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martes, 4 de octubre de 2011

Tito, el refugiado político.

La Habana, Cuba, septiembre de 2011
Joisy García Martínez.

Brincando de la alegría hace un año y medio atrás, Tito, me comunicaba que en la Embajada de los Estados Unidos, la oficina de refugiados políticos le había otorgado la visa, que al fin saldría del infierno en que se había convertido su vida familiar por los constantes despidos y las persecuciones del Comité de Defensa de la Revolución (CDR) en complicidad con las del jefe del sector de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) en su barrio.

Cuando en ocasiones nos veíamos, entre sus consejos cómplices y susurrares, recuerdo uno en el cual me sugería que cuando escribiera algún criterio (duro) contra persona o institución, con cierto temor dejara pasar un tiempo, metido debajo de la cama, yo sonreía y le decía: “Tito, tú crees que una cama es suficiente refugio para un hombre, él volvía y me decía: tú tírales la piedra y de nuevo pá abajo de la cama”.

Jamás perteneció a un grupo defensor de los derechos humanos en la isla, nunca se unió a un partido político o a un simple movimiento disidente a las políticas del régimen. Sus manifestaciones de desencanto e indignación no pasaron de simples cuchicheos hogareños y ¡cuidado! que cuando se encolerizaba mucho con alguna medida tomada por el gobierno, le daba un cantazo al perro y un grito a la mujer.

En más de una ocasión se llenó de valor y recurrió a la ya tradicional forma de desencanto nacional, mas no tuvieron suerte los modernos descendientes de Cristóbal Colón, a las dos millas zozobró el motor de la rústica embarcación, y todos al unísono remaron nuevamente contrario a lo deseado.

Hoy lo veo pasar muy cerca de mí en un auto lujoso, de los que le alquilan al turismo, no veo paranoia en su comportamiento y el barrio completo comenta lo bien que se ven todos en la familia, no parece el mismo, ya Tito no se come las uñas. Me acongoja que no haya pasado por casa a darme un abrazo y uno o dos de los consejos que solía darme, o tan siquiera a contarme de las nuevas experiencias adquiridas en el firme continente, pero lo entiendo muy bien, al fin de cuentas el es un refugiado político.

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