jueves, 2 de agosto de 2012

¿Cuándo venceremos el nivel?



Se dice que las calles 23 y 12 fueron cerradas en abril de 1961, y en un podio improvisado el líder único e indiscutible de aquella revolución declaró (in situ) el carácter socialista del nuevo proceso revolucionario de nuestra isla.
Comentan que ante aplausos y vítores dijo: "Esta será la revolución socialista de los humildes, por los humildes y para los humildes". C on esa ilusión los mas jubilosos y optimistas vivieron animados durante algunas décadas, pues se suponía que dejarían de existir castas privilegiadas y multitudes humildes que vivían en las más espantosas desigualdades de la época.
Tras observar el panorama actual, después de 51 años de tales promesas, nos quedamos pasmados. Los destinatarios de los ofrecimientos incumplidos continúan con tantas carencias materiales que hoy en día todavía no hemos pasado, en la llamada teoría psicológica de la pirámide de Maslow, a su segundo nivel, osea, del primario, que encierra satisfacer las necesidades elementales fisiológicas de alimentarnos, respirar, beber agua y alimentarnos.
Aún estamos luchando en esta interminable revolución cincuentenaria por alcanzar el segundo y resbaloso nivel de la pirámide de Maslow, que solamente puede ser posible cuando las necesidades fisiológicas se mantienen compensadas. En este segundo nivel se encuentran los de la seguridad física y de salud, la seguridad de empleo, de ingresos, de recursos, y por ultimo se encuentra la seguridad moral, familiar y de propiedad privada.
Si al menos fuéramos más libres, si todas las necesidades materiales no se plasmaran en una interminable lista de enemigos de la Revolución, de desestabilizadores de no se sabe qué, de masetas, de criminales amantes de la oligarquía, de provocadores etc., etc.
Quizás algún día dejará de ser un sueño inalcanzable llegar a este segundo nivel y sentir la misma sensación que experimentaba Mario o Súper-Mario en su "Play Game" cuando alcanzaba y se montaba en el dinosaurio Yoshi. Solamente así podremos gritar un día: ¡al fin nos ganamos el nivel!

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