jueves, 9 de agosto de 2012

Cuba se desangra nuevamente.


La democracia cubana no lo ha perdido, solo quien no lo conoció y escuchó hablar con tanto entusiasmo y compromiso podría pensar en ello, en la supuesta serenidad del exilio y de la mano de su hermosa familia, encontrará nuevos bríos, nuevas formas de lucha e ideas.
Al Doctor Darsi Ferrer lo conocí una mañana calurosa, fuimos presentados por su esposa Yusaimy Jorge Sosa en cuanto salió de la prisión de Valle Grande en La Lisa, donde cumplió once meses de presidio político.
Por cosas del destino, a Silvio Benítez Márquez y a mí nos había tocado ayudarla con las jabas pesadas que le llevaba a su esposo en cautiverio, en un repleto ómnibus P14 articulado.
Se le acusaba de una falacia política, unos pocos materiales de construcción encontrados en su posesión para remendar su modesto apartamento en Santos Suárez. Un caso más para el estudio de la memoria histórica del represivo sistema totalitario.
Aunque el Dr. Ferrer vivía muy lejos de casa, intentamos sumárnosle en el intento de exigirle al Gobierno Cubano la ratificación de los pactos de derechos civiles, políticos, sociales y culturales que el mundo entero conoce, y que se nos ocultan a los cubanos. En algunas otras actividades cooperábamos y desde entonces siempre que coincidíamos mostraba un gran saludo de respeto.
Yusaimy Jorge, de 30 años, padecía entonces de un cuadro agudo de hipertensión endocraneana, una enfermedad cerebrovascular que puede causar pérdida de la visión, vómitos y rigidez de la nuca, entre otros síntomas. Durante años la Dirección de Inmigración y Extranjería de Cuba le negó consistentemente su petición de viajar a los Estados Unidos para recibir un tratamiento médico.
Actualmente Ferrer es director del ilegal proyecto Cubabarómetro, una iniciativa sin filiaciones políticas que reúne a profesionales y opositores independientes en La Habana. En la isla también fundó el Centro de Derechos Humanos Juan Bruno Zayas y fue considerado como una de las figuras más activas del movimiento opositor por sus marchas en las calles. Por supuesto que fue marginado del ejercicio de la Medicina ante su postura disidente. Sin embargo, impulsó la atención médica independiente en varios repartos.
Lo triste del panorama vivencial es que todos estamos perdiendo a buenos hijos de la patria, a ciudadanos preocupados por una sociedad mejor, que de una u otra forma le dan bríos a lo que constituye la comunidad dinámica moderna y plural que nos hace falta. La patria nuevamente se desangra, gracias al totalitarismo.

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