jueves, 2 de agosto de 2012

La cuenta no da.


Llegué a su casa de Lúyano sobre las 2:00 pm, después de haberme demorado más de dos horas toreando al pésimo transporte de la capital. Era a finales del mes de mayo, en una tarde nublada pero bonita. Ella dormitaba bella, sobre un curioso papelito que describía productos de primera necesidad para el hogar. Imagine rápidamente que había acabado de cobrar su denigrante y vergonzoso retiro.
En el mismo pude leer la lista de productos. Todo sumaba 234 pesos, por lo que pude inferir que en un solo día había gastado más del 85% de su mesada mensual, y que aún así no les alcanzaría ni para una semana.
Despertó de inmediato e intentó alejar de mi vista disimuladamente el papel, pero ya lo habían computado mis ojos y mi mente. Preguntó por sus nietos, por como la estábamos pasando, e inmediatamente reflejó en mi mente el miedo que todos sentimos, al preguntarme: ¿hijo, estas tranquilo?, mira que hay cosas que no podemos cambiar... Disimulé sin mentir tanto como pude y transmití una imagen de total quietud y tolerancia ingenua, ante tanto desgaste y desasosiego económico, político y social de todo un pueblo.
Los salarios actuales debieran ser semanalas, con respecto al nivel real de adquisición. Nos hemos detenido en el tiempo y a muchos poco o nada les interesa. Quizás y solamente quizás, si el mes lo dividiéramos entre cinco, cubriríamos nuestra expectativa. Al parecer, a los cubanos al fin nos sobra algo, si, nos sobra mucho mes para tan poca paga.
Después de charlar unas horas, tomar un café achicharado y sentir que nuestras diferencias reales no son más que el efecto psicológico del miedo trasmitido y popularizado. Luego marché para mi casa-prisión de La Lisa, acompañándome ese dolor de no poder hacer más por aliviar el estado anímico y otros. de quien me trajo al mundo, al saber conscientemente que las cuentas financieras a la mayoría de los cubanos no nos da.