martes, 7 de agosto de 2012

Los gastos de Mariela, la ministro itinerante.

Los gastos de Mariela, la ministro itinerante.

Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron,.
Levítico 20:13
Sé que soy un súbdito de última clase, pero intento ser un ciudadano y si pudiera aportaría al erario público.
Estoy de acuerdo con que la ministro itinerante, Mariela Castro, ahora sea la que tenga las tantas vacaciones pagadas, para que abogue y represente la noble y justa causa de la no discriminación de los gays y lesbianas, pues ante Dios y la ley de los hombres todos somos iguales, y a todos nos corresponde una cuota de dignidad y respeto.
Como no me gusta la palabrita extranjerizante de: "gays", voy a tomarme la licencia de usar otra, respetuosamente cariñosa en español, de torticas y maricas.
Es bueno que la ministra abogue por todo el Universo por los maricas y torticas, como minoría que merece respeto y derechos, pero no estoy de acuerdo con que ese mismo derecho de igualda no se nos reconozca a la minoría políticamente discrepante, porque aportamos igual al erario público, que ella usa para representarlos. Por lo que ante la ley valemos igual, maricas, torticas y opositores pacíficos, ni así se aprovechan bien los gastos al que suponemos aportamos todos.
Se comenta que su séquito es numeroso y costoso, sin contar a los que van delante para los preparativos de seguridad que no se ve, etc. Antiguamente, otros ministros itinerantes tomaron vacaciones pagadas para justificar los palos que les daban tanto a los maricas y torticas, como a las minorías políticamente discrepantes. Ahora se nos discrimina y se aboga por una sola de las minorías, con el erario que se supone nos pertenece a todos, pues también pagamos los impuestos de nuestro salario mínimo, por debajo de los 20 dólares mensuales, cuando nos dan trabajo.
Por aquello de: "Piensa mal y acertarás", tuve el error de pensar que cuando fue a Holanda, para ver lo que se puede ver en países más cercanos, seguro que hizo un contrato para la adquisición de buenos productos lácteos para los pobres y maltratados presos, o para la creciente familia real. Pero no, pues no se oye decir nada sobre la mejoría de la población penal, es decir, la de los reclusos recluídos, pero tampoco para los reclusos no recluídos, es decir, la población bajo el yugo, sueltos en toda la isla. Por tanto, los quesos y demás fueron a parar a manos desconocidas.
Reconozco que seguí pensando mal, pues cuando en su sacrificado viaje de trabajo vacacional se adentró en la Europa capitalista. Me dije: "de seguro aprovechó el viajecito para comprar cortinas, telas y carísimos perfumes de Paris, que dicen que tanto le gustan. Las telas no las justifiqué, pues ya debe tener suficiente, pero el perfume si, pues los necesita para los múltiples viajes que van y vienen, pues los proletarios tienen que oler bien, nada de que somos unos andrajosos.
Al parecer, el brutal bloqueo que nos impide tener malangas, yucas y calabazas no les afecta en la conciencia a los altos ejecutivos, tan enemigos acérrimos del imperio voraz y rapaz, que supuestamente desaparecería en unos 20 o 30 años, después de 1959.
Los teques de aquí para allá y de allá para acá parecería que en el fondo no afectan realmente a los contendientes y solo en movimientos posicionales como en el ajedrez, ladridos radiales y telefónicos, pero cuando los elefantes trompean, las hormiguitas no pueden menos que encuevarse.
Sé que la ministro itinerante con razón recibe palos porque aboga y palos porque no aboga, pero es justa nuestra protesta, porque como se dice que estamos en tiempo de transparencia informativa, cuando se haga el informe anual al pueblo de los gastos del erario público, y se diga que la deuda global fue incrementada ligeramente de 33 a 34 mil millones, producto de las vitales e imprescindibles gestiones de la referida ministro, sentiremos que como minorías discriminadas, políticamente aplastadas, en relación con los maricas y torticas, a pesar de que tenemos iguales derechos y obligaciones frente al aporte beneficio del erario público.

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