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martes, 26 de abril de 2011

Biografía de un patriota cubano.

La Habana, Cuba, abril de 2011
Carretera de San Pedro.
Joisy García Martínez.

“La ley es para todos”
               Félix Varela.

Fuimos muchos los que firmamos el “Proyecto Varela” por el año 2002, esta determinación personal, en la cual todos sus miembros firmaban con su nombre, apellidos y dirección particular nos marco para siempre de una u otra forma.

Sin imaginar lo que me caería encima y prácticamente sin proponérmelo, comenzó la actividad cívica en mi vida. A los tres meses de haber estampado mi insignificante firma, dos agentes vestidos de paisano me visitaban y se identificaban como miembros del proyecto, al preguntarme si estaría dispuesto a guardar armas e impresoras en casa, -automáticamente se les caía la careta- y traté involuntariamente de reírme de ellos, argumentándoles que en ningún momento el documento hablaba de esas cosas y  les añadí que cuando viniera la guerra, la famosa guerra que ellos siempre nos pintan, volvieran a visitarme.

En mi condición de aspirante a polilla me encontré con una biografía del Padre Félix Varela y quiero compartirla con los veinte seguidores de esté blog, imagino podría ser interesante para algunos, a mi me gusto mucho y comprendí que existen personas que a pesar del sacrificio que encierra, están dispuestas a vivir vidas sacrificadas en aras de una patria mejor.

El Padre Félix Varela nació en La Habana, Cuba el 20 de noviembre de 1788. Desde niño sintió vocación al sacerdocio y se distinguió por su gran inteligencia y piedad. A los 23 años fue ordenado sacerdote en la catedral de La Habana. Pronto mereció la admiración y el aprecio de todos por su vida ejemplar, su bondadoso carácter y su dedicación al ministerio de la enseñanza.

Como profesor durante diez años en el colegio-seminario de San Carlos de La Habana formó una ilustre pléyade de discípulos, en los cuales inculcó el amor a Dios, a la Patria y al prójimo. También contribuyó notablemente al progreso de las ciencias y las letras en Cuba.
En 1821 el Padre Félix Varela fue elegido para representar a Cuba en las Cortes de España, se trasladó a Nueva York desde donde proclamó el derecho de Cuba a ser una nación independiente y soberana. Su voz profética despertó la conciencia del pueblo cubano.

Sacerdote ejemplarísimo y lleno de celo por la salvación de las almas, el Padre Varela ejerció el ministerio sacerdotal en Nueva York durante 30 años con admirable abnegación y heroísmo. Fundo escuelas para niños, edifico iglesias y evangelizó a los pobres. Como Párroco y Vicario General mereció la admiración y el respeto de los fieles de Nueva York. Siempre vivió pobremente, entregado por entero al servicio de Dios. Y de su pueblo humilde. Su ministerio sacerdotal tuvo la gracia de iluminar las conciencias y atraer a las almas a Dios.

Los que lo conocieron en vida lo consideraban un santo. Los últimos tres años de su vida estuvieron marcados por las enfermedades, la soledad y la pobreza, pero, sin quejarse de nada, sobrellevó la contradicción y el sufrimiento con amor y paz interior.

El Padre Varela entregó su alma a Dios el 25 de febrero de 1853 en San Agustín de la Florida (Estados unidos). Sus restos mortales descansan en el recinto de la Universidad de La Habana.

Manifiesto para la disolución del partido comunista de Cuba.

“En esta ocasión no quisiera sino averiguar cómo es posible que tantos nombres, tantas villas, tantas ciudades, tantas naciones aguanten a veces a un tirano solo, que no tiene más poder que el que le dan, que no tiene capacidad de dañarlos sino en cuanto ellos tienen capacidad de aguantarlo, que no podría hacerles mal alguno sino en cuanto ellos prefieren tolerarlo a contradecirlo”.
Étienne de la Boétie, Discurso sobre la servidumbre voluntaria

LA HABANA, Cuba, abril, www.cubanet.org  -Cuando reflexiono sobre las posibilidades que tiene el pueblo de Cuba de mejorar sus condiciones de vida, de levantarse de las ruinas en que se halla inmerso, y de respirar profundamente el aire de la libertad, la única idea que se me presenta como evidente es la de disolver el partido comunista. Mientras el partido controle y dirija, mientras las decisiones se tomen en su seno, mientras cada acción, incluso aquellas que suponen cambios en la estructura económica  deba estar en consonancia con un estilo de pensamiento tan atrasado y dogmático, el progreso no hallará hogar en esta Isla.

Un gobierno debe ser el siervo del pueblo y no a la inversa. Y si toma una línea de dirección por considerarla un atajo hacia el bienestar de la gente y no da resultados favorables, entonces hay que abandonar el camino elegido y tomar otro. Un gobierno realmente interesado en la felicidad del pueblo tiene que ser capaz de sacrificar sus más preciadas ideas si éstas sólo conducen a la barbarie, y no insistir en dibujar la trayectoria a seguir cueste lo que cueste.

El único fin loable, el único objetivo a alcanzar sin importar el precio debe ser la felicidad del pueblo. Sin embargo, durante más de cinco décadas el gobierno cubano ha dirigido caprichosamente sin atenerse a las consecuencias, que invariablemente pagan los de abajo. Sus palabras predilectas son las mismas de hace 50 años: gloria, victoria, patria, muerte, humanidad, sacrificio, trabajo, esfuerzo, colectivo. Las palabras: placer, felicidad, autonomía e individuo no están en el vocabulario comunista.

Sin embargo, su supuesta opción por el bienestar colectivo se esgrime una y otra vez para justificar el avasallamiento del interés individual. Esto, como es natural, encierra una contradicción insalvable. Así, cuando se persigue al individuo que trae alimentos del campo a la ciudad, al anciano que vende maní sin licencia, al que expresa lo que opina cuando su opinión difiere de la ideología del Partido; cuando se prohíbe la libre prensa, el libre pensamiento, el libre comercio; cuando se extirpa al individuo su capacidad de elección y se le hace dependiente de las migajas del gobierno; cuando  se le dicta cómo debe ser y a qué se debe parecer, cuando se le margina, se le llama gusano por añorar una vida digna en otro país, cuando se le falta el respeto una y otra vez haciéndole víctima de una aberrada obsesión por el control físico y mental, cuando, en fin, se le magulla el espíritu, y se le muestra una y otra vez su insignificancia ante el poder absoluto del Estado, cuando todo esto sucede, me pregunto ¿qué gana el pueblo? ¿En qué consiste el bien de todos cuando se afecta permanentemente  el interés de cada uno? ¿Con qué justificación el interés personal, puede ser una y otra vez pisoteado en nombre del bien colectivo, como si cada individuo no conformara esa colectividad?

La ideología del sacrificio es la ideología de la miseria. El odio histórico del comunismo hacia el rico sólo ha conseguido mantener al pueblo en la más perentoria pobreza.  Y mientras el país se derrumba arruinado por un flujo ininterrumpido de malas decisiones; mientras el pueblo pasa hambre y es obligado a robarle al gobierno donde quiera que puede para alimentarse; mientras es condenado a sufrir el eterno drama del transporte público; mientras se debe pedir permiso al ministerio del interior para viajar al extranjero, y pagarlo con el salario completo de ocho meses de trabajo; mientras esto sucede los dirigentes del gobierno acuden a cenas y recepciones, pasean en automóviles con chofer y viajan continuamente al exterior.

La ideología del partido comunista es sobre todo hipócrita. Es heredera directa de la metodología eclesiástica occidental. Sus métodos son muy similares a los que utilizaban los inquisidores desde el siglo XIII: imposición de una creencia (justicia de Dios; justicia de los principios de la revolución), vigilancia para asegurar que cada acción esté en consonancia con aquella, silenciamiento de toda voz disonante, apelación a una entidad trascendente para justificar el castigo (voluntad de Dios en  el primer caso, voluntad de los líderes de la revolución en el otro).

Ambos poderes, el poder comunista y el poder de la iglesia medieval se apoyan en un mismo sistema de proposiciones: el individuo está llamado a ser algo diferente a lo que es, a respetar ciertas reglas morales, a sacrificarse por un bien superior, a abandonar ciertos comportamientos incoherentes con la ideología que el poder detenta, y, lo que es aún más desgarrador, el individuo está obligado a pensar de acuerdo con esta ideología. Los líderes de un bando y otro son los que saben cuál es el camino correcto, son los que determinan las reglas morales, las normas de conducta y la manera adecuada de pensar.

Una de las tantas coincidencias que se encuentran entre la ideología del poder eclesiástico medieval y la del comunista es la afirmación de un futuro mejor para los que se comporten como es debido, una vez que se arrogan el derecho de decidir cuál es el que deber ser. El primero tomó el énfasis de la religión cristiana en la moral ascética, en la aceptación de la verdad de Jesús como única verdad, para levantar sobre esta base un sistema de proposiciones infernales legitimado divinamente con el fin de clasificar a los seres humanos en píos e impíos, en comulgantes y excomulgados. El segundo tomó una serie de nobles ideas para instaurar poco a poco una tiranía que exige descaradamente el sacrificio constante del pueblo como condición para obtener la victoria, aunque nunca ha definido concretamente en qué consiste su visión de futuro, ni su noción de victoria. Ambos operan con un sistema de proposiciones abstractas que pueden ser cargadas de sentido de acuerdo con el interés del empoderado.

El partido comunista es moralista, siendo inmoral. Es capaz de expulsar a sus miembros cuando éstos se expresan valientemente con un cierto grado de libertad. No escucha sinceramente las críticas, aunque afirma que está interesado en ellas. Afirma explícitamente que su objetivo es controlar y dirigir, mostrando una falta de confianza en el pueblo, en la gente, en la capacidad de innovar abiertamente. Siempre ha mostrado un creciente recelo hacia los jóvenes que no militan en sus filas. Incluso estos últimos son coartados inmediatamente cuando dicen algo fuera del esquemático guión.

El partido comunista cubano es de derecha aunque se presenta como de izquierda. Su único objetivo es hacer perdurar el poder en manos de sus líderes.  Es ultraconservador. Lo que el gobierno supuestamente hace por el bienestar del pueblo se lo repite una y otra vez; lo chantajea: haciéndole creer  que perderá lo que han ganado desde el triunfo de la revolución. Llenan las calles de pancartas infantiles diciendo que los norteamericanos nos lo quitarán todo, que los niños no podrán ir a la escuela, que la gente perderá sus casas.

El gobierno cubano da como única opción el regreso a cuando todo estaba peor si no se sigue el camino señalado. No hay un futuro mejor, dice, si no es en el socialismo. Pero, ¿qué socialismo?
Si la casi totalidad de los medios de producción pertenece al Estado; si el salario de los trabajadores no aumenta conforme aumenta la plusvalía; si cada mes se pide en las reuniones sindicales trabajos voluntarios (es decir, trabajo no remunerado)  a los cuales es casi obligado ir debido a la presión que se ejerce sobre el trabajador; si a pesar de los pésimos salarios hay que pagar mensualmente al gobierno un tributo para las milicias de tropas territoriales (organización caduca impuesta institucionalmente cuya única función es actuar como sanguijuela del salario del pueblo trabajador), y otro tributo al sindicato (aparato al servicio del gobierno para presionar, controlar ideológicamente y exigir disciplina a los trabajadores); si en cada oportunidad se pide más trabajo, más sacrificio, más resultados, más cantidad, más calidad a cambio de nada; si el salario de un trabajador no alcanza ni para alimentarse adecuadamente, y mucho menos para vestirse o divertirse mínimamente, me pregunto ¿en qué se diferencia el estado cubano del peor de los capitalistas imaginables? ¿En qué se diferencia del más cruento neoliberal cuando expulsa de sus centros de trabajo a medio millón de empleados empujándolos a una enajenación mayor aun que la de recibir salarios simbólicos, es decir, a la de trabajar como merolicos o cuentapropistas, sin importarle los años que hayan dedicado al estudio técnico o universitario, a la vez que alarga en cinco años la vida laboral de aquellos que añoraban retirarse después de una vida de trabajo mal remunerado?
Nótese que hablamos sobre todo de un sistema económico, pues cuando los fanáticos androides del gobierno saltan emotivamente para decir que la salud y la educación son gratuitas en Cuba, y que ningún niño se muere de hambre, obvian dos cosas fundamentales. La primera es que hay países capitalistas donde NADIE muere de hambre, y donde la salud y la educación, además de ser gratuitas, son de alta calidad. De modo que estos dos bastiones donde se ha apoyado el discurso oficial durante tanto tiempo no son prerrogativa del sistema mal llamado socialismo, que rige en Cuba. La segunda es que los niños y ancianos cubanos no mueren de hambre, pero sí pasan hambre. Los que reiteran este manido slogan tal vez apoyen al verdugo que tortura lentamente a su víctima sin matarla, y cuando le critican arguye: otros torturadores asesinan a sus víctimas, yo no.

¿Y por qué no decir de paso que estos dos fundamentos con los que el régimen cubano pretende auto legitimarse están carcomidos? ¿Por qué no recordar que desde el momento en que los padres tienen que hacer mil maravillas para pagar a un profesor particular, dado el pésimo estado en que se encuentra actualmente la educación en Cuba tal educación deja de ser gratis, como la universidad deja de ser gratis cuando el recién graduado debe casi regalar dos o tres años de trabajo obligado al Estado si no quiere perder el título universitario que con su propio esfuerzo ganó? ¿ Y por qué no decir de una vez  que la educación es una inversión política del gobierno cubano, que siembra la ideología en los infantes haciéndoles venerar a los héroes de la patria, repetir consignas que no comprenden, leer libros de texto cargados de sutil contenido ideológico? ¿Por qué obviar la histórica obligatoriedad de asistir un mes a trabajar en el campo durante cada año de la secundaria, así como el hecho de que la mayoría de los de mi generación y de las siguientes tuvieron que encerrarse durante tres años en los fríos muros de un preuniversitario para trabajar la tierra, lejos de nuestros padres y seres queridos si teníamos esperanzas de continuar estudios superiores? ¿Y ya nadie recuerda a quienes eran expulsados por no asistir a la escuela al campo, sobre todo en los años en los 70, a aquellos que no siguieron las advertencias del sonoro lema “al campo iré y mi año aprobaré”?

¿Y qué decir de la salud pública, donde ya es costumbre hacer regalos a los médicos para ser bien atendidos, o para obtener una cama en una sala de operaciones en un plazo de tiempo más corto? ¿Y olvidaré que un vecino murió de cáncer después de esperar durante meses un balón de oxígeno que nunca llegó por la vía legal y que fue necesario conseguir sobornando a más de una persona en el camino? ¿Y que en las farmacias se venden los medicamentos en grandes cantidades a las revendedoras que luego quintuplican los precios en la calle? ¿Y que las paredes, las puertas, las ventanas, los baños de muchos hospitales están sucios, manchados, descuidados? ¿Y qué en algunos hospitales el acompañante dispone tan sólo de una rígida silla de hierro para pasar la noche, mientras que en otros ni siquiera eso? ¿Y no es cierto que en ocasiones cuando una mujer va a dar a luz los familiares reúnen utensilios de limpieza para dejar el baño de la sala mínimamente aceptable? ¿Y que las cucarachitas circulan libremente por los cuneros de los hospitales gineco-obstétricos? ¿Y que mientras nuestros médicos cumplen misión internacionalista nuestros hospitales carecen de ellos? ¿Y que no hace mucho murieron de frío un grupo de pacientes en el hospital psiquiátrico de Mazorra?

Cuando ese altanero con apariencia de burgués y que ejerce la presidencia de la asamblea del poder popular respondió hace ya algún tiempo a las dudas de unos jóvenes de la universidad de ciencias informáticas arguyendo que en Cuba era tan difícil viajar porque si todo el mundo viajara se caerían los aviones del cielo, y procedió luego a preguntar impúdicamente si ellos preferían pagar sus estudios universitarios y que el Estado retirara su mano altruista, estaba siendo ya no sólo ridículo e infantil, sino muy cínico.

Imaginemos por un instante que a su mentecita semi programada se le ocurriera siquiera proponerlo seriamente. Lo primero es que estaría negando la misma esencia del sistema político cubano, una de las pocas cosas que impide que la gente salga a las calles para derrocar a la tiranía. Lo segundo, y esto muestra ya definitivamente o un alto grado de retraso mental o una indolencia rayana en la ignorancia, es que sería imposible hacer funcionar al país un día más: la población apenas puede alimentarse dignamente, y sobrevive haciendo mil marañas para llegar a fin de mes, como para estar en condiciones de pagar la educación o la salud, más de lo que ya lo hace al recibir su miserable salario.

¿Por qué siembran en el pueblo la idea de que el Estado es un gran benefactor que paga todos los servicios como si tuviera fondos propios y no obtuviera dichos fondos del trabajo del mismo pueblo? Sí, de ese mismo pueblo que costea su propia represión inconscientemente mientras escucha una y otra vez que su  lamentable y permanente miseria es una situación de dicha comparada con la del resto de los países capitalistas, como si todos los países capitalistas fueran exactamente lo mismo. Las abstracciones metafísicas son muy útiles cuando se tiene el objetivo de confundir y manipular a los que nunca han puesto un pie fuera de la Isla, pero son fatales cuando se pretende lograr un acercamiento medianamente aceptable a la realidad social.
La polémica socialismo vs capitalismo tal y como se presenta en Cuba es un galimatías sencillo de elucubrar: tome cualquier término e ínflelo, demonícelo, cárguelo de sentido, generalícelo, cúlpelo de todo el mal de la tierra y habrá conseguido lo que han logrado los escribientes de esta tiranía caribeña: alejarse de la realidad para vivir en un mundo de abstracciones vacías. Y si usted es uno de estos últimos, entonces le será muy útil cuando le señalen los errores que comete el gobierno que defiende: sólo tendrá que apartar los ojos del problema en cuestión y mirar hacia afuera, pedirle a su acusador que mire lo que sucede en los países capitalistas, donde ocurren tantas atrocidades. Si su interlocutor se descuida y no le trae de nuevo al asunto, entonces usted habrá podido evitar reconocer públicamente lo que tanto niega para afirmar la legitimidad de la ideología que defiende. 

Pero si tenemos un presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular cuando el pueblo no tiene ningún poder; si este presidente anda en un automóvil y no espera cada día durante horas en una parada de autobús, ni suda corriéndole detrás al ómnibus cuando éste sigue de largo con la gente apretujada unas contra otras, para detenerse a cien metros de donde debe; si luego no se monta y viaja colgado al principio, y al rato consigue entrar a empujones para quedar lapidado entre la gente y la puerta; si no escucha decir al chofer, en muy mala forma, que camine pues el ómnibus está vacío, ni recibe ofensas del que a su lado le exige que le quite el pie de encima, mientras el que está delante le grita que no le empuje; si cuando este mediocre jefecillo finalmente llega a su oficina ésta no tuviera aire acondicionado, sino un ventilador de techo medio roto; y le esperara un almuerzo en el comedor obrero; si al rompérsele los zapatos se diera cuenta de que su humilde salario no le alcanza para comprar otro par, pues de lo contrario no le quedará un centavo para el resto del mes, y viera a su anciana madre hambrienta viviendo en una casa que se cae y con un retiro que da lástima; si, en fin, fuera un digno representante del pueblo y no un vive bien oportunista, tal vez dedicaría algún tiempo a hablar o escribir sobre las penurias y la miseria del pueblo trabajador, o a pedirle cuentas al gobierno por todo el daño que le hace al país, en lugar de dedicarse exclusivamente a hablar o escribir indiferentemente sobre los cinco prisioneros cubanos en los Estados Unidos. Pero entonces no podría ser el presidente del poder popular: sería un disidente, un gusano, un enemigo de la revolución.

Sí, porque son ellos, los líderes históricos de la revolución, quienes marcan los destinos, quienes dictan la ley, mientras permanecen ilesos cuando cometen graves crímenes como los de encerrar a intelectuales, sacerdotes y homosexuales en un campo de concentración al que llamaron cínicamente Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), o el de enviar a miles de jóvenes a morir en una guerra que no es la suya en otro continente, mientras ellos permanecen en sus cómodas butacas arrogándose el mérito del internacionalismo proletario; o el de enviar y apoyar a un grupo de gentuza del partido comunista a humillar públicamente a quien desea abandonar el país. Todavía hoy circulan hojas por los centros de trabajo para que los trabajadores firmen que están dispuestos a salir a abuchear, e incluso golpear, a quienes tienen la osadía de protestar contra alguna injusticia social. Todavía hoy esos penosos y mediocres medios de prensa oficialista salen a cubrir el avasallamiento que comete la chusma cabeza hueca contra cualquier acto de protesta pacífica, y luego lo pasan en el noticiero arguyendo que el pueblo revolucionario salió a las calles espontáneamente para dar un escarmiento a los contrarrevolucionarios. Pero si hay alguien verdaderamente contrarrevolucionario es el partido comunista de Cuba que se opone a cualquier iniciativa que roce siquiera sus intereses.

El gobierno cubano bajo los principios rectores de su partido comunista ha cosechado enfáticamente la intolerancia. Un solo pueblo, una sola voluntad. ¿Habrá mayor falta de respeto a la dignidad humana que lo que el gobierno ha hecho con el pueblo cubano? Ha convertido a muchos de sus intelectuales en títeres. Ha hipostasiado el concepto de revolución, para asimilarlo  a la voluntad de los gobernantes cubanos. Ha creado un macabro sistema electoral indirecto que comienza por la elección de alguien que TIENE  que ser un revolucionario, es decir, un  obediente y fiel seguidor de las ideas de los gobernantes. Ha excluido a todo el que piensa contrariamente a la corriente del Partido; ha condenado al pueblo a la miseria; le ha exigido y le exige dar todo, incluso la vida para defender un sistema que les oprime; ha engañado sistemáticamente a la gente; ha convertido la ilegalidad en una condición de vida;  ha hecho de la emigración un  negocio controlado por el Ministerio del Interior, que le extrae todo lo que puede al que decide emigrar, haciéndole pagar entre otras cosas una suma de 400 CUC (unos 10 000 pesos, es decir el salario medio completo de 25 meses de trabajo) por un chequeo médico consistente en una toma de sangre, una de orina y una radiografía; ha enfrentado y dividido al pueblo cubano haciéndoles desconfiar del prójimo, haciéndoles vigilarse mutuamente, haciéndoles disputarse migajas como un televisor en un altísimo precio (6000 pesos, el salario medio completo de 15 meses de trabajo), el cual presenta la sola ventaja de poder ser pagado a créditos; ha condenado a la juventud a desear el exilio, y a exiliarse; ha separado a la familia cubana, a la madre del hijo, al esposo de la esposa, al abuelo de los nietos. Ha hecho su voluntad en nuestra tierra y en nuestro cielo, sin respetar en lo más mínimo los intereses y deseos del pueblo.

¿Y por qué continuar bajo el abrigo de una tiranía cuando se puede pedir su renuncia? El aparato del partido ha cometido ya demasiados errores y los sigue cometiendo. No hay que estudiar la teoría de sistemas para comprender el asunto. El aparato del partido está demasiado determinado, incluso sus miembros tienen miedo de ir demasiado lejos con una opinión porque saben lo que puede costarles. El aparato del partido tiene entonces que ser disuelto y sus miembros liberados sin consecuencias.

Ahora bien, ¿significa esto que propongo la instauración del sistema capitalista? NO. Sería lo peor que pudiera pasar en un pueblo arrasado por la miseria material y espiritual. ¿Significa acaso que acepto la intromisión extranjera en los asuntos de los cubanos para resolver el conflicto? NO. Nuestra amada patria, marcada hace ya demasiado tiempo por un doble bloqueo (el del gobierno norteamericano y el del cubano) que nos desangra, y que soportó la opresión colonial, la neocolonial, y  luego esta larga tiranía nacional deberá ser libre y soberana, una vez que logre zafarse del yugo que la oprime

¿Significa entonces que me opongo a la existencia de un partido comunista, mostrando una intolerancia de la que acuso al gobierno cubano? NO. Propongo la eliminación inmediata de ESE partido comunista, bajo el mando de ESOS líderes. Después de dicha disolución pueden, y deberían concurrir todos los puntos de vista posibles para contribuir al progreso de la nación, pues los lastres que nacen del temor, incluso del de los miembros del partido, habrán desaparecido.

Si el pueblo cubano quiere progresar en todos los sentidos tiene que hacerlo bajo el signo del libre pensamiento, y el partido comunista de Cuba es un obstáculo para esa tan deseada libertad.  Hay muchísimas propuestas tanto por grupos de jóvenes cubanos como por parte de individuos, algunos de los cuales tienen en su espalda la marca de más de un  latigazo recibido a lo largo de estos últimos 50 años. Latigazos que ya comienzan a sentir también ciertos jóvenes inquietos, a los cuales se les leen los correos, se les pincha el teléfono, se les presiona para que no participen en actividades espontáneas, se les expulsa de sus centros de trabajo, o se les amenaza con impedirles la entrada al país, si es que han emigrado.

Lo cierto es que ya el gobierno no tiene fundamento alguno para tachar de enemigos de la patria (la patria no es el sistema político que la rige) a quien se atreve a hacer una propuesta osada, pues pululan las ideas nacidas de un auténtico sentimiento de socialización, desde unos deseos profundos de crear estructuras de democracia, de autogestión, de cooperativización. No digo que sean propuestas acabadas, ni perfectas, digo que son dignas de tomar en consideración para la creación de un nuevo sistema económico y político netamente cubano, y, sobre todo, digo que son propuestas hechas desde abajo, desde el pueblo, desde la gente que se monta en las guaguas repletas, y pasa trabajos, y siente la presión que se les opone cuando se expresan libremente, y, sobre todo, que no está viciada por el poder, ni por el miedo al poder.

¿Y a quién deben ir dirigidas esas propuestas? ¿Al congreso del partido? No serán escuchadas por varias razones. La razón más evidente es que afectan los intereses de los clanes familiares en el poder, es decir a la oligarquía capitalista de la isla; a la vez que han salido de cabezas pensantes al margen del partido comunista, que  suele tomar como ofensivas las ideas que no se producen en su seno, y que no están consonancia con los caprichos de sus ídolos.

Confieso no tener una solución inmediata para ese problema. Creo que debemos seguir presionando pacíficamente cuanto podamos hasta que un nuevo panorama se defina en el horizonte. Eso sí, en lo adelante cualquier proyecto político debe incluir estructuras que permitan controlar a los administradores del gobierno. Es imprescindible evitar los líderes carismáticos y los protagonismos huecos. Los poderes no deberán ser detentados por una sola persona, ni por un grupo de “auto-elegidos” para gobernar, y deben ser permanentemente supervisados para castigar la corrupción y la megalomanía, de las cuales ya hemos sufrido amargas consecuencias.  

Por lo pronto, uno de los propósitos más urgentes debe ser la reducción de los poderes del Estado, institución que regula coercitivamente el proceso de sociabilidad, nos marca con el hierro candente de la dominación y nos inyecta ese miedo que motiva la doble moral y que corrompe en lo más profundo al espíritu humano. Sí, porque el problema de la Cuba de hoy no es sólo su fúnebre economía, es también su deplorable estado moral. Algo es seguro: reconstruir lo primero será más sencillo que subsanar lo segundo.
Lo que propongo, en resumen, es comenzar por dar el primer paso: si el partido comunista de Cuba es el corazón palpitante de la tiranía, por el bien de nuestra nación, es necesario detenerlo.

Un cubano de a pie.

jueves, 21 de abril de 2011

Que tiempo duran las revoluciones?.

¿Existe un pacto social revolucionario? (cubaencuentro.com)
La revolución cubana hace mucho tiempo que no existe. El proceso de transformaciones radicales fue completado, en lo esencial, en1965
Haroldo Dilla Alfonso, Santo Domingo | 12/04/2011
Se ha puesto de moda (y es bueno que así sea) hablar sobre el llamado pacto social revolucionario y su crisis. Y desde ahí, según los gustos, de su reformulación, clausura o “actualización”, para usar la jerga propia de la parca reforma raulista. Ahora fue Espacio Laical —una revista digital altamente meritoria y que siempre leo con fruición— quien reflotó el tema y para ello convocó a cuatro distinguidos especialistas a opinar sobre la esencia del pacto, las razones de su crisis y las perspectivas de futuro. Los convocados fueron Lenier González, Arturo López Levy, Alexis Pestano y Carlos Alzugaray.
Es interesante anotar que los convocados muestran perfiles sustancialmente diferentes en términos de edades, filiaciones políticas e institucionales, lugares de residencias, etc. Lo cual determina algunos giros explicativos que me resultaron simpáticos, como el sofisticado esfuerzo analógico-retórico de identificar a la Revolución con la Santísima Trinidad (una “trinidad política revolucionaria” según Pestano), y como la sincera autocensura militante de Alzugaray cuando se excusa de dar opiniones políticas para evitar “caer en el liberalismo”. Expresión esta última que me hizo recordar con añoranza los ya lejanos tiempos en que yo militaba en la Unión de Jóvenes Comunistas.
Pero más allá de estas diferencias, y otras, que enriquecen el dossier, en lo fundamental los entrevistados coinciden al responder las preguntas sobre el “pacto social revolucionario”, tanto en lo que dicen como en lo que omiten. Y curiosamente también el estilo: juegos elípticos de palabras, usos de sobreentendidos inteligibles solo para los iniciados, retórica críptica, y el uso escolástico de la autoridad como fuente del saber, con el tremendo agravante que aquí la autoridad/saber proviene nada más y nada menos que de Raúl Castro cuyos dotes intelectuales no son exactamente un motivo de orgullo nacional.
Y es que finalmente, los autores viven y publican en medio de ese llamado Pacto Social revolucionario que están analizando. Un pacto que esencialmente significó renunciar a nuestros derechos civiles y políticos a cambio de seguridad y protección social. Son parte de él, y tienen que atenerse a sus reglas o dejar de publicar y de vivir en Cuba. Si somos honestos, esas horcas caudinas son soportadas por los intelectuales en cualquier sistema, solo que en Cuba la horca está demasiado pegada al piso y pasar por debajo de ella es el único casino en el pueblo, si acaso quieres seguir jugando en el pueblo. Y por esas razones —y esta es mi principal objeción— muchas cosas que dicen los autores del dossier son wishful thinkings, elucubraciones despegadas de la realidad que no podrían convencer a nadie en el país que no esté dispuesto a ser convencido. Como diría Marx, totalmente divorciadas del rudo mundo real.
No podría, por razones de mis propias insuficiencias teóricas, hacer una discusión total del dossier. Me veo precisado a omitir ahora, por razones de espacio, las resaltantes virtudes teóricas y políticas que encierran sus páginas. Solo quiero detenerme en dos aspectos polémicos: la dudosa validez del concepto y su sentido actual. Dejo para otro artículo algunas ideas sobre la cuestión migratoria y el pacto de marras, lo cual es abordado al menos por tres de los autores.
Desde mi punto de vista el concepto es erróneo. No porque hable de un pacto social, propio del anaquel iusnaturalista que puede ser usado o no. Yo mismo lo use extensamente en los días del CEA, hace tres lustros. Sino por el apellido “revolucionario”. La revolución cubana hace mucho tiempo que no existe. Fue un hecho dado por la necesidad histórica y trató de resolver muchos problemas que la República precedente no pudo, y lo consiguió en algunos casos y en otros no. No fue un invento de nadie, ni la manipulación de un grupo de hombres. Pero ese proceso de transformaciones radicales se había completado esencialmente en 1965.
Lo que vino después de 1965 fue una serie de actos voluntaristas y aventureros —internos y externos— que tuvieron su más estridente fracaso en la zafra de 1970. Fue el estertor épico de una revolución agotada que terminó meciéndose en brazos del bloque soviético. Esto también tuvo sus ventajas, por ejemplo en el uso de los subsidios soviéticos en función del intenso proceso de movilidad social cuyo resultado es garantía del futuro insular. Pero nada de eso era ya una revolución. Diría que era un proceso thermidoriano edulcorado por las subvenciones. Y de cualquier forma, un proceso postrevolucionario.
Y ese es el escenario en que se consolida el pacto social que hoy discutimos. Más que un pacto fue una subordinación, a duras penas negociada entre dos partes muy disímiles. Por un lado, un sujeto popular atomizado, desprovisto de organizaciones autónomas y encasillado en eficaces estructuras de control político y policiaco. Y del otro, una clase política proveniente de un hecho violento como siempre es una revolución, que logró reprimir y desarticular la oposición efectiva y exportar la potencial. Que contaba a su favor una afluencia sostenida de recursos externos que le proveía de una autonomía impresionante frente a la misma sociedad. Y en ese mismo sentido de una capacidad cuasi-monopólica para producir ideología creíble.
Seguirle llamando a ese engendro conservador y autoritario “pacto social revolucionario” es una ofrenda muy costosa a la construcciónanticapitalista en el futuro. No se puede derivar una alternativa política socialista de lo que nunca lo fue. Seguir creyéndolo es continuar embargando la propia credibilidad socialista, hundiéndola en el cieno del autoritarismo caudillista, de la ineficiencia y de la mediocridad.
El segundo aspecto es más sencillo. La ruina del llamado pacto social revolucionario se debe a muchos factores: la movilidad social, la emergencia de nuevas generaciones, los contactos con la diáspora (fuera o dentro de Cuba), la inevitable ruptura del monopolio informativo, etc. Pero sobre todo porque con el proceso de recuperación económica de los 90 entró al escenario cubano un nuevo mecanismo de asignación de recursos y valores —el mercado— que al mismo tiempo devino vector muy distinguido de las nuevas modalidades de movilidad social. Si es así, entonces la diversidad que tiene que ser asumida por el pluralismo que decididamente proponen los comentaristas, no puede ser simplemente un accesorio consultivo del mismo aparato monocéntrico que hoy existe, sino que tiene que ser un principio de ordenamiento de todo el sistema político y del Estado. En otras palabras, no basta con recordar que hay negros y blancos, jóvenes y viejos, mujeres y hombres. Sino también que hay demo y socialcristianos, socialistas de varias pintas, liberales y otras muchas feligresías políticas, todas con derecho a competir por el apoyo ciudadano a sus programas y eventualmente a ser gobierno.
Yo no sé que tienen en mente exactamente las personas que dirigen Espacio Laical. Pero sí sé que si Espacio Laical publicara algo así, en ese mismo momento terminaría su franquicia. Y si esto sucede yo lamentaría mucho la pérdida de tan valioso espacio de discusión sobre un futuro mejor para la Isla. Pero más allá de este dilema, creo que en momentos en que el Estado Cubano le indica a la gente común que tiene que resolver sus problemas vitales en el mercado y en que sus servicios sociales se deterioran, no es posible mantener el principio del autoritarismo postrevolucionario: la renuncia a los derechos civiles y políticos a cambio de seguridad y protección social. Creo que también hay un dilema ético en callar cuando se organiza un congreso del partido donde se prohíbe cualquier discusión de cambio político como garantía de una paz social imprescindible para la restauración capitalista liderada por los militares, la tecnocracia y el clan Castro.
Y finalmente una breve digresión sobre una afirmación sorprendente en un analista tan agudo como López Levy. La cercanía de Estados Unidos a Cuba —La Habana es la capital latinoamericana más cerca del territorio americano— es siempre un asunto delicado para Cuba, lleno de oportunidades pero también de riesgos. Pero no es posible continuar hablando de la apertura política cubana pidiendo excusas al espantajo de la hipotética agresión norteamericana. Esa agresión ya no es parte de la agenda de nadie. Ni siquiera de los grupos más atrasados y revanchistas que han optado por esperar a la debacle pacífica. Y aun si yo fuera demasiado categórico en mi afirmación, estaríamos de acuerdo que existen muchas maneras de prevenir una injerencia sin tener que echar mano a la represión, la cárcel o el destierro de los que efectivamente piensan diferente. Eso lo saben los dirigentes cubanos, que históricamente se han dado la mano con los sectores más intransigentes del espectro político americano boicoteando cuanto proyecto de acercamiento ha existido. Y que han utilizado cuanto bochinche político ha sido posible —Elián, los Cinco Héroes, etc.— para mantener la calistenia nacionalista como recurso político de consenso.
De ahí la inconsistencia de la propuesta que hace López Levy, poco compasiva con su sólida preparación intelectual y con su filiación ideológica: una liberalización del sistema político. Es decir algunos retoques. Un sistema liberalizado ampliaría las libertades y permitiría a la gente opinar y eventualmente decir lo que piensen. Creo que el problema de Cuba es otro, es la democratización radical del sistema político, que, por supuesto, garantizará a la gente opinar lo que gusten, pero sobre todo permitirá que esas opiniones impacten en las decisiones y puedan ser tomadas en cuenta. Esa debe ser la base de la República del futuro cubano. Una en la que cada derecho ciudadano —social, político o civil— sea un deber de los poderes públicos constituidos democráticamente, transparentes y sujetos a la auditoria social.
Me temo que no hay aspecto más crucial para una agenda política de izquierda en Cuba que esa democratización. Sin ella, nada vale la pena. © cubaencuentro.com

Contrarréplica sobre los comentarios

http://www.desdecuba.com/sin_evasion/?p=1273
abril 11, 2011 at 16:28 · Clasificados en Sin Evasión
Como conocen mis lectores más asiduos, es mi norma común no participar directamente en los comentarios; mi escaso acceso a la Internet no me permite tanta interactividad. Prefiero volver sobre los debates posteando, después de leer cuidadosamente cada comentario off line, utilizando el método de contrarréplica pública, siempre que considere necesario aclarar algunos aspectos que no deben quedar sin respuesta a fin de evitar malos entendidos futuros.
En días pasados me permití comentar un artículo del opositor Darsi Ferrer que, como es habitual cuando de este tema se trata, ha despertado en algunos lectores ciertas consideraciones que sería útil ventilar aquí, en el espacio en que fueron vertidas. Para esto, como es también habitual, pongo sobre la mesa mis cartas: no creo haber ofendido a Darsi Ferrer; utilicé el espacio virtual y no la comunicación personal, de la misma manera en que él utilizó esa misma vía para publicar su artículo donde, por demás, menciona mi nombre, lo que me autoriza más aun la réplica; en mi condición de periodista ciudadana me permito el derecho de cuestionarme cualquier programa, postura u opinión, venga de quien venga –sea del gobierno, de la oposición, de un periodista nacional o foráneo o de otro bloguero–, con la misma honestidad con que expongo a la luz pública mis opiniones con la intención de que sean cuestionadas. No entiendo cómo algunos consideran esto “un ataque”, una “batallita” u otra cosa similar. Es decir, ¿hasta cuándo vamos a estar evitando la transparencia y el debate en aras de una mal entendida y peor interpretada “unidad”? Si a un opositor, sea éste cualquiera que fuere, le resulta dañino el cuestionamiento de sus opiniones, muy frágil sería su liderazgo (si lo tuviera) o su prestigio. ¿Es que nos estamos proponiendo la perpetuación del secretismo y las conjuras, a imagen y semejanza de los métodos del régimen que tanto y tantos rechazamos? No obstante, me consta que el autor del artículo de referencia se ha encontrado ocasionalmente con blogueros a los cuales nunca les expuso tales puntos de vista, y lo respeto: esa fue su elección.
Sin embargo, no me resulta preocupante la discrepancia de algunos lectores –que a fin de cuentas no somos un coro de iglesia– sino algunos otros desatinos conceptuales que evidencian la poca noción que tienen algunos sobre la naturaleza del fenómeno blogger alternativo cubano, por ejemplo, cuando dicen que el error de los opositores es “no haberse servido de la blogósfera”. Nunca me cansaré de repetir que como blogger me resisto a subordinarme a nadie, que la esencia del blogger es la independencia total y que no soy portavoz de partidos o individuos, lo que hace imposible “servirse” a voluntad de mi actividad periodística. No tengo ningún interés en “trabajar coordinadamente” con ninguno de los grupos opositores que conozco, lo que no ha ofendido en lo más mínimo a algunos amigos que hace años trabajan desde la oposición en distintos grupos. En no pocas ocasiones han sometido a mi opinión algunas de sus propuestas y, respetuosamente, les he expresado mis criterios en privado: no divulgo programas políticos de ningún tipo ni me sentaré con ninguno a elaborar “una plataforma común”; esa no es mi misión. ¡Ah!, y no se sorprendan si llega el día en que exista esa famosa plataforma y también me la cuestione, como ciudadana libre que soy. Por otra parte, insisto, nada impide que los opositores se abran su propio blog, como ya han hecho algunos.
Hay quien dice que cuando respondo a lo que plantea Darsi me “desvío del objetivo principal” (no sé cuál es ese objetivo; de hecho, ignoraba que alguien me atribuyera “objetivos” que yo misma nunca he enunciado). Ese mismo lector considera que si no existen objetivos –asumo que se refiere al particular, supremo y sagrado objetivo de “derrocar al gobierno”– entonces “se escribe por escribir”, como si la libertad de expresión fuera legítima solo cuando criticamos a la dictadura cubana, y la opinión ciudadana tuviera que orquestar un concierto sometido a los intereses de la oposición. No me siento autorizada para hablar en nombre de la blogósfera, habida cuenta de que no somos un bloque homogéneo, pero por lo que a mí respecta no acepto el simplismo que supone la manida frase “están luchando por lo mismo”. Es una visión falseada de la realidad. Aunque la aspiración a una Cuba democrática sea el sueño compartido de muchos cubanos, más allá de los que están en la disidencia activa de cualquier denominación, no somos iguales, no nos proyectamos de la misma manera, ni “luchamos” exactamente “por lo mismo”. Y ahora digo una vez más: ¡bendita sea la diversidad!
Otro lector afirma con acierto que “todo es político”. Yo comparto ese criterio, porque cada acción de los hombres en sociedad para la búsqueda de soluciones es un ejercicio político. Ahora bien, una cosa es tener criterios políticos y otra, bien distinta, es militar en una organización política. Sobre todo en el caso cubano, plagado de indefiniciones y conflictos de todo tipo de los que no escapan algunos grupos opositores; y donde la falta de cultura cívica y política es un mal endémico a nivel social. En ese particular, la blogósfera quizás se relaciona más con la función de establecer puentes entre diferentes grupos de opinión y entre variados sectores de la sociedad, que en el ejercicio político propiamente dicho con sus correspondientes compromisos ideológicos. Algunos blogueros, con nuestros errores y aciertos, pretendemos desde la práctica de la ciudadanía virtual, ayudar a impulsar el nacimiento del ciudadano real. Es una tarea de larga data, no de la inmediatez; es un destino cívico, no ideológico. Un grupo político suele decir: “piensen en mí como solución”; en tanto un blogger de opinión prefiere decir sencillamente: “pensemos”. Tal como yo lo veo, eso puede resultar útil a los políticos si éstos son realmente honestos; a fin de cuentas la política es una profesión DE SERVICIO AL CIUDADANO, por tanto, el político se debe subordinar a él, y no a la inversa. En este caso, la ciudadana soy yo y los opositores son los políticos, ¿cuál es el sacrilegio?
No falta la paranoia del fantasma de la Seguridad del Estado. La verdad es que a mí me importa poco lo que opine el G-2 sobre algún diferendo de criterios entre sectores disidentes. Es más, que discrepemos pública y respetuosamente es una práctica que nos distancia mucho de las frecuentes intrigas enmascaradas entre personajes y grupos de la nomenklatura, a las que están tan acostumbrados los agentes de la SE. Lo que es su debilidad sería nuestra fortaleza. Me encantaría que en sus “cuarteles” se notara esa diferencia entre sus métodos y los nuestros. Por otra parte, la supuesta “zanja” entre Darsi y yo solo existe en la mente de algunos lectores demasiado imaginativos. No dudaría un momento en defender los derechos de Darsi, como de cualquier otro disidente o cubano de a pie; y asumo convencida que él haría lo mismo por mí.
Creo importante aclarar también a un lector que dice que el espacio virtual permite ocultar la verdadera identidad de los que escriben. Eso es cierto, pero casi la absoluta totalidad de los bloggers alternativos cubanos usan su propio nombre. Quizás le sorprenda saber que algunos cubanos que han firmado reclamos de la oposición han rehusado poner su número de identidad, y muchísimo menos se atreverían a legitimar esa firma ante notario, como exige la ley para validar cada documento. Conozco varios firmantes de proyectos opositores que también en 2002 firmaron el carácter irrevocable del socialismo en la Constitución de los Castro. No es una crítica que les hago: son fenómenos propios de los países regidos por dictaduras; solo lo menciono para señalar que el disimulo social no es una característica inherente al espacio virtual, sino a toda la sociedad cubana en su conjunto, fruto de la naturaleza despótica de este régimen. Tampoco escribir en la red nos pone a salvo de la represión: los censores y sus esbirros saben quiénes somos y dónde vivimos, ergo, estamos tan expuestos como los opositores.
Por último, algún lector refiere una frase de Martí a propósito de que el ejercicio de la crítica debe realizarse “frente a frente”. El grave problema de descontextualizar a Martí es que generalmente olvidamos que su titánica labor política y patriótica –de asombrosa vigencia en muchos aspectos- tuvo lugar en el siglo XIX. Sus principios son encomiables y su ejemplo, magnífico; pero estoy convencida que si Martí hubiese tenido a su alcance una herramienta tan útil como la Internet, no hubiese dudado en utilizarla también para ejercer su aguda (y muchas veces punzante) crítica. Ese es el beneficio de la tecnología que hoy está a nuestro alcance. Así pues, amigos, perdonen si padezco la manía de la opinión; tengo una mirada crítica y prefiero ofrecer mis puntos de vista antes que callarlos. No me alcanzaría la vida para ir de puerta en puerta diciendo a cada quien lo que creo, por eso tengo un blog. No olvidar en este caso que tampoco a mi puerta tocó nadie, ni fui yo quien lanzó la primera “piedra”. Estoy en paz; no hay agravios.

jueves, 14 de abril de 2011

Universidad para todos e Internet también

La Habana, Cuba, abril de 2011
Carretera de San Pedro.
Joisy García Martínez.

En un articulo de Philip N. Howard, escrito para el periódico electrónico "Más que elecciones", titulado “El efecto perdurable de los medios digitales en la sociedad civil”, el autor nos da una clase lúcida sobre sociedad civil. Como es conocido por los que vimos- no hace poco- la video-conferencia del agente de la Seguridad del Estado cubana, ellos mismos reconocen, lo que le hicieron al concepto de sociedad civil en Cuba, por lo que me he trazado la tarea de tratar de poner mi granito de arena y apoyándome en este artículo educarnos todos.

En el artículo comienza expresándonos que los medios digitales y las redes sociales proporcionan herramientas de comunicación y de movilización a los ciudadanos e instituciones de la sociedad civil. Son, además, provisores de espacios en los que cada persona puede dar su opinión o expresar su disensión, de manera que refuerzan las tendencias hacia la democracia política.

Las nuevas tecnologías de información han reconfigurado profundamente la cultura política. La sociedad civil del siglo XXI depende de la red Internet y de otros medios de comunicación que les aportan infraestructura, así como un “refugio seguro” digital en el que puede iniciarse la conversación cívica. Todo ello se observa, en particular, en los países en los que los medios escritos y de difusión masiva están sujetos a una estricta censura. En fin, que la tecnología ha logrado potenciar nuevos e importantes medios de comunicación política, y crear el clima propicio para la acción y la expresión democrática de los ciudadanos.

La sociedad civil suele definirse como una comunidad creada de forma espontánea y económicamente independiente, que reúne a personas en torno a un sistema de valores y que voluntariamente organiza actividades políticas, económicas o culturales con independencia del Estado. Los grupos de la sociedad civil vienen en todos los tamaños, desde Amnistía Internacional y las ligas de boliche de Estados Unidos, hasta las comunidades en línea de todo el mundo.

Estos grupos cívicos cobran particular importancia durante la temporada electoral porque representan toda la diversidad de puntos de vista que ampliamente se difunden a través de los medios de comunicación. La amplia gama de opiniones expresadas garantiza a los ciudadanos de una democracia que ningún grupo pueda proclamarse como único representante de toda la sociedad. Es más bien la pluralidad de grupos la que contribuye a la definición de los objetivos nacionales y a la elaboración de las normas de política.

La creación de comunidades virtuales

Los grupos de la sociedad civil utilizan la Internet como herramienta de la logística para la organización y la comunicación. La Web es una infraestructura de la información, que además de ser independiente del Estado, es también donde prosperan los movimientos sociales. Tal fue el caso de los ciudadanos tunecinos que se organizaron para hacer seguimiento de la corrupción en el gobierno, y difundieron por YouTube unas imágenes de la esposa de su presidente cuando hacía uso del avión oficial para ir de compras a Milán y a París. Es así como la Internet ha alterado la dinámica de la comunicación política en muchos países donde el ciberespacio es el foro desde donde la sociedad civil lanza un desafío al Estado. En algunas naciones, es el espacio donde el secularismo compite con el islamismo; en otras, es foro de debate político entre las diversas afiliaciones.

Una vez celebradas las elecciones, las comunidades virtuales bien establecidas se mantienen casi siempre independientes del control del Estado, si bien éste puede hacer seguimiento de ellas e incluso manipularlas. Aunque las élites políticas han creado algunas comunidades virtuales en un intento por controlar la conversación en línea, no siempre han tenido éxito. En países tales como Australia, Canadá, Estados Unidos y Reino Unido, estos movimientos reciben el nombre de “Astroturf” porque son artificiales, no tienen arraigo y tienden a desaparecer una vez concluida la jornada electoral.

Lo que sí permanecen son los vínculos más genuinos que se forjan entre los grupos cívicos de una nación, y entre las organizaciones internacionales no gubernamentales y otras asociaciones en el país con ideas similares. Estas comunidades virtuales tienen mayor auge en países en los que el Estado y las élites sociales mantienen una vigilancia estrecha sobre las comunidades en línea. En naciones donde se reprime la expresión libre de la oposición, el ciberespacio aparece como sustituto del foro de debate. Incluso los tablones de expresión en línea y los salones de chateo dedicados a la compra de relojes de marca se convierten en portales en los que se practica la libre expresión, y la defensa de este derecho toma el lugar de la pieza de relojería
como tema de conversación. La red Internet posibilita que los movimientos de oposición establecidos fuera de un país con un régimen autoritario accedan como partícipes al sistema de comunicación política. De modo que la consecuencia de la prohibición de los partidos políticos es, sencillamente, que la organización de la oposición política formal se hace en línea y fuera del país. A ello se suma que los líderes de la sociedad civil ahora recurren a otras formas de organización que también les brinda la tecnología de las redes informáticas.

Propiciando la participación ciudadana

Malasia, Indonesia y Turquía celebraron hace poco elecciones y, según la mayoría de los observadores, se condujeron a buen término. Los medios digitales desempeñaron una función en las campañas políticas y la democracia parece haberse fortalecido por ello. A pesar de sus diversas trayectorias históricas, en cada uno de los tres países la cultura política ha adoptado características similares:

• Los ciudadanos amplían el contenido internacional de su oferta de noticias.
• Las familias y amigos se comunican por redes como Twitter, Facebook y Orkut que son independientes del control directo del Estado
• Aparecen nuevos actores de la sociedad civil en línea, a pesar de la opresión del
Estado en el país.
• Las mujeres participan en la conversación que discurre en el ciberespacio cuando no
siempre les es posible hacerlo en el espacio “real”.

La política de identidad se difunde por los medios digitales y, en particular, por los grupos de jóvenes del entorno urbano con conocimientos sobre las nuevas tecnologías. Desde palestinos, griegos, armenios y hasta hmong, los jóvenes usuarios de la Internet se mantienen al tanto de la cultura y la política de la diáspora. Estas nuevas formas de comunicación política contribuyeron a unas campañas políticas en su mayoría positivas. Aun los partidos islamistas más duros tuvieron que templar su mensaje y emplear nuevas tecnologías de la información para atraer y motivar a electores.

Por otra parte, las bitácoras electrónicas (blogs), el Twitter o el YouTube no son los causantes de la inestabilidad social. No obstante, hoy día es difícil imaginar el logro de la organización de un movimiento social o de la participación de los ciudadanos sin ellos, aun tratándose de países como Irán y Egipto. Muchos ciudadanos de estos países carecen de acceso a la Internet o de un teléfono móvil, pero los que sí los tienen —los residentes de zonas urbanas, las élites educadas y los jóvenes— son, precisamente, el segmento de la población que posibilita el cambio de régimen o da apoyo tácito al resultado de la votación. Estos son los ciudadanos que apoyan o rechazan un régimen autoritario, y sus contactos con familiares y amigos han cambiado notablemente con la difusión de las nuevas tecnologías de comunicación.

Cuando una elección concluye, permanecen vigentes nuevos hábitos mediáticos. Las elecciones ahora se han convertido en momentos susceptibles a la experimentación con las tecnologías digitales por los líderes estudiantiles, periodistas y grupos de la sociedad civil. Aun cuando los candidatos de su preferencia no hayan sido elegidos, el proceso de experimentación cobra importancia porque, a través del uso de los medios digitales, los ciudadanos erigen una infraestructura de información bastante independiente del Estado. Los medios digitales dejan a su paso una huella en la sociedad civil que no se borra después de las elecciones. Por ejemplo, la Internet hace posible que los jóvenes aprendan sobre la vida en países donde la fe religiosa y
la libertad individual coexisten. Con el paso del tiempo, más ciudadanos aprenden a utilizar la Internet, mejoran su capacidad de hacer búsquedas y se hacen más conocedores de la forma de obtener, evaluar y utilizar la información.

El fortalecimiento de la sociedad civil

Los expertos aciertan al decir que la Internet también se utiliza para apoyar las redes terroristas. Según observan ellos, la censura de los nuevos medios de información, es un intento de algunas clases dirigentes de apropiarse de los medios más avanzados para así ejercer un mayor control social. Pero, hay otra intención tras lo que a veces se ha denominado “e-yihad”, “terrorismo en línea”, “guerra cibernética” y “fatuas digital”, pues con toda probabilidad, y pasado el tiempo, la influencia de los medios sociales de información en el fortalecimiento de la sociedad civil será su contribución más perdurable a la cultura política.

Durante momentos de susceptibilidad política como son las elecciones o las crisis militares, las herramientas como el teléfono móvil y la Internet contribuyen a una mejor comunicación política de tres maneras, a saber:

• Los usuarios de la tecnología actúan con inusual y extremada confianza y sentido de reciprocidad en tiempos de crisis. Comparten imágenes, se ayudan entre ellos para no perder el contacto con familiares y amigos, y a otros en el exterior mediante la provisión de información sobre el terreno.
• Los grupos de la sociedad civil a menudo copian de otros las estrategias de campaña que utilizan medios digitales. Ello se debe en parte a que los activistas de la democracia viajan de un país a otro, y ayudan a grupos locales durante las elecciones. Sin embargo, las elecciones son también una oportunidad para que los grupos aprendan unos de otros sobre estrategias para presentar sus ideas al público.
• Las elecciones presentan una oportunidad para debatir todo tipo de asuntos de interés público, y uno de ellos es la función de las nuevas tecnologías de comunicación. Las cuestiones de la tecnología —tales como la asignación del espectro de frecuencias, la censura por el gobierno y el acceso a medios digitales— se convierten en temas de discusión. El público puede insistir en que los candidatos políticos expongan sus planes para promover el uso de la tecnología y cerrar la brecha digital entre los que tienen y no tienen acceso a la tecnología.

Los modelos estadísticos sobre la reciente elección de legisladores en Malasia revelan que los contendientes que utilizaron bitácoras tenían mayor probabilidad de derrotar a los titulares de cargos. Y los candidatos del partido de oposición tenían más probabilidad de derrotar a sus homólogos en el gobierno que no hacían uso de ellas.

Hoy día, resulta difícil a un candidato político dar la impresión de ser “moderno” si su estrategia no está basada en una campaña digital. La infraestructura de la información es una cuestión de política. En muchas naciones es también más participativa que su cultura tradicional política. Como consecuencia de ello, la política basada en la nueva tecnología democratiza las antiguas
convenciones de las élites. Cada vez que un ciudadano graba una violación de derechos humanos con su teléfono móvil, usa una hoja de cálculo computarizada para hacer seguimiento de los desembolsos del Estado, o difunde información sobre la corrupción de funcionarios de gobierno, se fortalece la sociedad civil y se asesta un golpe a favor de la democracia. De esta manera, la huella más profunda de los medios digitales es que crea el clima propicio para el consumo y la producción de material de contenido político.

Philip N. Howard es profesor adjunto en el Departamento de Comunicaciones de la Universidad
de Washington, en Seattle, estado de Washington, y profesor asociado en la Facultad Jackson de Estudios Internacionales, en la misma universidad. Es también autor de New Media Campaigns and the Managed Citizen (2006) (Campañas con los nuevos medios informativos) y su obra más reciente, The Digital Origins of Dictatorship and Democracy (El origen digital de la dictadura y la democracia), que será publicada este año por la Oxford University Press.

No se si Philip N. Howard pensaba en mi país cuando escribió este artículo, pero lo disfruté y quiero agradecerlo, muchas gracias.

Antonio Velázquez de la Cruz y Leonela Pérez Osoria no están solos.

La Habana, Cuba, abril de 2011
Carretera de San Pedro.
Joisy García Martínez.

Hace solamente unos días el expresidente Fidel Castro en una conferencia con intelectuales calificó a los funcionarios públicos como “las criaturas mas autosuficientes e incapaces que han existido nunca” y culminó esa excelente frase identificándolos como “nosotros, los políticos”

Hoy leo en Internet un abuso de autoridad, y me niego a callar, se trata de un matrimonio de profesionales que espera hace 4 años la reunificación con su hijo que vive en Las Tunas. Quizás yo solo no pueda hacer nada al respecto, sin embargo puedo exponer esta injusticia en este blog y preguntar a todos los que marcharon por la reunificación del niño Elián González con su familia, si, ¿existen separaciones buenas y separaciones malas? ¿Por qué si existen leyes absurdas, mordazas que dividen a las familias cubanas, no marchamos pacíficamente para exigir al gobierno la libre entrada y salida del país de todos los ciudadanos cubanos?, ¿por qué no pedimos que tengan prioridad las reunificaciones familiares y no los destierros políticos?.

Pienso que si exigiéramos esto juntos, estaríamos haciendo un acto cívico sin precedentes y verdaderamente revolucionario.

Y aquí dejo el llamado desesperado de una familia de exiliados cubanos, que como bien dice Reinaldo Taladrid en el educativo programa Pasaje a lo desconocido, saquen ustedes sus propias conclusiones.


Cuba
ANTONIO VELÁZQUEZ DE LA CRUZ Y LEONELA PÉREZ OSORIA - Aventura, Florida, EE UU - 01/04/2011
http://www.elpais.com/articulo/opinion/Cuba/elpepiopi/20110401elpepiopi_10/Tes
Somos un matrimonio de médicos cubanos, Antonio y Leonela, que crecimos en un país que se vanagloria de luchar por el bienestar de la gente y sobre todo de los niños. Nunca imaginamos que el castigo que recibiríamos por tomar la determinación de emigrar a Estados Unidos a finales de 2007 en busca de un mejor futuro para nosotros y nuestro hijo fuera que el niño quedara retenido o, mejor dicho, secuestrado durante casi cuatro años en contra de su voluntad y el derecho legítimo de estar con sus padres.

Él está en Cuba, al cuidado de sus abuelos maternos, aunque recibió inmediatamente una visa humanitaria para la reunificación familiar a principios de 2008. Pero el Gobierno cubano se niega a dar el permiso de salida o carta blanca por el simple hecho de considerarnos a nosotros médicos desertores, como le reiteran a nuestro hijo y a la familia cuando acuden a las oficinas de emigración en la ciudad de Las Tunas.

¡Qué pena que en Cuba no haya un sistema de justicia independiente! Que pase como con el niño Elián Gonzáles, que por una orden judicial fue sacado a la fuerza de Estados Unidos y devuelto a su padre en Cuba. El régimen cubano no ha construido la sociedad justa que ellos pretenden mostrar al mundo. Nuestro pueblo está bajo la tortura psicológica más grande vista en la historia por un régimen comunista de casi 50 años, en el que por disentir y exigir derechos humanos universales las personas son castigadas a condenas severas, como el colega Óscar Elías Bicet, y como Orlando Zapata Tamayo, que dio hasta su vida en esa lucha. Solo nos queda dar a conocer al mundo estas injusticias.

martes, 5 de abril de 2011

Lo que suponemos sea “La cosa pública”.

La Habana, abril de 2011
Carretera de San Pedro
Joisy García Martínez.

Las diferencias de opinión nunca deben significar hostilidad. Si así fuera, mi mujer y yo hubiéramos sido enemigos irreconciliables. No conozco, en el mundo, dos personas que no sostengan opiniones distintas, y como yo soy adepto del Gita siempre me he propuesto tratar a todos aquellos que difieren de mí con el mismo afecto que siento por los más próximos y queridos.
Mahatma Gandi.

Como es conocido por los lectores de este blog, desde junio del 2010 he estado apoyando el proyecto participativo “La Voz del Barrio” cuyo propósito es viabilizar las inquietudes de nuestra comunidad a través de los mecanismos establecidos por el denominado Poder Popular y de esta forma servir de voz a los que por miedo o indolencia no aprovechan los escasos resquicios jurídicos que las leyes nos permiten, para oír nuestras opiniones, quejas y sugerencias.

El pasado viernes 1ro de abril recibí en mi casa una citación algo extraña y que por su incoherencia me despertó la total curiosidad, se trata de un mandato oficial del Ministerio del Interior, que ante amenaza de multa o acusación por denegación de auxilio, me exigía que me presentara ante el presidente del Gobierno de Punta Brava el sábado a las 9am, supuestamente para respuestas a mis solicitudes, no entendía nada y me preguntaba ¿quién se subordina a quién?, ¿qué tiene que ver el Minint con solicitudes ciudadanas? Todo un enigma para mí.

Teniendo conocimiento, de que hace pocos días fue citado verbalmente para el consejo de P. Brava un integrante del proyecto participativo “La Voz del Barrio” temí fuera un interrogatorio o un linchamiento moral con la complicidad de la policía política y Rigoberto, Jefe del Consejo Popular en la localidad.
.
La conversación comenzó algo tensa por la forma de convocatoria, se encontraba allí además un señor llamado José, representante de comunales, y le pedí al Jefe del Consejo que por favor si el carácter de la próxima citación era para conversar con él sobre asuntos de la comunidad, pues lo efectuara de otra forma y no de la forma policíaca en que se desarrolló esta. Allí me presenté de forma voluntaria y para -como decía la citación-, recibir respuesta a solicitudes ciudadanas.

En la inesperada y pequeña rendición de cuentas se trataron algunos temas elevados por los voceros del barrio en la localidad, el Estadio de pelota (solución a medias); los precios en el autónomo y secretísimo Liceo privado de P. Brava (sin solución momentánea); escasez de agua, argumenta el  jefe del consejo que existen fondos para garantizar su transporte en camiones cisterna (está por ver); los reducidos espacios culturales (ampliando su gama a ritmo de recursos, esgrime el delegado); la recogida de basura (mejora a ritmo lento y no autorizan por falta de presupuesto su recogida con transportes tirados por caballos), en este punto el jefe de comunales José, argumenta la indisciplina ciudadana y su incultura cívica. Coincido con lo que expone. Correos electrónicos en el joven club de computación, objeta que se estudia y se darán pasos significativos con la llegada a Cuba del cable submarino desde Venezuela (para cuándo, no me miente o ganan tiempo? ).Entre otros temas.

Sin desaprovechar este momento de increíble comunicación, tratamos otras cuestiones comunitarias, el olvidado, deteriorado e inutilizado cine, la contaminación del río de P. Brava, el mal servicio del transporte, la construcción de un estadio de fútbol y el equipo de la localidad, la peña de los abuelos, la apertura de una biblioteca y los carteles que pusieron en la cerca periférica de una de las fincas del expresidente Fidel Castro, Silvio Benítez y su libertad de expresión (carteles), entre otros.

Al terminar me sorprende con la insistencia, de que le diera por escrito mi valoración sobre los puntos platicados, sospecho que es para tener mi caligrafía y compararla con lo escrito en la finca del caudillo, no lo pienso dos veces, no tengo nada que esconder y creo firmemente en la libertad de expresión, lo complazco y me marcho con la satisfacción de por lo menos haber sido escuchado, sin amenazas, sin maltratos psicológicos, sin hipocresías  y que pude expresarme hoy con libertad y respeto, aunque solamente hayan sido temas comunitarios.