron el dinero recién impreso estarán compitiendo con aquella gente que ya antes era compradora. Y dado que no hay más productos que los que existían antes pero hay más dinero en el mercado – y dado que hay ahora gente que hoy puede comprar más que lo que podría haber comprado ayer – habrá una demanda adicional por la misma cantidad de bienes. Como consecuencia, los precios tenderán a subir. Esto no puede evitarse, no importa el uso que se le dé a este dinero recién emitido. Y más importante aún, esta tendencia de los precios de ir hacia arriba se desarrollará paso a paso; no es un movimiento general hacia arriba de lo que ha sido denominado 'nivel de precios'. La expresión metafórica 'nivel de precios' nunca debe usarse. Cuando la gente habla de un 'nivel de precios' piensa en la imagen del nivel de un líquido que va hacia arriba o hacia debajo de acuerdo con el aumento o reducción de su cantidad, pero que, como el líquido en un tanque, siempre sube uniformemente. Pero en los precios no existe tal cosa como un 'nivel'. Los precios no cambian con la misma amplitud y en el mismo momento. Siempre hay precios que cambian más rápidamente, subiendo o bajando más rápidamente que otros precios. Y existe una razón para ello. 

Considere el ejemplo del empleado público que recibió ese nuevo dinero agregado al dinero circulante. La gente no compra hoy precisamente los mismos bienes y en las mismas cantidades en que lo hizo ayer. El dinero adicional que el gobierno imprimió e introdujo en el mercado no es utilizado para comprar todos los bienes y servicios. Es utilizado para la compra de ciertos bienes, cuyos precios subirán, mientras que otros productos se mantendrán en los mismos precios vigentes antes que el nuevo dinero fuera puesto en el mercado. Por ello, cuando la inflación comienza, diferentes grupos dentro de la población son afectados por esta inflación en forma diferente. Aquellos grupos que consiguen el nuevo dinero son los primeros en ganar un beneficio temporario. 

Cuando el gobierno infla la cantidad de dinero para librar una guerra, tiene que comprar municiones, y los primeros en obtener el dinero adicional son los fabricantes de municiones y los trabajadores de esas industrias. Estos grupos están ahora en una posición muy favorable. Tienen mayores ganancias y mayores sueldos; su negocio se mueve. ¿Por qué? Porque ellos fueron los primeros en recibir el dinero adicional. Y teniendo ahora más dinero a su disposición, están comprando. Y están comprando a otra gente que está fabricando y vendiendo los productos que desean estos fabricantes de municiones. Esta otra gente forma un segundo grupo. Y este segundo grupo considera a la inflación como muy buena para los negocios. ¿Por qué no? ¿No es maravilloso vender más? Por ejemplo, dice el propietario de un pequeño restaurante en la vecindad de una fábrica de municiones: '¡Es realmente fabuloso! Los trabajadores de la fábrica de municiones tienen más dinero, hay muchos más trabajadores ahora que antes, todos vienen a mi restaurante. Estoy muy feliz por eso'. No ve razón alguna para pensar de otra manera. 

Esta es la situación: aquella gente a quien el dinero llega primero ahora tiene un mayor ingreso y todavía pueden comprar muchos productos y servicios a precios que corresponden a la anterior situación del mercado, la situación que existía al comienzo de la inflación. Por consiguiente están en una posición favorable. Y así la inflación continúa paso a paso, de un grupo de la población a otro. Y todos aquellos a quienes el dinero adicional les llega al principio de la situación inflacionaria se benefician, porque están comprando algunas cosas a precios todavía correspondientes a la fase previa del tipo de intercambio entre el dinero y los bienes. 

Pero existen otros grupos en la población a quienes este dinero adicional les llega mucho, mucho más tarde. Esta gente está en una posición desfavorable. Antes que ese dinero adicional les llegue, están forzados a pagar mayores precios que los que pagaban antes por algunos – o por prácticamente todos – los productos que desean comprar en tanto que su ingreso ha continuado siendo el mismo, o no se ha incrementado proporcionalmente con los precios.

Considere, por ejemplo, un país como los EEUU durante la Segunda Guerra Mundial; por un lado, la inflación de esa época favoreció a las industrias fabricantes de municiones, los fabricantes de armas, los trabajadores de esas empresas, mientras que por otro lado operó en contra de otros grupos de la población. Y los que sufrieron las mayores desventajas por la inflación fueron los maestros y los ministros religiosos. 

Como saben, un ministro religioso es una persona muy modesta que sirve a Dios y no debe hablar demasiado sobre el dinero. Los maestros, así mismo, son personas muy dedicadas quienes se supone deben pensar más sobre la educación de los jóvenes que sobre sus salarios. Por consiguiente, los maestros y los ministros religiosos, estuvieron entre aquellos que fueron más penalizados por la inflación, ya que las diferentes escuelas e iglesias fueron los últimos en darse cuenta que debían subir los sueldos. Cuando los consejeros de las iglesias y las entidades escolares finalmente descubrieron que, después de todo, también debían aumentarse los salarios de esa gente tan dedicada, las pérdidas anteriores que habían sufrido quedaron sin solucionar. 

Por un largo tiempo, tuvieron que comprar menos que lo que compraban antes, reducir su consumo de alimentos mejores y más costosos, restringir su compra de ropa, ya que los precios se habían ajustado hacia arriba, en tanto que sus ingresos, sus salarios, no habían sido todavía aumentados (Esta situación ha cambiado considerablemente en la actualidad, por lo menos para los maestros) 

Por lo tanto, existen siempre diferentes grupos en la población afectados en forma diferente por la inflación. Para algunos de ellos, la inflación no es tan mala; más aún, piden que continúe porque son los primeros en obtener provecho de ella. Veremos en la próxima conferencia cómo esta desigualdad en las consecuencias de la inflación afecta vitalmente las políticas que llevan hacia la misma. 

Bajo estos cambios provocados por la inflación, tenemos grupos que son favorecidos por la misma y grupos de 'especuladores', que están directamente especulando. No uso el término 'especulador' como un reproche a esta gente, ya que si a alguien debe responsabilizarse, es al gobierno, que estableció la inflación. Y siempre hay grupos que favorecen la inflación, porque se dan cuenta de lo que sucede más rápidamente que el resto de la gente. Sus ganancias especiales se deben al hecho que necesariamente habrá desigualdad en el proceso inflacionario. 

El gobierno puede pensar que la inflación – como método de allegar fondos – es mejor que gravar con impuestos que siempre es impopular y dificultoso. En muchas naciones ricas y grandes los legisladores han a menudo discutido, por meses y meses, las diferentes formas de nuevos impuestos que se volvían necesarios ya que el parlamento había decidido incrementar los gastos. Habiendo discutido diferentes métodos de obtener el dinero por medio de impuestos, finalmente decidían que quizás era mejor hacerlo por medio de la inflación. 

Pero desde ya la palabra 'inflación' no era utilizada. El político en el poder que avanza hacia la inflación no anuncia: 'Estoy avanzando hacia la inflación' Los métodos técnicos para lograr la inflación son tan complicados que el ciudadano común no se da cuenta que la inflación ha empezado. 

Una de las mayores inflaciones en la historia ocurrió en el Reich Alemán después de la Primera Guerra Mundial. La inflación no fue tan importante durante la guerra; fue la inflación después de la guerra lo que provocó la catástrofe. El gobierno no dijo: 'Estamos avanzando hacia la inflación' El gobierno simplemente tomó dinero prestado, muy indirectamente, del banco central. El gobierno no tenía que preguntar cómo el banco central encontraría y entregaría el dinero. El banco central simplemente lo imprimió. 

En la actualidad las técnicas para realizar la inflación se complican por el hecho que existe el dinero de chequera. Supone otras técnicas, pero el resultado es el mismo. De un plumazo el gobierno crea dinero por decreto (fiat money), aumentando así la cantidad de dinero y crédito. Simplemente el gobierno emite una orden, y el dinero por decreto aparece. 

Al gobierno no le preocupa, al principio, que algunas personas pierdan, no le preocupa que los precios se vayan para arriba. Los legisladores dicen: '¡Este es un sistema maravilloso!' Pero este sistema maravilloso tiene una debilidad fundamental: no puede durar. Si la inflación pudiera seguir eternamente, no tendría sentido indicar a los gobiernos que no deben inflar la cantidad de dinero. Pero la verdad sobre la inflación es que, tarde o temprano, debe terminar. Es una política que no puede durar. 

En el largo plazo la inflación termina destruyendo la moneda; se llega a una catástrofe, a una situación como la Alemania en 1923. El 1º de Agosto de 1914 el valor del dólar era de cuatro marcos y veinte pfennings. Nueve años y tres meses más tarde, en Noviembre de 1923, el valor del dólar era 4,2 trillones de marcos. En otras palabras, el marco no valía nada, nunca más tuvo algún valor. 

Hace algunos años, un famoso autor, John Maynard Keynes, escribió: 'En el largo plazo, estamos todos muertos' Tengo el pesar de decirles que esto ciertamente es verdad. Pero la pregunta es ¿cuán corto o largo será el corto plazo? En el Siglo XVIII existió una famosa dama, Madame de Pompadour, a quien se le atribuye el dicho: 'Après nous le déluge' ('Después de nosotros el diluvio') Madame de Pompadour tuvo la suerte de morirse en el corto plazo. Pero su sucesora en el puesto, Madame du Barry, sobrevivió el corto plazo y fue guillotinada en el largo plazo. Para mucha gente el 'largo plazo' rápidamente se convierte en el 'corto plazo' – y el mayor tiempo que continúe la inflación, más rápido se cumplirá el 'corto plazo'. 

¿Cuánto puede durar el 'corto plazo'? ¿Durante cuánto tiempo puede un banco central continuar con la inflación? Probablemente todo el tiempo que la gente continúe convencida que el gobierno, tarde o temprano, pero ciertamente no demasiado tarde, dejará de imprimir dinero y de ese modo detendrá la reducción del valor de la unidad de moneda. 

Cuando la gente no crea más en ello, cuando se den cuenta que el gobierno seguirá y seguirá sin intención alguna de detenerse, entonces comenzarán a entender que mañana los precios serán más altos que hoy. Entonces comenzarán a comprar a cualquier precio, haciendo que los precios suban a tales alturas que el sistema monetario se destroza. 

Me refiero al caso de Alemania, que el mundo entero estaba observando. Muchos libros han descrito los eventos de esa época (Aunque yo no soy alemán, sino austriaco, pude ver todo desde adentro: en Austria, las condiciones no eran muy diferentes de las de Alemania, ni eran muy diferentes en muchos otros países europeos) Por varios años el pueblo alemán creyó que su inflación era un asunto temporario, que pronto terminaría. Lo creyeron por casi nueve años, hasta el verano de 1923. Entonces, finalmente, empezaron a dudar. Como la inflación continuaba, la gente pensó que era más prudente comprar cualquier cosa disponible en lugar de guardar el dinero en sus bolsillos. Además razonaron que no se debía dar préstamos en dinero, sino que era una buena idea ser un deudor. Y así la inflación continuaba alimentándose a sí misma. 

Y la inflación continuó en Alemania hasta, exactamente, el 20 de Noviembre de 1923. Las masas habían creído que el dinero inflacionario era dinero real, pero entonces hallaron que las condiciones habían cambiado. Hacia el final de la inflación alemana, en el otoño de 1923, las fábricas alemanas pagaban a sus trabajadores, cada mañana, por adelantado, el salario del día. Y el trabajador, que llegaba a la fábrica con su esposa, le entregaba inmediatamente su salario – todos los millones que le pagaban. Y la señora inmediatamente iba a una tienda a comprar alguna cosa, sin importar qué. Ella se daba cuenta lo que la mayor parte de la gente ya sabía en ese momento – que durante la noche, de un día para el otro, el marco perdía el 50% de su poder de compra. El dinero, como el chocolate en un horno caliente, se derretía en los bolsillos de la gente. Esta última fase de la inflación alemana no duró mucho tiempo; después de unos pocos días, toda la pesadilla se había terminado: el marco no tenía valor y debió crearse una nueva moneda. 

Lord Keynes, el mismo que dijo que en el largo plazo todos estamos muertos, fue uno de una larga lista de autores inflacionistas del Siglo XX. Todos escribieron contra el valor oro (gold standard – equivalente de la moneda en oro) Cuando Keynes atacó el valor oro, lo llamó una 'reliquia bárbara'. Y la mayor parte de la gente actualmente considera ridículo hablar de una vuelta al valor oro. En los EEUU, por ejemplo, se considera que uno es un soñador si dice: 'Más tarde o más temprano los EEUU deberán retornar al gold standard' 

Pero el gold standard tiene una virtud tremenda: la cantidad de dinero bajo el gold standard es independiente de las políticas de los gobiernos y de los partidos políticos. Ésta es su ventaja. Es una forma de protección contra los gobiernos despilfarradores. Si, bajo el gold standard, a un gobierno se le requiere gastar dinero para algo nuevo, el ministro de finanzas puede decir: 'Y donde consigo el dinero? Dígame, primero, como haré para encontrar el dinero para este gasto adicional' 

Bajo un sistema inflacionario, nada es más simple de hacer para los políticos que ordenar a la imprenta del gobierno proveerles cuanto dinero necesiten para sus proyectos. Bajo un gold standard, un gobierno sano tiene una mejor oportunidad; sus líderes pueden decirle al pueblo y a los políticos: 'No podemos hacerlo a menos que subamos los impuestos'. Pero bajo condiciones inflacionarias, la gente adquiere el hábito de considerar al gobierno como una institución con medios ilimitados a su disposición: el estado, el gobierno, puede hacer cualquier cosa. Si, por ejemplo, la nación desea un nuevo sistema de carreteras, se espera que el gobierno lo construya. Pero ¿dónde obtendrá el dinero el gobierno? 

Uno podría decir que en los EEUU hoy – y aún en el pasado bajo McKinley – el partido Republicano estaba más o menos a favor del dinero sano y del gold standard, y el partido Demócrata estaba a favor de la inflación, desde ya no la inflación de papel, sino la inflación metálica, de la plata. 

Fue, sin embargo un presidente Demócrata de los EEUU, el Presidente Cleveland, quien hacia fines de los 1880s vetó una decisión del Congreso de dar una pequeña suma – alrededor de u$s 10.000 – para ayudar a una comunidad que había sufrido un cierto desastre. Y el Presidente Cleveland justificó su veto escribiendo: 'En tanto es el deber de los ciudadanos mantener al gobierno, no es el deber del gobierno mantener a los ciudadanos' Esto es algo que cada estadista debería escribir en la pared de su oficina para mostrarle a la gente que llega pidiendo dinero. 

Estoy algo avergonzado por la necesidad de simplificar estos problemas. Hay tantos problemas complejos en el sistema monetario, y yo no hubiera escrito volúmenes sobre ellos si fueran tan simples como estoy describiéndolos aquí. Pero los conceptos fundamentales son precisamente éstos: si incrementa la cantidad de moneda, provoca la reducción del poder de compra de la unidad monetaria. Esto es lo que no le gusta a la gente cuyos asuntos privados son desfavorablemente afectados. La gente que no se beneficia de la inflación, es la gente que se queja. 

Si la inflación es perjudicial, y la gente se da cuenta de ello, ¿por qué se ha convertido casi en una forma de vida en todos los países? Aún algunos de los más ricos países sufren esta enfermedad. Los EEUU son, en la actualidad, el más rico país del mundo, con el más alto nivel de vida. Cuando se viaja por los EEUU, se descubre que hay una constante conversación sobre la inflación y la necesidad de detenerla. Pero solamente hablan, no actúan. 

Para darles solamente algunos hechos: después de la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña retornó a la paridad de la libra en oro que tenía antes de la guerra. Esto es, revaluó la libra hacia arriba. Esto incrementó el poder de compra de los salarios de todos los trabajadores. En un mercado libre, sin trabas, el salario nominal en dinero debería haber caído para compensar esto, y el salario real de los trabajadores no habría sufrido. No nos da el tiempo aquí para discutir las razones de este aserto. Pero los sindicatos en Gran Bretaña no estaban deseosos de aceptar un ajuste hacia abajo de los niveles en dinero de los salarios en razón del aumento del poder de compra. En consecuencia, los salarios reales aumentaron considerablemente por estas medidas monetarias. Esta fue una seria catástrofe para Gran Bretaña, ya que este país es predominantemente un país industrial, que debe importar sus materias primas, productos a medio elaborar y alimentos para poder vivir, y tiene que exportar productos manufacturados para poder pagar dichas importaciones. Con el incremento del valor internacional de la libra, los precios de las mercaderías británicas crecieron en los mercados extranjeros y las ventas y exportaciones declinaron. Gran Bretaña, en efecto, había establecido sus precios fuera del mercado mundial. 

Los sindicatos no podían ser derrotados. Todos conocen el poder de un sindicato en la actualidad. Tiene el derecho, prácticamente el privilegio, de recurrir a la violencia. Y una orden del sindicato es, por lo tanto, digamos no menos importante que un decreto gubernamental. El decreto del gobierno es una orden para cuyo cumplimiento se encuentra disponible el aparato estatal, la policía. Deben obedecerse los decretos del gobierno, de lo contrario se tendrán dificultades con la policía. Lamentablemente, tenemos hoy – en casi todos los países del mundo – un segundo poder que tiene la posibilidad de ejercitar la fuerza: los sindicatos obreros. Los sindicatos establecen salarios y luego hacen una huelga para ponerlos en práctica en la misma manera en que el gobierno puede decretar un nivel de salario mínimo. No discutiré ahora la cuestión de los sindicatos, lo haré después. Sólo deseo dejar establecido que es la política de los sindicatos incrementar los salarios a niveles por encima de los niveles que tendrían en un mercado libre, sin trabas. Como resultado, una parte considerable de la potencial fuerza laboral puede ser empleada solamente por gente o industrias que estén dispuestas a sufrir pérdidas. Y, dado que los negocios no pueden mantenerse sufriendo pérdidas, cierran sus puertas y los empleados se convierten en desempleados. El establecer niveles de salarios por arriba del nivel que tendrían en un mercado libre y sin trabas resulta siempre en el desempleo de una parte considerable de la potencial fuerza laboral. 

En Gran Bretaña, el resultado de los altos niveles de salarios, forzados por los sindicatos, fue un perdurable desempleo, prolongado año tras año. Millones de trabajadores estaban sin empleo, los volúmenes de producción caían. Inclusive los expertos estaban perplejos. En esta situación el gobierno Británico tomó una decisión que consideró una medida indispensable, de emergencia: devaluó su moneda. 

El resultado fue que el poder de compra de los salarios en dinero, sobre los cuales los sindicatos habían insistido, no era más el mismo. Los salarios reales, los salarios medidos en bienes, quedaron reducidos. Ahora al trabajador no le era posible comprar todo lo que le había sido posible comprar antes, aún cuando el salario nominal permanecía en el mismo nivel. De esta manera, se pensó, los salarios reales retornarían a los niveles de un mercado libre y el desempleo desaparecería. 

Esta medida – la devaluación – por otros países como Francia, Holanda y Bélgica. Un país, inclusive, recurrió a esta medida dos veces en el período de un año y medio. Ese país era Checoslovaquia. Era un método subrepticio, digamos, para frustrar el poder de los sindicatos. Pero, sin embargo, no podría llamársele un éxito real.

Pocos años después, la gente, los trabajadores, aún los sindicatos, comenzaron a entender lo que estaba sucediendo. Llegaron a entender que la devaluación de la moneda había reducido sus salarios reales. Los sindicatos tenían el poder para oponerse a esto. En muchos países insertaron una cláusula en los contratos laborales en el sentido que los salarios en dinero deben incrementarse automáticamente con el incremento registrado en los precios. A esto se lo denomina indexación. Los sindicatos se hicieron conscientes de los índices. Y así, este método de reducir el desempleo, que el gobierno de Gran Bretaña comenzó en 1931, y que fue luego adoptado por casi todos los gobiernos importantes, éste método de 'resolver el desempleo' hoy ya no funciona. 

En 1936, en su Teoría General de Empleo, Interés y Dinero, Lord Keynes lamentablemente elevó este método – las medidas de emergencia del período entre 1929 y 1933 – a la categoría de principio, de un fundamental sistema de política. Y lo justificó, en efecto, diciendo: 'El desempleo es malo. Si desea que el desempleo desaparezca, debe incrementar la cantidad de moneda' 

Entendía muy bien que los niveles de los salarios pueden ser demasiado altos para el mercado, esto es, demasiado altos para hacer rentable a un empleador incrementar su fuerza laboral, por lo tanto demasiado altos desde el punto de vista del total de la población laboral, dado que con niveles de salarios por arriba del nivel de mercado impuestos por los sindicatos, solamente una parte de los que están ansiosos por ganar un sueldo, puedan obtener un trabajo. 

Y Keynes, en efecto, dijo: 'Ciertamente, el desempleo masivo, prolongado año tras año, es una muy insatisfactoria condición' Pero en vez de sugerir que los niveles de los salarios podían y debían ser ajustados a las condiciones del mercado, en realidad dijo: 'Si uno devalúa la moneda y los trabajadores no son suficientemente inteligentes para darse cuenta, no ofrecerán resistencia contra una caída en los niveles de los salarios reales, en tanto los niveles de salarios nominales permanezcan iguales' En otras palabras, Lord Keynes decía que si una persona obtiene hoy el mismo monto en libras esterlinas que el que obtenía antes que la moneda fuera devaluada, no se daría cuenta que, de hecho, ahora está obteniendo menos. 

En lenguaje un poco chapado a la antigua, Keynes proponía engañar a los trabajadores. En vez de declarar abiertamente que los niveles de los salarios deben ser ajustados a las condiciones del mercado – porque, si no lo son, una parte de la fuerza laboral inevitablemente quedará desocupada – dijo en efecto: 'El 'pleno empleo' sólo puede alcanzarse si tiene inflación. Engañe a los trabajadores' El aspecto más interesante, sin embargo, es que cuando la Teoría General fue publicada, ya no era posible engañar, pues la gente se había vuelto consciente de los índices. Pero permanecía el objetivo de 'pleno empleo'. ¿Qué significa 'pleno empleo'? Tiene que ver con un mercado libre y sin trabas, que no sea manipulado por los sindicatos o por el gobierno. En este tipo de mercado, el nivel de salario para cada tipo de tarea tiende a llegar a un punto en el cual todo aquel que desea un trabajo puede obtenerlo y cada empleador puede contratar tantos trabajadores como necesite. Si hay un incremento en la demanda de trabajadores, el nivel de salarios tenderá a ser más alto, y si se necesitan menos trabajadores, el nivel del salario tenderá a caer. 

El único método por el cual puede obtenerse una situación de 'pleno empleo' es a través del mantenimiento de un mercado laboral libre, sin trabas. Esto es válido tanto para todo tipo de trabajo como para todo tipo de mercadería. 

Qué hace un empresario que desea vender cierta mercadería por cinco dólares la unidad? Cuando no puede venderla a ese precio, el término técnico de negocios en los EEUU es 'el inventario no se mueve' Pero debe moverse. No puede retener mercaderías porque debe comprar algo nuevo ya que la moda está cambiando. Entonces vende a un precio más bajo. Si no puede vender la mercadería por cinco dólares, debe venderla por cuatro. Si no puede venderla por cuatro, debe venderla por tres. No tiene otra alternativa en tanto permanezca en el negocio. Puede que sufra pérdidas pero estas pérdidas se deben al hecho que su previsión del mercado para su producto, era errónea. 

Lo mismo sucede con miles y miles de jóvenes que cada día vienen de los distritos rurales y llegan a las ciudades con el ánimo de ganar dinero. Así sucede en todas las naciones industriales. En los EEUU vienen a la ciudad con la idea de ganar, digamos, cien dólares a la semana. Así, si un hombre no puede conseguir un trabajo por cien dólares a la semana, debe tratar de obtener un trabajo por noventa u ochenta dólares a la semana, o aún menos. Pero si dijera – como los sindicatos dicen – 'cien dólares a la semana o nada' probablemente permanezca desempleado. (A muchos no les preocupa estar desempleados dado que el gobierno les paga beneficios por desempleo – que salen de gravámenes especiales impuestos a los empleadores – que son a veces casi tan altos como los salarios que el hombre recibiría si estuviera empleado) 

Dado que un cierto grupo de gente cree que el 'pleno empleo' puede ser alcanzado solamente con inflación, la inflación es tolerada en los EEUU. Pero la gente empieza a discutir esta cuestión: deberíamos tener una moneda sólida con desempleo o inflación con 'pleno empleo'? Este es – de hecho – un análisis malicioso. 

Para enfrentar este problema debemos hacernos esta pregunta: ¿cómo puede uno mejorar la condición de los trabajadores y de todos los otros grupos de la población? La respuesta es: a través del mantenimiento de un mercado laboral libre, sin trabas y así alcanzar el 'pleno empleo'. Nuestro dilema es, ¿será el mercado que determine el nivel de los salarios o serán determinados por la presión y la compulsión de los sindicatos? El dilema no es, ¿'tendremos inflación o desempleo'? 

Este equivocado análisis del problema es usado como argumento en Inglaterra, en los países industrializados de Europa y aún en los EEUU. Y alguna gente dice: 'Veamos, aún los EEUU están produciendo inflación. ¿Por qué no podemos también nosotros hacerlo'? A esta gente, antes que nada, debería responderle: 'Uno de los privilegios del hombre rico es que puede permitirse el lujo de ser tonto por más tiempo que el hombre pobre' Y esta es la situación en los EEUU. La política financiera de los EEUU es muy mala y se está volviendo peor. Quizás los EEUU pueden darse el lujo de ser tontos por un poco más de tiempo que otros países. 

La cosa más importante para recordar es que la inflación no es un acto de Dios; la inflación no es una catástrofe de la naturaleza ni una enfermedad que llega como una plaga. La inflación es una política – una política deliberada de la gente que recurre a la inflación porque consideran que es un mal menor que el desempleo. Pero el hecho es que, en el no muy largo plazo, la inflación no cura el desempleo. 

La inflación es una política. Y una política puede ser cambiada. Por lo tanto no hay razón alguna para rendirnos ante la inflación. Si uno considera que la inflación es un mal uno tiene que parar de provocarla. Se debe balancear el presupuesto del gobierno. Desde luego, la opinión pública debe dar soporte a esta acción; los intelectuales deben ayudar a la gente a entender el problema. Si se obtiene el soporte de la opinión pública, desde ya que es posible – para los representantes elegidos por el pueblo – abandonar las políticas inflacionarias. Debemos recordar que en el largo plazo puede que estemos todos muertos, y ciertamente lo estaremos. Pero debemos arreglar nuestros asuntos terrenales – para el corto plazo en que nos toca vivir – de la mejor manera posible. Y una de las medidas necesarias para ese objetivo es abandonar las políticas inflacionarias.

Muchas gracias a Margir Von Mises al publicar estás magníficas y esclarecedoras conferencias, su pedido se hace realidad, no sólo académicos leen las conferencias de nuestro Mises...; y como usted, también albergamos la  esperanza de que sus libros puedan estar disponibles algún día para la audiencia joven, especialmente en escuelas secundarias y universidades de Cuba, y de todo el mundo. Gracias.