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jueves, 18 de octubre de 2012

¿Elecciones, para qué?

Guatao, La Habana septiembre de 2012. Joisy García Martínez.
Unos vecinos míos del poblado El Guatao en La Lisa recientemente ironizaban con eso de las “elecciones” en Cuba y hasta uno de ellos se atrevía a apostar el dinero que valía su casa. El apostador, aseguraba que todo seguiría siendo igual y que saldría electo -para nuestro prolongado inmovilismo de más de 53 años- el máximo líder de la junta militar cubana Raúl Castro. Confieso que apostar no me sorprendió y que ya es muy común. Lo extraño es que todavía no comprendo por qué nadie le apostó en su contra, si vivimos en una democracia según medios oficialistas.
Para poder entender tal frustración tuve que viajar al pasado y analizar someramente a sus máximos líderes. Nadie pudo definir mejor a nuestro llamado “sistema electoral” que el joven rebelde y abogado Fidel Castro, cuando ante una multitud que enardecía su ego dictatorial por la década de los años 60 con gran franqueza y respeto por la democracia que se establecería, ante todos se preguntó, o vaya a saber si afirmó: “¿Elecciones, para qué?”. Reflexión que consideraría cualquier persona inteligente, como el prototipo del pensamiento de una monarquía absoluta y que al estudiarla unos años después a muchos nos recuerda aquella famosa frase de Luis XIV (1638 - 1715) cuando dijo: «L'État, c'est moi» («El Estado soy yo»)
Para cualquier persona curiosa que busque la verdad sobre el por qué en un país tanto tiempo una persona es auto erigida su dictador, sugeriría entonces que tendríamos que imprescindiblemente tratar de analizar el pensamiento de los máximos dirigentes de la prolongada “Revolución”, la cual, según palabras de su máximo dirigente hoy, “se necesita todavía institucionalizar”. Si nos basamos en que el pensamiento y raciocinio (positivo o negativo) de una persona no podrá ser escondido -para bien o para mal- todo el tiempo, la línea roja imaginaria que me trazo en mi cabeza es comenzar por lo acontecido políticamente en Cuba, en especial aquel 16 de junio de 1961, cuando se celebró el primero de los tres encuentros realizados en la Biblioteca nacional. Encuentro que Castro sostendría con los intelectuales cubanos con motivo de la polémica entre Lunes de Revolución, el ICAIC y otras instituciones culturales denominadas por los comunistas. Discurso que los medios registraron como “Palabras a los intelectuales”.
El segundo encuentro se realizó el 23 de junio, el tercero y último el día 30 de junio. El resultado de estos encuentros podemos definirlo con aquella acuñadora y nunca derogada frase puntualizante del caudillo “dentro de la Revolución, todo, contra la Revolución nada” palabras que por muchos años estremeciera los tímpanos de algunos y caracterizaría la política a seguir en los años venideros en nuestro país.
El 3 de septiembre pasado se inició en Cuba el llamado proceso electoral cubano, y según nos han informado los medios oficialistas más de 168 reuniones piloto han sido realizadas a lo largo y ancho de toda la isla caribeña. De acuerdo a la convocatoria divulgada por los comunistas y la autodenominada Comisión Nacional Electoral (CEN), esta primera etapa se desarrollará hasta el 29 de este mes. En el país, según estadísticas oficiales, están capacitados para votar unos 8,5 millones de ciudadanos, de un total de 11,2 millones de habitantes.
Lo que no han dicho ninguno de los medios oficialistas es que ninguno de ellos elegirá a su presidente directamente como la población querría, como demuestra una encuesta divulgada hace unos años por el grupo independiente Veritas que anima el periodista y bloguero Eugenio Leal.
Son divergentes los puntos de vista de los que como yo diferimos del sistema de partido único. Entiendo que la política debe ser ante todo el arte de convencer y no el de machucar, y es por ello que los políticos en mi modesto entender están en decadencia… al no tener un proyecto viable acorde a nuestros tiempos, que estimule los deseos acuciantes por resolver los verdaderos problemas que agobian a los ciudadanos de a pie y sin zapatos.
Al parecer por no reconocer los mandarines a sus homólogos políticos y por reprimirlos, incrustarlos en sus casas hasta la máxima expresión posible, es que casi ninguno se ha postulado ni cree en eso, a través de la historia política “Revolucionaria”, excepto algunos miembros de la emergente sociedad civil que al final se han dado cuenta del amplio periplo dictatorial y han desistido para desgracia de los que pudieran haberlos apoyado.
Como consecuencia de lo antes expuesto algunos disidentes han roto -hasta donde han podido- con el contrato social y por tanto en estas llamadas elecciones –sin contrincantes, partidos políticos ni opositores- solo interesaría mas, que no existiera dilación en la presentación de la información sobre la proporción de los votos en blanco y anulados. Está bien claro que si viviéramos en una democracia sería inaceptable la interferencia en poder ver todo sobre la compilación de los resultados, pues la democracia requiere la plena transparencia electoral y la rápida divulgación de los resultados.
Quizás el muerto político que todavía respira, en contraposición a esa cita apócrifa de Luis XIV, hoy se conforme y como el mismo Luis, comente antes de morir: «Je m'en vais, mais l'État demeurera toujours» («Me marcho, pero el Estado siempre permanecerá») ¿Elecciones, para qué?, el Estado soy yo.
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